Sociedad

El cuerpo de San Francisco de Asís se muestra a los fieles por primera vez en 800 años 

Iniciativa polémica

 Los peregrinos podrán ver los huesos del santo a partir de hoy en una ostensión masiva que durará un mes y que divide a los fieles

.Dos sacerdotes, ante los restos de San Francisco, en la cripta de la basílica

.Dos sacerdotes, ante los restos de San Francisco, en la cripta de la basílica

Custodia Generale del Sacro Convento

En la basílica inferior hay una gran agitación. Se retiran los bancos de la misa, se instalan confesionarios, columnas electrónicas para reservar celebraciones. En la plaza se levanta una enorme carpa, una grúa coloca un cartel, los camiones de las retransmisiones televisivas buscan aparcamiento. Asís se prepara con emoción. “Una cosa así nunca ha sucedido en 800 años”, cuentan los frailes.

El ambiente es el de una cita histórica. Se conmemoran ocho siglos de la muerte de san Francisco. Los restos se expondrán a partir de este domingo, durante un mes, a todo aquel que lo haya solicitado en la web de la basílica. Las reservas vía web están prácticamente agotadas: 380.000 personas. 

Son ellos quienes dirigen el traslado de la urna desde la cripta hasta el altar del templo inferior, bajo la basílica superior, inmortalizada por los frescos de Giotto. Fray Marco Moroni, custodio del Sacro Convento, ultima los detalles, incluida la elección de los cuatro frailes que llevarán el sarcófago a hombros.

¿Estaría contento el santo, que se despojó de todo para elegir la pobreza, con la decisión de exhibirlo?

“Muchos quieren hacerlo, pero deben tener la misma altura”. Hasta hoy, las inspecciones de los huesos del santo estaban reservadas a unos pocos religiosos, durante breves periodos y por motivos concretos. Ahora la ostensión es el centro de las celebraciones del octavo centenario, cuyo comité organizador fue designado por el Gobierno de Giorgia Meloni.

El vaivén de obreros deja suspendida una pregunta: ¿estaría contento Francisco, el hijo del rico mercader que se despojó de todo para elegir la pobreza, ante un despliegue tan imponente? La Iglesia lleva siglos interrogándose sobre su relación con las reliquias. El límite entre devoción sincera y fetichismo, en Asís, no es teórico.

Antes de su muerte, según una crónica del siglo XIII, uno de sus seguidores le dijo: “Piensa cuántos baldaquinos, cuántas telas preciosas serán colocadas sobre este tu pobre cuerpo, ahora cubierto solo de harapos”. Profecía cumplida, aunque no literalmente. 

Fue canonizado en 1228, apenas un año  y medio después de su muerte

La historia misma del cuerpo de Francisco está marcada por oraciones y por una cierta morbosidad. Murió el 4 de octubre de 1226 en la Porciúncula. El Poverello fue trasladado primero a la iglesia de San Giorgio, sellado con precintos oficiales, y después al templo inferior, como quería Gregorio IX, el Papa que lo canonizó en 1228, apenas un año y medio después de su muerte.

 Según la costumbre medieval, los restos fueron enterrados bajo el altar en un lugar secreto, para evitar robos y profanaciones. Tan bien ocultos que se perdió su rastro.

Solo en 1818 el papa Pío VII auto­ri­zó una búsqueda oficial. Fueron necesarios 52 días para localizar el sepulcro. Tras el hallazgo se instituyó una comisión de obispos y peritos que trabajó durante más de un año hasta confirmar la autenticidad de los restos. Entonces se construyó la cripta.

La memoria de san Francisco ha sido, desde siempre, objeto de disputas ideológicas. Y también lo han sido los aniversarios. 

La basílica de Asís
La basílica de AsísCustodia Generale del Sacro Convento

En 1926, con motivo del séptimo centenario, el régimen fascista llegó a presentarlo como un precursor de Benito Mussolini, exaltando sus “virtudes italianísimas”, como escribió el sacerdote Paolo Ardali. 

El propio dictador promovió la imagen del santo como modelo de virtudes cívicas del que aún hoy es el patrón de Italia.

A la espera de la llegada del ­sarcófago, que ha sido colocado dentro de una vitrina antibalas –“nunca se sabe, son tiempos extraños”, observa Moroni–, se instalan las vallas para las filas de peregrinos. 

Los carteles son claros: está prohibido hacer fotografías. Nadie ha olvidado las imágenes de los selfies con el cuerpo del papa Francisco en el altar de San Pedro. “Aquí no debe ocurrir”, dice el custodio, alzando los brazos.

Los fieles podrán acercarse, incluso tocar la vitrina. Pero la memoria tiene que ser interior”

“Los fieles podrán acercarse, incluso tocar la vitrina. Pero la memoria tiene que ser interior”

Exponer al santo de este modo comporta inevitablemente riesgos. Paseando alrededor del Sacro Convento se descubre que el debate ha generado una discusión interna entre los 65 frailes que residen allí. 

“Al menos cuatro o cinco estaban abiertamente en contra”, cuenta un religioso del lugar. Uno de ellos, fray Domenico Paoletti, participó en el estudio de los restos realizado en 1978 y hoy conserva los mismos reparos: “Esta pulsión instintiva de ver y tocar es, en el fondo, más pagana que cristiana. Esta ostensión desentona con el estilo de Francisco”.

Fray Giulio Cesareo, director de comunicación del Sacro Convento, desde su despacho con vistas al valle reconoce: “Sí, se discutió mucho. Yo creo que es justo. Venerar las reliquias significa venerar al Espíritu Santo que allí se manifestó. Hay muertos que son solo muertos. Napoleón fue un gran personaje histórico, pero no se veneran sus restos. Los huesos de Francisco, tan consumidos, son una semilla sobre la que la tierra sigue creciendo”.

Los fieles no podrán hacer foto
Los fieles no podrán hacer fotoCustodia Generale del Sacro Convento

Se espera la visita de 380.000 fieles a la basílica de San Francisco de Asís durante el mes en que se exhibirán los huesos del santo

El debate permanece abierto, aún más en Asís. En las tiendas del centro abundan los recuerdos con el rostro de otro santo, Carlo Acutis. A un kilómetro de la basílica, en la iglesia de Santa María la Mayor –construida allí donde Francisco se despojó de sus ropas–, está expuesto su cuerpo: vaqueros, zapatillas deportivas, el rostro reconstruido en silicona, un rosario entre las manos. También allí la fila no se detiene. Un cartel advierte: está prohibido hacer fotografías. 

Pero casi nadie le hace caso, ni siquiera dos monjas. Un cuerpo aparentemente íntegro objeto de una nueva veneración y unos huesos en el centro de una gran celebración. Las dos Asís están cerca, pero parecen lejanas.

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