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Ignasi Coll-Rolduá, geriatra: “Cuando una persona mayor entra a consulta acompañada de un familiar más joven, es este quien empieza a hablar y no deja que el paciente se explique”

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El hecho de que las facultades físicas y mentales de las personas mayores estén mermadas no justifica el paternalismo al que se les somete en demasiadas ocasiones; el doctor Ignasi Coll-Rolduá trabaja desde hace años para revertir esta situación

Dr. Ignasi Coll-Rolduá. 

Dr. Ignasi Coll-Rolduá. 

Cedida

“Muchos hijos de los pacientes mayores se ponen en contacto conmigo antes de la consulta pidiéndome que no informe a su padre o a su madre de su estado de salud. Nunca lo hago, todos tenemos el derecho a ser informados”.  Así de contundente se expresa el doctor Ignasi Coll-Rolduá (Barcelona, 1966), especialista en Medicina Interna, con más de 30 años de experiencia en la profesión, Máster en Geriatría y Gerontología por la Universidad Autónoma de Barcelona y Máster en Bioética y Derecho por la Universidad de Barcelona. 

En su tesina de hace más de 10 años ya abordaba el tema de la autonomía y beneficencia en el paciente geriátrico frágil, ante su especial sensibilización hacia los problemas bioéticos y el respeto de los derechos vinculados con las personas mayores. En la actualidad, Coll-Rolduá ejerce en su propia consulta privada, incluida la atención domiciliaria especializada, dirigida principalmente al paciente geriátrico frágil, pluripatológico, con alta dependencia, además de la Dirección médica de los centros asistenciales PRYTANIS. En su esfuerzo por visibilizar y concienciar a la sociedad acerca de los derechos de las personas mayores, y en concreto, sobre el derecho a conocer su estado de salud y a no ser discriminado por la edad, desde hace aproximadamente un año, el doctor difunde estos mensajes a través de las redes sociales.

En uno de los posts publicados en su Instagram se puede leer que “la actitud excesivamente protectora hacia las personas mayores corre el riesgo de privarles de un derecho elemental como es el derecho a ser informado de su estado de salud”…

Así es. La sociedad debería tomar conciencia de que esa actitud (edadismo), es una realidad que está muy normalizada. Y el problema es que la exclusión por razones de edad se hace de manera involuntaria, sin mala fe. Es una situación que se vive con frecuencia en la consulta, sobre todo, cuando se habla de temas de cáncer o de demencia.

Describa una de esas situaciones, por favor.

Antes de tener la consulta con el paciente, muchas veces, sus hijos se ponen en contacto conmigo dejando una nota al equipo de recepción o envían un correo electrónico, pidiéndome que no informe a su padre o a su madre de su estado de salud.

Cuando eso ocurre, ¿cede ante su petición?

No, nunca lo hago. Todos tenemos el derecho a ser informados, del mismo modo que lo tenemos a no serlo. Mi tarea como médico es saber detectar, a medida que avanza la entrevista, si esa persona quiere que le dé más información o no. Si al paciente le proporcionas información, y ves que con lo que le has comunicado ya está conforme, probablemente significa que no quiere saber más.

Muchas veces los hijos se ponen en contacto conmigo antes de la consulta para que no informe a su padre o a su madre de su estado de salud 

Ignasi Coll-Rolduá

Geriatra

Médicos y personal sanitario están sujetos a la normativa al respecto…

Sí, la Ley 41/2002, de 14 de noviembre, básica reguladora de la autonomía del paciente y de derechos y obligaciones en materia de información y documentación clínica, deja muy claro cómo debe actuar el personal sanitario. Ahora bien, yo prefiero regirme bajo el criterio de la bioética, y en concreto, teniendo en cuenta los principios de autonomía, beneficencia y no maleficencia.

En el marco de la consulta médica, ¿quién suele ejercer más el edadismo, el médico, el acompañante, o el paciente?

El problema del edadismo es que la persona que lo lleva cabo pretende sustituir al paciente, en lugar de asistirlo o apoyarlo, algo perfectamente adecuado. Normalmente, las personas mayores (de 75 años o más) vienen acompañadas por alguno de sus hijos, sobre todo, hijas, ya que las mujeres en nuestra sociedad son las que adoptan mayoritariamente el papel de cuidadoras. En la consulta, lo habitual es que estemos tres o cuatro personas, y todas solemos adoptar una actitud paternalista, ya que es un comportamiento que tenemos muy interiorizado. 

El problema es que la exclusión por razones de edad se hace de manera involuntaria, sin mala fe; es una situación que se vive con frecuencia en la consulta

Ignasi Coll-Rolduá

Geriatra

Dr. Ignasi Coll-Rolduá.
Dr. Ignasi Coll-Rolduá.Cedida

¿Cómo se comportan?

Normalmente, cuando entra una persona mayor acompañada de un familiar, este es el que empieza a hablar, y no deja que el paciente se explique. Por otro lado, el médico, dirige su mirada y su discurso al acompañante. Y, por último, el propio paciente acepta con resignación ese rol que le inhibe y neutraliza.

Y el paciente, ¿nunca reclama su protagonismo?

Hay alguno que sí. Sin embargo, tengo que decir, que en mi caso esa situación no tiene cabida, ya que no permito que la entrevista llegue a ese punto. Normalmente, los primeros 15 minutos, el paciente me explica el motivo de su visita. A partir de ahí, yo puedo conocer su caso perfectamente y continuar con la consulta, liderando la comunicación, utilizando para ello las herramientas y estrategias adecuadas en función del paciente. Obviamente, si no es la primera visita, es más fácil, porque ya nos conocemos, pero, en cualquier caso, el objetivo siempre es el mismo, que el paciente reciba una información lo más rigurosa y empática posible.

La falta de tiempo en la consulta podría ser un problema para ello…

Así es. De hecho, muchas de las cosas que se deben mejorar en la comunicación con el paciente ocurren por no poder dedicarle más tiempo. Esto es una realidad palpable y preocupante, sobre todo, en el caso de las personas mayores, ya que normalmente necesitan más atención debido a los problemas de audición, de visión y de comprensión que suelen tener. En consecuencia, la brevedad de las visitas hace que la comunicación no sea lo satisfactoria que debería ser. 

Mientras las autoridades competentes resuelven el tema del tiempo, ¿qué otras medidas podrían ayudar a mejorar la comunicación?

Una de las más sencillas es evitar el lenguaje infantilizado, es decir, no utilizar los diminutivos para dirigirse al enfermo. Nada de “¡qué guapito estás!”. Tampoco, apelativos como “abuelo”. Por otro lado, también sería bueno esperar a que fuera el paciente el que dé permiso para ser tuteado. Hay que tener en cuenta que atendemos a una generación que espera que le tratemos de usted. Además, a las palabras, habría que sumarle la comunicación no verbal. Es importante mirarle a los ojos cuando nos dirigimos a él, o la postura que adoptamos.

Normalmente, cuando entra a la consulta una persona mayor acompañada de un familiar, este es el que empieza a hablar, y no deja que el paciente se explique

Ignasi Coll-Rolduá

Geriatra

¿Basta el lenguaje para acabar con edadismo?

No. De hecho, lo más importante para combatir el edadismo en el ámbito sanitario es la concienciación de su existencia. Para ello, es clave la difusión a través de los medios, y también la formación entre el personal médico y sanitario. Algo que, por suerte, cada vez es más habitual en las universidades y en los centros sanitarios.

Todos estos consejos están enfocados a superar el paternalismo…

Sí, debemos hacerlo porque las personas mayores son muy importantes en la sociedad. Todos estamos aquí gracias a su trabajo previo. Su experiencia es clave para nosotros. Tenemos que humanizar la atención y transmitir la información de tal manera que sea perfectamente comprensible para las personas mayores, a pesar de los problemas cognitivos que pudieran tener. Para ello, es básico hablar pausadamente utilizando un lenguaje sencillo. Si lo hacemos así, probablemente, la persona comprenderá perfectamente el mensaje y podrá tomar una decisión informada. Otra cosa distinta es que después, si lo cree oportuno, pida ayuda para tomar una decisión consensuada.

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