¿Qué son los vinos de fresqueo y por qué son ideales para empezar a entrenar el paladar? Cinco botellas que te van a sorprender
Vino
Que haya vinos que se puedan considerar de fresqueo no quiere decir que todo el fresqueo sea económico o de beber fácil; de hecho, en el fresqueo caben tintos complejos de precios exigentes

Los vinos de fresqueo son de fácil beber.
Esta vez vengo a dar de beber bien a los vanguardiers con un tema sobre el que a veces hay algo de confusión y que domino, más que nada, porque versa sobre un tema que he acuñado yo: los vinos de fresqueo. Categoría que, por cierto, me ha generado ciertos detractores con su buena razón de odio. Como si definir y defender el consumo de estos vinos fuera estar en contra de sus alternativas. Si yo, mientras esté bueno, bebo de todo, soy vinófago.
Pero bueno, dejando atrás la mediocridad más absoluta vamos con este asunto tan bonito no sin antes explicarlo. Un vino de fresqueo es aquel tinto (sí, solo pueden ser tintos), fácil de beber, normalmente de poca capa (color algo diluido), sin astringencia y escasa sensación alcohólica.
Lo anterior no quiere decir que estemos ante vinos sencillos, baratos y de beber más bien fresquito. No, eso en España siempre se ha conocido como vinos de trago largo y en Francia como glu-glu vins. No: que estos vinos se puedan considerar de fresqueo no quiere decir que todo el fresqueo sea así, de hecho, en el fresqueo caben tintos complejos de precios exigentes. Mucha parte de la Borgoña o Jura son fresqueos y no son precisamente vinos simplones ni accesibles. La Faraona, uno de nuestros escasos vinos mileuristas, es fresqueo. Con la teoría más clara vamos, ahora sí, con la práctica.
Niepoort, Tinto, Nat Cool, Drink Me, Bairrada, Portugal (13,12 euros)
Empiezo con una referencia cuyo formato, 1 litro, es ya toda una declaración de intenciones, y es que los Nat Cool de Niepoort son una invitación al beber fluido. Estamos ante un precio imbatible, además de resultar un tinto de lo más didáctico, ya que desnuda a la Bagá, la uva que lo compone, para que veamos las posibilidades de esta variedad cuando se convierte en un zumo con alcohol. Porque eso es este Drink Me portugués, ácido y frutal a partes iguales.
Cume do Avia, Arraiano, 2022, DO Ribeiro (14,50 euros)
Cambiamos de país, pero no tanto de acervo, ya que Cume do Avia es otro proyecto que apuesta por tintos más adictivos que el fentanilo. Su bajo grado, unido a su arrebatadora jugosidad, hacen de este tinto un vino perfecto para un día caluroso, además de presentar una funcionalidad interesante: es ideal para ir iniciando al personal no ya en este tipo de vinos, que por supuesto, sino en el mundo del vino en sí. Cuando un ser humano comprueba que beber una botella puede ser así de divertido, su percepción sobre este mundillo cambia mucho.
Verónica Ortega, Kinki, 2023 DO Bierzo (33 euros)
Seguimos en una ruta de lo más realista, ya que tiro para León, en concreto al Bierzo, para dar con otro tinto adictivo de curioso nombre, pero que encierra una Mencía “con cosas”, uva blanca incluida, cuyo resultado es lo que citaba en el preámbulo como fresqueo complejo. Sin perder un ápice de diversión, aquí sí que estamos ante un tinto que a poco que te detengas en paladearlo, comprobarás como hay mucho más allá de fruta roja. Su punto salino-mineral, junto al final amargo que nos deja, lo convierte en uno de los mejores tintos españoles de cualquier etiqueta, fresqueo o no.
Arianna Occhipinti, Il Frappato, 2023, Sicilia (35,20 euros)
Cambio al mediterráneo italiano con esta productora de culto que nos ha enseñado que el fresqueo también puede ejecutarse desde latitudes cálidas. Su Frappato es un canon de cómo debe la mediterraneidad convertirse en fresca sin perder identidad. Esta botella sí que tiene algo de caloret; de hecho, Arianna lo convierte en un aliado al utilizarlo para dar una sensación de leve licorización a su fruta sofística al conjunto. Es una botella perfecta para empadronarse en ella.
Domaine Thillardon, Sous La Roche, 2023, Moulin a Vent, Beaujolais, Francia (36,30 euros)
Cierro con una región que domina el fresqueo, bueno, es que es uno de sus orígenes y epicentros, donde Thillardon lo ha llevado a la excelencia. También hay que decir que su uva, la Gamay, es una variedad que va ideal para estos estilos tan etéreos, porque más que fluido es aéreo, estamos ante un vino difícil de creer en el sentido de que tiene la textura del agua, pero un sabor muy profundo, cambiante y largo. Es de lo mejor que hay por ahí por estos precios.




