Marina Trigos, matrona: “El parto puede transformar la confianza de una mujer para siempre. Podemos salir del parto reforzadas o profundamente heridas”
Maternidad y partos
La información clara, basada en evidencia y adaptada a cada mujer disminuye el miedo y aumenta la capacidad de decidir

Marina Trigos atendiendo un parto en una bañera de su centro

Cuando una mujer da a luz, la presencia de una matrona puede cambiarlo todo. No solo acompaña el cuerpo, sino también la emoción, los nervios y las decisiones que surgen en cada momento. Está ahí para escuchar, explicar y ayudar a que cada mujer se sienta dueña de su propio parto, con confianza y seguridad. Gracias a su acompañamiento, lo que podría ser solo un trámite médico se convierte en una experiencia transformadora, donde la mujer descubre fuerzas que no sabía que tenía y redefine su manera de mirarse a sí misma y de vivir la maternidad.
Marina Trigos es una matrona de 39 años con experiencia clínica en hospitales y en parto planificado en casa. Desde hace más de diez años se dedica a acompañar nacimientos desde una mirada que integra evidencia física y respeto por la fisiología. En una conversación con Guyana Guardian, ha reflexionado sobre la importancia de fortalecer la autonomía de las mujeres y humanizar la experiencia del nacimiento.

¿Recuerda el primer parto que le confirmó que quería dedicar tu vida a acompañar nacimientos?
En realidad no fue un parto. Fue la enfermedad de mi abuela. Durante su estancia en el hospital tuve una especie de epifanía: entendí que quería dedicar mi vida a cuidar. Pero también comprendí que, si iba a trabajar en un hospital, quería hacerlo en el lugar donde la vida comienza, no donde termina. La maternidad me pareció el espacio más luminoso dentro de ese entorno. Curiosamente, durante toda la carrera de enfermería no presencié ningún parto. Con el tiempo he pensado que quizá fue positivo no tener una primera experiencia marcada por la intervención, porque pude acercarme al parto desde otra mirada cuando me formé como matrona en Inglaterra.
Como matrona independiente, ¿qué cosas ofrece que a veces son más difíciles de obtener dentro de un entorno hospitalario?
Tiempo y continuidad. Poder mirar a una mujer a los ojos sin prisas y acompañar no solo la parte física, sino también la emocional. En el hospital existen protocolos necesarios, pero también ritmos institucionales que a veces limitan la individualización. Desde la práctica independiente puedo adaptar el acompañamiento a la fisiología real del parto y a la historia concreta de cada mujer. No es una cuestión de mejor o peor, sino de margen de maniobra.

Durante años se nos ha transmitido la idea de que el dolor del parto es insoportable y que ninguna mujer podría tolerarlo sin intervención
¿Existe una falta de información real durante el embarazo o estamos más informadas que nunca?
Nos encontramos ante una paradoja. Tenemos más acceso a información que nunca, pero no necesariamente estamos mejor informadas. En realidad, existe una desinformación general sobre la salud, y el embarazo no es una excepción. Como sociedad hemos perdido en gran parte la transmisión intergeneracional de saberes femeninos y muchas veces repetimos mitos o creencias sin base sólida. Durante el embarazo sigue habiendo una carencia importante de información veraz, comprensible y adaptada a cada mujer. No siempre es una cuestión de mala praxis, sino de falta de tiempo y de espacios adecuados para explicar con calma procesos que son complejos. La información técnica existe, pero no siempre se traduce a un lenguaje que permita comprender y decidir.
Ante ese vacío, muchas mujeres recurren a redes sociales y a internet para resolver dudas. Eso es comprensible, pero también puede conducir a un exceso de información desordenada que genera más confusión y ansiedad. La solución no es ofrecer más datos, sino mejor información: clara, basada en evidencia y contextualizada en la realidad de cada mujer. Cuando entendemos lo que ocurre en nuestro cuerpo, disminuye el miedo y aumenta la capacidad de decidir con serenidad.

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¿Se puede vivir el dolor del parto de una manera diferente a como nos lo han enseñado?
Por supuesto. El dolor fisiológico no es igual que el dolor patológico. En el parto cumple una función: guía, informa y moviliza. No es un error del cuerpo, es parte del proceso. Cuando el entorno es seguro y la mujer se siente acompañada, el cerebro libera sus propios analgésicos naturales que modulan la percepción del dolor. No significa que no duela, sino que puede vivirse con un significado distinto. Durante años se nos ha transmitido la idea de que el dolor del parto es insoportable y que ninguna mujer podría tolerarlo sin intervención. Y eso no es cierto. Es un dolor intenso, sí, pero cambia radicalmente cuando estamos a favor del proceso, cuando cuidamos el ambiente, respetamos los tiempos, elegimos bien quién nos acompaña y ofrecemos recursos de alivio que están ampliamente estudiados.
Existen herramientas eficaces más allá de la farmacología: el movimiento libre, el acompañamiento continuo, la respiración, el contacto, y también el uso de agua caliente. La bañera de partos, por ejemplo, es un recurso que me parece especialmente valioso porque favorece la relajación, disminuye la percepción del dolor y facilita la fisiología. Sin embargo, no está disponible de manera habitual en todos los entornos. No se trata de idealizar el dolor, sino de comprenderlo y ofrecer alternativas reales para transitarlo con mayor confianza y apoyo.
¿Qué cambia en una mujer cuando se siente escuchada y respetada durante su parto?
Cambia la narrativa que construye sobre sí misma. Cuando una mujer se siente escuchada y respetada, siente que tiene control sobre el proceso, incluso dentro de la incertidumbre propia del parto. Y esa percepción influye directamente en cómo interpreta su experiencia. No se trata de que todo haya salido exactamente como imaginaba, sino de haber participado, entendido y decidido. Eso transforma el recuerdo. Cuando han sentido que podían pedir lo que necesitaban durante el parto y que eran escuchadas, es más probable que también pidan ayuda después. Y eso reduce la soledad y el aislamiento que, por desgracia, todavía vemos en muchas madres. El respeto en el parto no es solo una cuestión ética; tiene consecuencias reales en el bienestar emocional posterior.
Si pudiera enviar un mensaje a todas las mujeres que están a punto de dar a luz, ¿cuál sería?
Que no olviden que su cuerpo no es un problema que resolver, sino un proceso que acompañar. Y que pedir información, preguntar y decidir no es rebeldía: es responsabilidad adulta. También les diría algo que suelo repetir mucho: parir mola. No como una burla ni como una simplificación, sino como una invitación a mirar el parto desde otro lugar. Puede ser una experiencia profundamente transformadora, incluso increíble, cuando se vive desde la consciencia y la elección. Animaría a cada mujer a darse la oportunidad de vivirlo eligiendo por sí misma, no desde la presión externa ni desde el miedo, sino desde el conocimiento y la conexión con lo que realmente necesita.

