Longevity

Debate abierto sobre el uso de pastillas para el colesterol en mayores: “Lo importante es subir escaleras o caminar rápido, es antiinflamatorio”

Longevity

Las estatinas son el fármaco más utilizado para bajar las cifras de colesterol, lo que no evita encendidos debates sobre los efectos del tratamiento entre partidarios y detractores

En lo que sí se ponen de acuerdo los médicos es en que las pastillas no son el único escudo contra hiperlipemia: el ejercicio y la dieta son cruciales

Debate abierto sobre el uso de pastillas para el colesterol en mayores. 

Debate abierto sobre el uso de pastillas para el colesterol en mayores. 

Istock

La relación entre niveles altos de colesterol y el riesgo de sufrir un infarto o un ictus es un mensaje de salud que ha calado profundamente entre la población, tanto que a muchas personas es lo que más les interesa conocer cuando se hacen un análisis de sangre. Actividad física y buena alimentación es el mantra para conservar la normalidad de los valores, pero la realidad deja en evidencia la eficacia de las recomendaciones y los estudios revelan que la mitad de la población tiene el colesterol alto, sobre todo entre los mayores de 60 años.

“La aseveración de que el colesterol aumenta con la edad, aunque cierta, precisa matizaciones, como que el incremento que se produce en las mujeres de manera marcada tras la menopausia hasta los 65-70 años tiende a estabilizarse”, apunta Leocadio Rodríguez-Mañas, jefe de Geriatría del Hospital de Getafe. Además, “en las personas mayores -destaca-, el riesgo principal procede más del colesterol bajo y de los bajos niveles del HDL-colesterol, que de una elevación del LDL-colesterol”, y esto es porque es una sustancia esencial para la formación de las membranas celulares y la síntesis de hormonas y vitamina D, entre otras funciones.

En las personas mayores, el riesgo principal procede más del colesterol bajo y de los bajos niveles del HDL-colesterol

Leocadio Rodríguez-Mañas 

Jefe de Geriatría del Hospital de Getafe

Sin embargo, la función fisiológica del colesterol queda anulada por el estigma que arrastra debido a su implicación en las enfermedades cardiovasculares, lo que lleva a la creencia de que hay que bajarlo a toda costa, un empeño que no comparten muchos científicos, como el profesor José María Ordovás, de la Universidad de Tufts. Es uno de los mayores expertos internacionales en nutrigenética, lípidos y enfermedad cardiovascular, y defiende que “si un análisis muestra un colesterol elevado, hay que pensar en las formas de bajarlo, pero sin obsesionarse”.

El camino más corto para bajarlo es el tratamiento médico, sobre todo con estatinas (el segundo avance farmacológico más importante del siglo XX, después del descubrimiento de la penicilina, en opinión de la Fundación de Hipercolesterolemia Familiar), que han demostrado sus beneficios para prevenir infartos e ictus tanto en personas que sufren enfermedad cardiovascular declarada (prevención secundaria) o en quienes tienen varios factores de riesgo (hipercolesterolemia, hipertensión, diabetes, tabaquismo o sobrepeso). Su fama es tan grande que las toman más de 200 millones de personas en todo el mundo. La cara B son sus efectos adversos, que van desde dolores musculares (relativamente frecuentes), hasta diabetes, cataratas, incluso cáncer.

Efectos después de los 76 años

A lo largo de sus más de 30 años de empleo, la eficacia y seguridad de las estatinas se ha revisado en multitud de estudios que han servido para redactar guías de práctica clínica en diferentes situaciones y para distintos perfiles de personas. Una de las últimas revisiones es el informe del Grupo de Trabajo de Servicios Preventivos de Estados Unidos (USPSTF) que concede a las estatinas un beneficio que va de moderado a pequeño en pacientes de 40 a 75 años de edad, dependiendo de que hayan tenido o no un infarto o un ictus.

¿Qué pasa a partir de 75 años? El panel es claro en su veredicto: la evidencia es insuficiente para determinar el equilibrio entre beneficios y daños del uso de estatinas para prevenir la enfermedad y muerte cardiovascular en mayores de 76 años sin antecedentes (prevención primaria). De igual manera, los ensayos en población adulta no han encontrado que tomar estatinas acarree más dolores musculares, deterioro cognitivo o diabetes, aunque, insisten los expertos que han redactado el informe, la evidencia disponible es limitada.

A partir de los 75 años la evidencia sobre las estatinas es insuficiente para determinar el equilibrio entre beneficios y daños 

Aún así, son muchos los mayores en tratamiento. En Atención Primaria, “la decisión de tratar viene de lo que marcan unas tablas de riesgo cardiovascular. Cuando el colesterol está alto, y el riesgo supera el 5%, se prescriben estatinas”, apunta Juan Carlos Fuentes, médico de familia en un centro de salud de Madrid. “También hay muchos pacientes que vienen del cardiólogo con la estatina prescrita, y en esos casos nosotros no modificamos el tratamiento”.

Este es, a juicio de Joan Ramon Laporte, catedrático emérito de Farmacología Clínica de la Universidad de Barcelona, el motivo por el que se recetan tantos fármacos para el colesterol (una realidad contra la que el doctor es muy beligerante, como describe en su obra Crónica de una sociedad intoxicada). “Los médicos, en general, están como abducidos de lo que les dice la industria. No tienen un criterio equilibrado, no por su culpa, sino porque están en un ambiente que les inculca esas opiniones: hay que mirar el colesterol, tratarlo y llegar a un cierto nivel -que ha ido bajando en sucesivas revisiones-. Además, tampoco están entrenados para reconocer los efectos adversos que pueden provocar estos medicamentos”.

Los médicos, en general, están como abducidos de lo que les dice la industria

Joan Ramon Laporte

Catedrático emérito de Farmacología Clínica de la Universidad de Barcelona

Laporte añade que la mayoría de las personas que reciben estatinas no han tenido un evento cardiovascular, pero lo reciben por el efecto del “marketing ejercido a través de las guías de práctica clínica elaboradas por gente de la industria o por las propias instituciones oficiales o servicios de salud que se creen las recomendaciones expertas”. Y lanza sus dardos contra los cardiólogos, centrados en “la cosmética del colesterol: cuanto más bajo, mejor, sin interesarle los efectos adversos”, una forma de actuar que es consecuencia de la medicina actual, en la que “el médico mira enfermedades, no personas, y si detecta que un parámetro de laboratorio está alterado, aunque no cause enfermedad, lo trata igual en todas las personas”.

El farmacólogo advierte algunos de los efectos secundarios de las estatinas pueden tener consecuencias en los mayores de 70, como el dolor muscular, que limita la actividad física, o el desarrollo de diabetes y cataratas, unos efectos que a más corto plazo “llevan a que muchos abandonen el tratamiento”.

Ese no es el caso de Francisco Gómez, de 93 años y que desde hace más de 10 años mantiene una dosis diaria de 40 mg de atorvastatina. “Nunca he tenido el más mínimo efecto. Tanto es así que me tomo la pastilla sin darme cuenta”, afirma. Tampoco ha experimentado nada anormal Carmen Pedrós, que a sus 80 años se acaba de iniciar en el tratamiento con estatinas porque “mi médico de cabecera me ha dicho que he tenido una subida brusca del colesterol”. 

En el bando de pacientes que optan por no seguir las indicaciones del médico está Luisa Cea, de 95 años, y a quien su doctor le ha prescrito una estatina. “Parece que tengo algo alto el colesterol, pero nada más, así es que, por ahora, no la voy a tomar”, confiesa.

Nunca he tenido el más mínimo efecto. Tanto es así que me tomo la pastilla sin darme cuenta

Francisco Gómez 

93 años, desde hace más de 10 años mantiene una dosis diaria de 40 mg de atorvastatina

La estatina no es el peligro

Para Leocadio Rodríguez-Mañas, la seguridad de las estatinas en personas de más de 75 años es similar a la seguridad en población adulta, “con alguna pequeña salvedad relacionada con un aumento del riesgo del daño muscular asociado al consumo de estos fármacos”. El problema viene, por una parte, de “la polifarmacia frecuente en estos pacientes” y por otra parte, “de las dudas que presenta su uso en prevención primaria, esto es en personas sin enfermedad cardiovascular, especialmente por encima de los 75-80 años, o en pacientes con una expectativa de vida limitada o con mala situación funcional”.

En estos supuestos, el interés por evitar un episodio cardiovascular pasa a segundo plano. Por tanto, “como suele ser habitual en medicina geriátrica, personalizar la intervención dependiendo de las características del paciente (estado funcional, expectativa de vida, comorbilidades, otros tratamientos...) Es lo que va a marcar la efectividad de la estatina y, en consecuencia, su indicación”.

La hipertensión es un factor de riesgo en mayores. 
La hipertensión es un factor de riesgo en mayores. Getty Images

En lo que el geriatra no tiene ninguna duda es en la efectividad de las estatinas para prevenir que se repitan episodios cardiovasculares en quienes ya los han tenido. “La efectividad está fuera de toda duda”.

Las estatinas son los hipolipemiantes más utilizados, pero no los únicos. Según Rodríguez-Mañas, para la prevención secundaria en mayores de 65 años pueden tener un efecto mayor ezetimiba o el anticuerpo monoclonal aliroculmab. Fuentes añade que para conseguir mayores reducciones de colesterol “también se utilizan fármacos que combinan una estatina con ezetimiba”. Y para mejorar el cumplimiento terapéutico, hay reductores del colesterol que se administran una vez cada 6 meses o al año (inclisirán).

La opción más segura

Una vez expuestas todas las opiniones y alternativas, el consenso entre los médicos es unánime al apuntar a que el tratamiento más seguro es el personalizado, donde la actividad física y la dieta son pilares fundamentales. Laporte subraya que “lo importante es hacer ejercicio —subir escaleras o caminar rápido – porque tiene un efecto antiinflamatorio sobre el sistema circulatorio —el colesterol se deposita en las paredes de las arterias cuando hay inflamación—. Esta medida preventiva es mejor que los medicamentos”.

El geriatra Rodríguez-Mañas matiza que la mayor parte del colesterol es independiente de la dieta, y solo entre el 10- 15% de los niveles de colesterol son modificables con la dieta, por lo que estas medidas tienen un efecto limitado. “Más aún, los objetivos recomendados en prevención secundaria, bastante exigentes, son difíciles de alcanzar con dieta y casi siempre se necesitarán fármacos. No obstante, el papel de la dieta como coadyuvante del tratamiento farmacológico es recomendable”.

Lo importante es hacer ejercicio —subir escaleras o caminar rápido – porque tiene un efecto antiinflamatorio sobre el sistema circulatorio

Joan Ramon Laporte

Catedrático emérito de Farmacología Clínica de la Universidad de Barcelona

Su consejo para mantener el colesterol en rango de seguridad cardiovascular en personas mayores es dieta equilibrada - rica en fibra y omega-3, evitando carnes rojas y primando la ingesta de pescado y frutos secos- junto a una actividad física moderada que incluya algún ejercicio periódico de intensidad moderada. “El ejercicio y algunos alimentos contribuyen a elevar las HDL-colesterol, lo que es beneficioso en esta población y que difícilmente se consigue con fármacos”.

Etiquetas