El legado del matemático Pedro Puig Adam

La Mirada del Lector

Ingeniero y pedagogo, fue una de las figuras más influyentes de la educación matemática en España

Retrato del matemático Pedro Puig Adam.

Retrato del matemático Pedro Puig Adam.

Dominio Público / Wikipedia

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Pedro Puig Adam nació en Barcelona el 12 de mayo de 1900 y murió en Madrid el 12 de enero de 1960. Fue un matemático, ingeniero y pedagogo español considerado una de las figuras más influyentes de la educación matemática del siglo XX en España. Estudió Ingeniería Industrial y Ciencias Exactas en su ciudad natal, donde ya destacó por su brillantez académica, y posteriormente se trasladó a Madrid para completar su formación doctoral en Matemáticas. 

Desde muy joven mostró una combinación poco frecuente de talento científico y vocación docente que marcaría toda su trayectoria profesional, orientada tanto a la investigación como a la renovación pedagógica. 

Su tesis doctoral, leída en 1921, llevó por título Resolución de algunos problemas elementales en mecánica relativista restringida, trabajo con el que obtuvo premio extraordinario y que reflejaba ya su rigor intelectual y su modestia, pues el calificativo “elementales” no hacía justicia a la complejidad real de los problemas abordados.

Desde muy joven mostró una combinación poco frecuente de talento científico y vocación docente

Durante su juventud cursó el bachillerato con premio extraordinario en ciencias, aprendió idiomas como francés y alemán, estudió piano y se formó simultáneamente como ingeniero industrial, una muestra temprana de su carácter polifacético. 

Tras doctorarse, trabajó como profesor auxiliar de geometría y ejerció la docencia en diversas instituciones hasta que en 1926 obtuvo la cátedra de Matemáticas del Instituto San Isidro de Madrid, cargo que mantendría hasta el final de su vida. Allí despertó una profunda vocación por la didáctica, convencido de que las matemáticas debían enseñarse de manera comprensible e intuitiva para evitar que siguieran siendo, como él decía, “la tortura de los escolares del mundo entero”.

Su carrera no se limitó a la enseñanza secundaria; en 1934 comenzó a impartir Cálculo en la Escuela de Ingenieros Industriales de Madrid y con el tiempo se convirtió en profesor titular, además de ocupar cátedras relacionadas con metodología y didáctica en la universidad. 

A partir de 1928 inició una fructífera colaboración con el gran matemático Julio Rey Pastor, con quien publicó cerca de una treintena de obras destinadas a modernizar la enseñanza matemática en España. Esta asociación fue decisiva para su desarrollo intelectual y para la difusión de métodos pedagógicos innovadores basados en la comprensión, la intuición y la práctica.

A partir de 1928 inició una fructífera colaboración con el gran matemático Julio Rey Pastor, con quien publicó cerca de una treintena de obras

Puig Adam también tuvo un notable reconocimiento institucional: fue elegido miembro de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, ingresando con un discurso sobre Matemática y Cibernética y recibió condecoraciones como la Orden del Mérito Civil y la medalla de Alfonso X el Sabio. 

Además, participó en organismos internacionales dedicados a mejorar la educación matemática, lo que demuestra la proyección de su pensamiento más allá de España. Sin embargo, durante su vida sintió en ocasiones que su trabajo no obtenía el reconocimiento suficiente, especialmente en un contexto educativo con escasos recursos y clases masificadas, circunstancias que dificultaban aplicar plenamente sus ideas.

El matemática Julio Rey Pastor retratado por Alonso en la revista argentina Caras y Caretas (1917).

El matemática Julio Rey Pastor retratado por Alonso en la revista argentina Caras y Caretas (1917).

Dominio Público

Como profesor fue admirado por generaciones de estudiantes y llegó a enseñar incluso a figuras relevantes de la historia española, lo que refleja el prestigio del que gozaba en el ámbito académico. Sus conferencias y publicaciones internacionales ayudaron a difundir una visión más humana de las matemáticas, alejándolas de la mera memorización para acercarlas al razonamiento creativo. Su método heurístico, centrado en el descubrimiento guiado, despertó interés nacional e internacional y contribuyó a transformar la enseñanza secundaria.

Entre sus frases más recordadas se encuentra el consejo dirigido a sus alumnos: “Tended a ser un poco aprendices de todo, para vuestro bien y, al menos, maestros en algo, para bien de los demás”. 

Otra de sus reflexiones más citadas afirma: “La Geometría empezó siendo casi un juego y ha resultado andando el tiempo, el edificio racional más hermoso y perfecto que ha construido el pensamiento humano”. 

Ambas expresan su concepción de la educación como una búsqueda equilibrada entre curiosidad universal y excelencia especializada, así como su profunda admiración por la belleza estructural de las matemáticas.

Su método heurístico, centrado en el descubrimiento guiado, despertó interés nacional e internacional y contribuyó a transformar la enseñanza secundaria

Su producción bibliográfica fue extraordinaria y abarcó desde manuales escolares hasta tratados superiores y obras pedagógicas. Entre sus libros de texto fundamentales destacan Elementos de Aritmética intuitiva, Elementos de Geometría intuitiva, Lecciones de Aritmética y Geometría, Elementos de Geometría racional, Álgebra y Trigonometría, Curso de Geometría analítica, Curso teórico-práctico de Cálculo Integral y Curso teórico-práctico de ecuaciones diferenciales. También publicó Ampliación de matemáticas para el curso preuniversitario, aparecida el mismo año de su muerte. 

En el campo pedagógico sobresalen Decálogo de la Didáctica Matemática, Didáctica de la Matemática heurística, El material didáctico matemático y Las Matemáticas y su enseñanza actual

A estas obras se suman programas educativos como Matemáticas para Bachillerato. Plan 1938, Matemáticas. Plan 1957 y Metodología y Didáctica de la Matemática Elemental, entre otros títulos vinculados a la enseñanza.

Su objetivo central fue transformar la experiencia de aprendizaje matemático, defendiendo que la intuición y la comprensión debían ocupar un lugar prioritario en el aula. Gracias a esta visión, muchos de sus textos siguieron utilizándose durante décadas y sus teorías se convirtieron en base de métodos modernos de enseñanza. No solo fue un investigador competente, sino un auténtico reformador pedagógico que buscó adaptar el conocimiento científico a estudiantes de todos los niveles.

Defendió que la intuición y la comprensión debían ocupar un lugar prioritario en el aula

El final de su vida llegó en Madrid, donde falleció y fue sepultado en la Sacramental de San Isidro, dejando tras de sí una obra inmensa y una reputación que crecería con el paso del tiempo. Hoy se reconoce que sus aportaciones fueron decisivas para la evolución de la educación matemática, hasta el punto de que su figura es considerada una referencia obligada en la didáctica. 

Incluso el Día Escolar de las Matemáticas en España se celebra el 12 de mayo, coincidiendo con su nacimiento, prueba simbólica de la huella que dejó en la cultura educativa.

La conclusión de su legado resulta tan clara como inspiradora: Pedro Puig Adam no solo enseñó matemáticas, sino que enseñó a pensar. Supo ver que la ciencia carece de sentido si no se transmite con pasión y claridad, y entendió que cada alumno es un territorio por descubrir. 

Su vida demuestra que el verdadero progreso científico no depende únicamente de grandes teorías, sino también de grandes maestros capaces de despertar vocaciones. 

Por ello, más que un matemático brillante, fue un arquitecto del conocimiento, un humanista de la razón y un educador cuya influencia continúa viva; mientras haya un profesor que busque que sus alumnos comprendan en lugar de memorizar, el espíritu de Puig Adam seguirá trazando líneas invisibles en el vasto mapa del pensamiento humano.

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