Descubren por qué el dolor no afecta igual a hombres y a mujeres. La causa está en el sistema inmune
Biomedicina
Células inmunes que inhiben la percepción de daño se activan por la acción de la testosterona

Una joven en una sesión de fisioterapia para aliviar el dolor

Una proteína producida por células del sistema inmune que ayuda a eliminar el dolor es más abundante en hombres que en mujeres, según una investigación de la Universidad del Estado de Michigan (EE.UU.) Presentada en Science Immunology. Las diferencias en los niveles de esta proteína explican por qué las mujeres experimentan dolor durante más tiempo tras una lesión y por qué tienen más propensión a desarrollar dolor crónico, señalan los investigadores.
“Nuestro objetivo es obtener terapias que estimulen este mecanismo para acelerar la recuperación del dolor y para revertir el dolor crónico”, declara Geoffrey Laumet, director de la investigación, en un correo a Guyana Guardian . Además, “espero que nuestros resultados ayuden a cambiar la percepción de que las diferencias de dolor entre hombres y mujeres se deben a factores emocionales o psicológicos; estas diferencias no están en la cabeza, están en el sistema inmune”.
Los investigadores esperan “cambiar la percepción de que las diferencias de dolor entre hombres y mujeres se deben a factores emocionales o psicológicos”
La investigación se ha basado en experimentos con ratones y en datos de 245 personas hospitalizadas por lesiones traumáticas, la mayoría en accidentes de tráfico. Los experimentos con ratones han revelado que la resolución del dolor depende de la interleucina-10 (IL-10), una proteína producida por células del sistema inmune. Esta proteína, que ya se sabía que era antiinflamatoria, además ha resultado ser analgésica. Concretamente, inhibe las neuronas nociceptivas, que son neuronas especializadas en el procesamiento del dolor.
La diferencia entre sexos se debe a que los machos producen más IL-10 que las hembras. El motivo es que la testosterona activa monocitos (un tipo de células inmunes) productores de IL-10. Por lo tanto, a más testosterona, más producción de IL-10 y más rápida resolución del dolor.
Si en los machos se impide que la testosterona active los monocitos, o que los monocitos produzcan IL-10, el dolor tarda más en resolverse. Por el contrario, si en las hembras se estimulan los monocitos para que produzcan más IL-10, el dolor desaparece antes.
El descubrimiento puede inspirar el desarrollo de nuevas terapias analgésicas
Los datos de 172 mujeres y 73 hombres hospitalizados por lesiones traumáticas indican que testosterona, monocitos e IL-10 también son protagonistas de la eliminación del dolor en personas. Al llegar a urgencias, la intensidad del dolor era similar en ambos sexos, y se situaba de media en el nivel 7 de la escala NRS (una escala de 0 a 10 donde 7 indica un dolor entre “severo” y “muy severo”).
Doce semanas más tarde, el dolor había bajado a 3,8 en hombres (entre leve y moderado), pero solo había bajado a 5 en mujeres (entre moderado y severo). Los análisis de sangre de los participantes en el estudio revelaron que, cuanto más alto era el nivel de IL-10, más se había reducido el dolor.
“La resolución más lenta del dolor en las mujeres aumenta su riesgo de desarrollar dolor crónico”, escriben en Science Immunology los investigadores, que recuerdan que “hay una clara predominancia femenina en la mayoría de síndromes de dolor crónico”.
Sobre la posibilidad de desarrollar terapias analgésicas a partir de estos resultados, Laumet señala que “hay pequeños ensayos clínicos prometedores con testosterona por vía tópica que han reportado efectos positivos”, pero habría que aplicarla directamente sobre la piel “para no perturbar los niveles de la hormona en todo el cuerpo”. A más largo plazo, “estamos investigando cómo potenciar la actividad de los monocitos productores de IL-10”.
Estos analgésicos serían efectivos para aquellos tipos de dolor mediados por las neuronas nociceptivas, que incluyen los de causa traumática (como cortes y fracturas) o inflamatoria. “No se sabe en este momento si esta comunicación entre sistema inmune y neuronas está implicada en otros tipos de dolor como el dolor neuropático [que se origina en las propias neuronas]; es algo que habrá que investigar”, declara Laumet.
El director de la investigación, que cursó un año de su carrera en la Universitat de València formándose en Biología Molecular y Genética, recuerda que “en muchas culturas se tiende a dar poca importancia al dolor de las mujeres porque se asume que está exagerado. Nuestros resultados indican que una recuperación lenta del dolor no es una señal de debilidad de carácter sino que refleja diferencias en el sistema inmune”.

