Cultura

Residencia Quarter de Santiago: un antiguo cuartel

Crítica de arquitectura

“El arquitecto ha propuesto una volumetría formada por dos cuerpos rectangulares, de dos y tres plantas, conectados por uno de sus vértices, y dispuestos alrededor de sendos patios”

Una imagen de la Residencia Quarter de Santiago en Maó

Una imagen de la Residencia Quarter de Santiago en Maó

LV

Residencia Quarter de Santiago

★★★✩✩

Arquitectos: Antonio González Liñán (SV60)

Ubicación: Maó. Av. J. A. Clavé, 96.

Allí donde estaba el Cuartel de Santiago (concretamente, su ampliación de 1951) se levanta ahora la nueva residencia de personas con dependencia de Maó, obra del estudio sevillano SV60, que dirige Antonio González Liñán. La entrada sur a la ciudad menorquina, según se llega desde Sant Lluís y se emboca la avenida J.A. Clavé, ha mudado pues su rostro arquitectónico: de la rocosa edificación militar se ha pasado a dos paralelepípedos maclados, de limpias líneas racionalistas.

La arquitectura, que a veces puede obedecer al afán expresivo de su autor, es con mayor frecuencia una propuesta sujeta a diversos condicionantes. En este caso, por ejemplo, una volumetría general predeterminada, la necesidad de respetar la traza del viejo Camí d’en Guixó, que atraviesa el solar y, por supuesto, el programa específico de la obra, que se concreta en una residencia con plazas para 120 personas, además de los distintos servicios que precisan.

Para satisfacer el primer y el tercer requisitos apuntados en el anterior párrafo, el arquitecto ha propuesto una volumetría formada por dos cuerpos rectangulares, de dos y tres plantas, conectados por uno de sus vértices, y dispuestos alrededor de sendos patios. La vecindad de una ruidosa rotonda explica en buena medida la pertinencia de estos espacios, al aire libre pero recogidos, a los que hay que añadir otros tres jardines de distinto formato. El segundo requerimiento –el respeto al Camí d’en Guixó- se ha atendido levantando en voladizo la esquina de uno de los dos cuerpos, bajo el que sigue serpenteando sin impedimentos tal vía.

La obra se caracteriza en el interior por la holgura de sus espacios, imprescindible en un equipamiento para personas dependientes, a menudo con problemas de movilidad. Y, en el exterior, por una piel uniforme, con celosía de tablones de madera ante las ventanas, que a ciertas horas modulan la insolación. Esta pauta define tanto las fachadas a la calle como las de los patios interiores. Tan solo el área de dirección y oficinas, sobre la placita de acceso al conjunto, la altera parcialmente, evocando un diseño más desnudo.

Es cierto que, en su blanca y esencial maqueta, sin la combinación final de materiales en fachada –madera, vidrio, metal–, el edificio parecía exhibir mayor potencia geométrica. Pero también lo es que en la configuración definitiva, dada su superficie –más de 6.000 metros cuadrados construidos sobre rasante– y su altura contenida, aporta al enclave urbano un factor de orden y serenidad. Lo cual siempre está bien. Y, al lado de una rotonda, más aun.

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