
De ‘Polònia’ a Cuba
Cumple 20 años Polònia (TV3), programa de sátira política. La longevidad es una medida del éxito. Y en una televisión pública, con sus turnantes gobiernos por detrás. Y con elevadas cuotas de pantalla, esa forma inapelable de democracia. El 20.º aniversario lo ha celebrado Polònia con la emisión (el pasado jueves) de una brillantísima gala, grabada horas antes en un teatro barcelonés, con políticos caricaturizados entre el público, incluida Sílvia Orriols: Polònia no interpone cordones sanitarios al cachondeo. Sus autores se atienen a lo votado por los catalanes: todo político electo tiene ganado su derecho a ser despellejado como un títere más de Polònia . También Pedro Sánchez, que incluso se prestó a un sorpresivo cameo, ¡bravo! Le he preguntado a Toni Soler (titiritero mayor) en El món a RAC1 si ver a esos políticos aplaudir en la gala no le hizo pensar que debiera haber sido más ácido con ellos. “Es una duda pertinente”, admitió, que despejó rápido con esta certeza: “Hemos ido todo lo lejos que hemos querido, nunca dejamos de hacer lo que queremos”. Polònia merece ser celebrado como creación satírica... Y como barómetro de salud democrática. ¿Hay un programa así en Telemadrid, repartiendo a siniestra y diestra? No, ni en otras comunidades ni en muchísimos países (por desgracia). El mérito de Polònia es de la pericia creativa de sus autores, y también de la sociedad catalana, desde sus políticos a nosotros como votantes y telespectadores. El buen humor es termómetro infalible de cordialidad y convivencia, de buena salud social. Mientras haya Polònia , Catalunya y España irán bien.
Aplaudo la sátira de ‘Polònia’ porque el buen humor es termómetro de cordialidad, convivencia y buena salud social
FEDERICO. En el muelle de Caballería de La Habana, el 13 de junio de 1930, Federico clama, al embarcar en el transatlántico Manuel Arnús, rumbo a Cádiz: “¡Aquí he vivido los mejores días de mi vida!”. ¡Oh, Cuba! Fueron 98 días de vida auténtica, pura vida, coral en la tiniebla, brisa y alcohol, cornetas chinas y marimbas, arpa de troncos vivos, curva de suspiro y barro. Rescata la memoria de aquellos gozosos días cubanos la película Lorca en La Habana (Filmin), documental y lírica. Y volvió el poeta porque quiso (“¡hago falta en España!”, confió a los amigos cubanos que querían retenerle), se entregó en sacrificio a los españoles, que le apiolamos porque Federico era demasiado bueno para nosotros. – @amelanovela
