“Ser calvo es una de las primeras derrotas visibles”: cómo la alopecia (y las bromas sobre ella) pueden hundir la autoestima de los hombres al envejecer
Longevity
Muchos hombres viven la pérdida de cabello con absoluta normalidad. Sin embargo, otros muchos lo viven con tal angustia que preferirían tener más pelo en la cabeza que dinero en el banco o amigos en la agenda

La calvicie preocupa a un alto porcentaje de los hombres.

Hace casi 20 años, en 2007, una recesión paralizó de forma prácticamente simultánea el engranaje económico del planeta. La magnitud de las consecuencias de esta quiebra hace que las conclusiones de una encuesta en línea, realizada en 2009 por la Sociedad internacional de Cirugía para la Restauración del Cabello (ISHRS, por sus siglas en inglés), sean sorprendentes y reveladoras. En ella, los investigadores preguntaron a 1.407 personas si preferían tener más cabello, más dinero o más amigos, y el resultado fue que el 59,1 % de los hombres encuestados optaron por el cabello. Y eso que todavía tenían encima el descalabro económico.
El hecho de que estas personas colocaran la mayor crisis económica de la historia reciente en un segundo plano, por detrás de su calvicie, es motivo suficiente para atender el asunto de la alopecia masculina más allá de la perspectiva estrictamente médica. Hay que ampliar el foco a su impacto emocional, especialmente en aquellos hombres que han perdido el cabello antes de lo que por edad uno espera.
¿Tanto importa quedarse calvo?
Es el caso de Xavi, periodista de Barcelona, quien comenzó a perder el cabello cuando todavía no había cumplido los 30. Aunque él asegura que no le dio prácticamente ninguna importancia esos primeros años, lo cierto es que según la doctora Leticia Alonso, dermatóloga de la Unidad de Apoyo Emocional de Grupo Pedro Jaén, “la pérdida de cabello puede tener un impacto emocional relevante en algunos hombres porque coincide con una etapa vital activa a nivel profesional, social y personal”.
La pérdida de cabello puede tener un impacto emocional relevante en algunos hombres porque coincide con una etapa vital activa
Por su parte, Ulises (nombre con el que firma un comentario a un artículo reflexivo sobre la calvicie publicado en Guyana Guardian), reconoce que “particularmente, ser calvo nunca me ha parecido un problema, pero tampoco ha sido agradable. El cambio de imagen que supone lo enfrentas con la actitud que permite tu propio carácter. La pérdida de pelo es un impacto que vivimos en una edad en la que, normalmente, nos proyectamos como fuertes, con futuro y sin demasiada idea de lo que es envejecer. Es un primer golpe que, en algunos casos refuerza aspectos psicológicos de la persona y en otros, ciertamente, crea inseguridades”.
En este mismo sentido se postulaba el artículo. “Ser calvo no va de pelo. Va de perder el control sobre tu propio cuerpo. La calvicie es una de las primeras derrotas visibles que muchos hombres enfrentamos; llega pronto, sin avisar y sin negociación posible”, afirmaba el autor de la columna.
Desde la psicología, la posible merma en la autoestima se explica porque “el cabello forma parte de los atributos asociados inconscientemente al atractivo personal y es esencial en la configuración de la imagen corporal y de la identidad de uno mismo. De esta forma, —continúa la experta— su pérdida puede generar preocupación, inseguridad o una sensación de desajuste entre cómo uno se siente internamente y cómo cree que es percibido por el entorno. No ocurre en todos los casos, pero es una realidad que vemos con frecuencia”.
Es peor en el trabajo que en casa
Este desajuste desagradable puede verse más o menos aliviado en función de si se vive en un entorno hostil o amigable, ya que la existencia de apoyo es clave en la profundidad de los daños emocionales que puede desencadenar la calvicie. Adrián, otra de las participaciones de los lectores del artículo mencionado, hace pública su experiencia en el trabajo donde asegura escuchar todo tipo de burlas: “Yo soporto bromas sobre mi calvicie y edadismo, pero, ¡cuidado! Ni se me ocurra mencionar lo gorda que está una, o la tendencia sexual del otro… Debemos exigir respeto.”
También Xavi refiere este tipo de comentarios en el entorno laboral. Sin embargo, en su caso, comenta que, desde el principio, creó una especie de escudo para protegerse: “Hace tiempo que opté por reírme de mí mismo como un modo de llevarlo mejor. Por ejemplo, cuando alguien dice algo sobre su pelo largo o sobre algún tipo de peinado, dejo caer que a mí también me gustaría hacérmelo, pero que no va a ser posible. Así, todos se ríen, y yo el primero. Eso me funciona desde el primer momento, dándome energía para llevarlo mejor. No sé si otros calvos lo hacen, pero yo sí”.
Hace tiempo que opté por reírme de mí mismo como un modo de llevarlo mejor
Además de los comentarios, más o menos reprobables, por parte de algunas personas, también suele ocurrir que el propio calvo, en cierto modo, se critica a sí mismo, ya que, se percibe envejecido, siente que “su imagen externa transmite más edad de la que realmente tiene, aunque su estado físico y mental sea el mismo de siempre. Esa sensación de ‘envejecimiento prematuro’ puede afectar a la confianza y a la autoestima”, señala la experta.
En este asunto, la calvicie de actores internacionales como Bruce Willis o personajes conocidos como el entrenador de fútbol Pep Guardiola, han ayudado tanto a que los calvos se sintieran mejor, como a que la sociedad los viera más atractivos.
Puede rozar, tocar, e incluso, hundir la autoestima
A pesar de ese apoyo indirecto de los calvos famosos con los calvos anónimos, según la dermatóloga, la alopecia puede tener un impacto emocional significativo: “Es relativamente frecuente que la pérdida de cabello se acompañe de una disminución de la autoestima y de una mayor sensación de inseguridad, lo que puede acabar repercutiendo en distintos ámbitos de la vida personal, social y profesional”.
Ahora bien, “conviene matizar que este impacto no es universal ni se manifiesta de la misma manera en todas las personas. La vivencia de la alopecia es muy individual y depende de múltiples factores personales, sociales y emocionales. Por ello, más allá del componente psicológico, resulta fundamental abordar la alopecia desde una perspectiva médica rigurosa, con una valoración individualizada, evitando simplificaciones o enfoques reduccionistas que no reflejan la complejidad real del problema”, subraya la doctora.
Resulta fundamental abordar la alopecia desde una perspectiva médica rigurosa, con una valoración individualizada y evitando simplificaciones
Esta afectación emocional no suele llegar a diagnósticos tan extremos como la depresión. De hecho, “más bien puede actuar como un factor desencadenante o agravante en personas vulnerables o con otros factores de riesgo previos”, puntualiza la experta. Además, más allá de la alopecia androgénica, “se han descrito multitud de alopecias diferentes y algunas de ellas son desencadenantes muy claros de cuadros de depresión o ansiedad, tanto en hombres como en mujeres”.
Las primeras evidencias y sus porqué
En cuanto a las variedades de alopecia, la más frecuente entre los hombres es la alopecia androgénica, cuyos síntomas resume el doctor Javier del Boz, dermatólogo del GEDET (Grupo Español de Dermatología Estética y Terapéutica) de la AEDV y del Hospital Regional Universitario de Málaga: “En el caso de la alopecia androgénica masculina, lo esperable es encontrar una pérdida de densidad capilar que suele comenzar a hacerse evidente en las líneas de implantación a nivel frontoparietal, que se irán despoblando, originando lo que conocemos popularmente como ‘las entradas’”.
Y continúa: “Posteriormente, es típica la afectación del vértex (‘la coronilla’), que irá también perdiendo su densidad, y ya en casos más avanzados se producirá afectación a nivel interparietal (toda la zona superior de la cabeza), mientras que habitualmente se respetan las áreas temporales (laterales) y la nuca”.
En ocasiones esta evolución es algo distinta, “pudiendo verse en algunos varones una pérdida de densidad más difusa a nivel interparietal desde un inicio, con cierto respeto de las líneas de implantación”, apunta del Boz. Por otro lado, las causas que se atribuyen a este tipo de alopecia se encuentran fundamentalmente, “en la tendencia genética de cada persona, así como en los cambios hormonales que se van produciendo”, aclara el doctor.
¿Qué puede hacer hoy la medicina para acabar con la calvicie?
Poner solución a esta patología no parece que sea algo sencillo, y, de hecho, no lo es, entre otras razones porque entran en juego múltiples aspectos que determinarán qué tratamiento es el más eficaz en cada caso. Entre esos factores, el doctor destaca “el tipo de alopecia, la edad del paciente, sus antecedentes, la localización de las áreas alopécicas, su extensión, tiempo de evolución, o la respuesta a tratamientos previamente utilizados”.
En el caso de la alopecia androgénica, “el tratamiento de base suele ser farmacológico, con sustancias como el minoxidil tópico y el finasteride oral o tópico, aprobados con este fin, aunque actualmente contamos con otros fármacos y vías de administración, como la mesoterapia capilar, y con frecuencia se realizan tratamientos combinados, para buscar una mayor efectividad”, asevera el experto.
En casos más avanzados, “los injertos capilares pueden ser una buena alternativa terapéutica, aunque su realización debe realizarse de forma concomitante a un tratamiento médico, y no de forma aislada, para obtener unos mejores (y más duraderos) resultados. En cualquier caso, —concluye el doctor— el tratamiento debe ser individualizado”.
Recuperación emocional
Tan importante es el tratamiento capilar como la terapia para reparar el daño “que no se ve”, el emocional. Para ello, “el primer paso sería normalizar el problema y entender que la alopecia es una condición médica frecuente, con distintas opciones de abordaje”, apunta la doctora. Y añade: “Acudir a un especialista permite aclarar el diagnóstico, conocer las alternativas reales y recuperar una sensación de control basada en información y acompañamiento profesional. Es importante no culpabilizarse y reconocer que se está teniendo una afectación emocional por la alopecia y buscar ayuda”.
Precisamente, ese reconocimiento a uno mismo y a los demás, es algo que no suele hacerse, probablemente debido “a que sigue existiendo un importante tabú en torno a expresar abiertamente la preocupación por los cambios físicos”, argumenta Alonso, quien asegura que “es frecuente que muchos pacientes sientan vergüenza al reconocer el impacto emocional que estos cambios les generan. Y es que todavía existe la percepción de que manifestar este malestar puede ser interpretado como superficialidad, lo que lleva a muchos a ocultarlo o a restarle importancia de forma forzada”.
Sigue existiendo un importante tabú en torno a expresar abiertamente la preocupación por los cambios físicos
En cualquier caso, además de la relevancia del apoyo emocional cuando la alopecia está minando la salud mental del que la padece, la doctora insiste en la importancia de “ponerse en manos de un tricólogo para que paute un tratamiento, partiendo de un buen diagnóstico, ya que, afortunadamente, hoy en día contamos con un arsenal terapéutico muy amplio para tratar la gran mayoría de las alopecias”.






