Así es ser escritor en Cuba hoy: luz apagada, piratería y escasez de papel
El petróleo asfixia el sector cultural
La crisis del petróleo dificulta todavía más una profesión que ya se enfrentaba a diversos obstáculos
Autor sin país, por Wendy Guerra

Hace tiempo que los apagones se suceden en Cuba, pero parecen haberse duplicado en los últimos meses. Eso no impide al pueblo seguir con sus inquietudes culturales, pese a las dificultades

Un mensaje de texto ilumina el teléfono. “Vuelvo a tener internet y línea. Si te va bien, hablamos, pero no prometo que no se vaya a cortar la llamada”. Hay que aprovechar estos avisos, pues nunca se sabe cuando Cuba se va a volver a quedar sin luz. Los apagones son diarios y, tal y como explica el escritor Arturo Arango, autor del anterior mensaje, la población está informada de la franja en la que estarán a oscuras, aunque, a menudo, se amplía el horario sin previo aviso, llegando a estar hasta 15 horas sin electricidad, con lo que esto supone.
“En La Habana, por ejemplo, la ciudad se divide por bloques, y puede pasar que cuando tú tienes luz, la persona a la que quieras llamar no tenga. Y luego para trabajar, no resulta óptimo. En el caso de los escritores, si por lo que sea acostumbraban a ser nocturnos, más vale que no se la jueguen y que aprovechen el horario diurno. Pero, sobre todo, que carguen sus computadoras. Yo soy un hombre afortunado porque tengo dos, pero no es lo habitual. Entonces, cuando se termina la batería de uno, pongo todo lo escrito en un USB y me paso al otro. Voy guardando todo el rato el documento, porque si de pronto se apaga la pantalla, me da algo”.
Más vale que los escritores carguen sus computadoras cuando vuelve la electricidad”
Elaine Vilar entiende bien esa sensación. La autora está a medio camino entre Toronto y La Habana, pero fue en esta segunda ciudad, la suya, donde escribió entre apagones la multipremiada El cielo de la selva (Lava) y La piel hembra (Barrett), que llegará en junio a las librerías españolas. “Mi familia me decía que centrara mis esfuerzos en estudiar para ser maestra y que no perdiera el tiempo. Pero mi abuela Cuca me animó. Ella siempre quiso escribir, pero en su época eso estaba peor visto que meterse a un prostíbulo”.
Hoy, muchas dificultades que acarrea la profesión se mantienen. Algunas tienen que ver con la censura, que puede llegar de muchas maneras. “En mi caso, es en forma de invisibilidad”, señala por teléfono Leonardo Padura, con una conexión más estable que el resto gracias al generador que ha instalado en su residencia en la capital cubana. “Mis tres últimas novelas no se han publicado aquí. Las más antiguas tampoco se reeditan. Dicen que es porque no hay papel, y en parte es cierto, pero es porque no hay voluntad, así que dependo de cómo van las ventas fuera de Cuba, que por suerte van bien. En cada viaje que hago al extranjero compro mis propios libros para luego, a mi vuelta, poder regalarlos y que los lean”.

No son pocos los que preguntan al premio Princesa de Asturias de las Letras por qué, si es de los pocos que tiene los medios, no se marcha de la isla, pero no es algo a lo que esté dispuesto. “Es mi hogar. Aquí vive mi familia y mi madre, que ya es mayor. Además, yo me nutro de la realidad cubana para vivir. Lo que sucede aquí es alimento para mis textos. La realidad supera la ficción”. Además, si se fuera, no sería fácil la vía estadounidense, la más rápida hasta ahora para sus compatriotas. “Trump ha hecho que muchos migrantes cambien el que era su principal destino, especialmente con esta crisis del petróleo”.
Los autores aceptan la piratería, pues apenas cobran derechos de autor. “Así se conoce más nuestra obra”
Los autores que no cuentan con una editorial extranjera, como Padura, se encuentran con varias problemáticas. La principal –señala el escritor y periodista Rafael Grillo– es que “los derechos de autor solo se cobran una vez, y no acostumbra a ser una cantidad demasiado elevada”. Esto lleva a dos cosas: “la primera, que la mayoría no puedan vivir solo de su escritura, lo que les obliga a tener varios empleos. Y luego, que el propio autor no se siente molesto por la piratería porque, al fin y al cabo, no va a cobrar más aunque venda el doble. Es más, la piratería le beneficia, pues así conocerá su obra más gente”, reflexiona.
Aunque no toda la población dispone de un ordenador o de un libro electrónico, sí tienen un teléfono, sino ellos, alguien de su familia, lo que permite que la lectura digital esté más que establecida en estos tiempos. “De hecho, apenas se publica en papel. Antes de venirme a Madrid, gané un premio literario y sí que lo imprimieron en físico, y ya era entonces complicado. Ahora, no diré que s imposible, pero las oportunidades son mínimas. La escasez del papel es casi total”, expone la escritora de ciencia ficción Maielis González. Una realidad que provoca que, lo poco que se imprima, sea breve, siendo los libros de menos de 300 páginas lo que más abunda entre las novedades editoriales del país.
Consciente de este escenario, la Feria del Libro de La Habana –pospuesta hasta nuevo aviso por la incertidumbre que provoca la actual crisis del petróleo– iba a presentar la mayoría de sus novedades en formato ebook que, por otro lado, son más económicas.
Los pocos libros que se imprimen ante la escasez de papel acostumbran a tener menos de 300 páginas
Esa incertidumbre no se debe solo a los apagones y a la falta de papel, sino también a la “carencia de transporte público”, según la médico y escritora Laidi Fernández. “No hay apenas combustible y se usa más la bicicleta que nunca, pues somos muchos los que no nos atrevemos a conducir sin tener claro que habrá suficiente gasolina de vuelta. Y sin transporte, no está garantizada una feria, como tampoco los clubes de lectura o las presentaciones literarias. Cada mes, junto a otras dos narradoras, coordinamos un espacio de reflexión en la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac) llamado Miradas de mujer en el que abordamos distintos temas con perspectiva femenina, pero cuesta mucho sostenerlo ante esta situación. Ya hemos tenido que cancelar más de uno porque a mucha gente que venía de lejos le resultaba imposible llegar. De todos modos, encontraremos la forma, porque aislamiento intelectual no hay ni habrá”.
Como reza el título de la famosa novela de Reinaldo Arenas, la solución por ahora es un saco (otro más) de paciencia y escribir antes de que anochezca.
Interrogante en la Feria del Libro de La Habana
Estos días debería de estar celebrándose la Feria del Libro de La Habana, pero esta se ha pospuesto hasta nuevo aviso ante la incertidumbre del país causada por el cerco petrolero estadounidense, con lo que ello conlleva. El poeta y escritor Eduardo Herrera Baullosa recuerda la importancia de un acontecimiento de estas características, especialmente de este, pues “es de las pocas oportunidades de que escritores y lectores cubanos puedan intercambiar vivencias no solo con sus referentes sino que, también con otros autores de fuera”. A ello, la escritora y dramaturga Agnieska Hernández añade: “El mayor golpe de esto no es hacia las editoriales, ni hacia nosotros los autores, ni instituciones que de algún modo intentarán mover sus promociones, sino hacia las familias cubanas, ya que estas, desde llevan años realizando una especie de peregrinación cultural y educativa a la feria, que es un espacio sano. Y es que no son demasiados los espacios sanos que quedan y que son capaces de competir con la incisiva marginalidad

