Maika Makovski: “No quería estar en la segunda división, quería jugar con los chicos y competir”
Palau de la Música, 4 de marzo
La artista festeja dos décadas de trayectoria acompañada por los

Maika Makovski en Barcelona, donde celebrará sus 20 años de carrera con un concierto en el Palau de la Música

Maika Makovski anda celebrando sus 20 años de carrera, aunque bien podría celebrar los 30, o más. Porque la mallorquina de apellido macedonio y canciones en inglés, una rara avis en el mercado español, lleva en esto de la música toda una vida, la que celebrará el próximo 4 de marzo en el Palau de la Música reuniendo para ello a todas las formaciones que la han secundado además de un buen puñado de amigos. Fiesta gorda para celebrar una carrera que merece como pocas el calificativo de indie por la libertad de la que ha hecho uso, ligada a su guitarra eléctrica y esa voz de rockera fiera que recorre sus ocho discos, todos un éxito porque hacer lo que te apetece, como ella ha hecho, siempre es un triunfo.
La autora de Lava love tenía 12 años cuando comenzó a componer, 13 cuando actuó por primera vez en un show de su padre, músico también, y 15 cuando tuvo entre sus manos el primer contrato profesional. “Me ofrecieron mucho dinero, desde luego no había visto nunca tanto” recuerda la cantautora de aquella oferta, que rechazó porque “querían que me ayudaran a componer y que cantara en castellano, y yo no me veía haciendo eso en aquel momento”. A día de hoy se alegra de su decisión, “no hubiera mantenido el control, no tenía suficiente vocabulario ni experiencia para hacer el disco que yo quería”. Por eso no aceptó, y porque tenía fe en que sería capaz de hacer la música que imaginaba por sus propios medios, “y lo hice, me costó diez años pero lo hice” recuerda entre risas en un hotel de Barcelona.
Influida por los anárquicos conciertos de su padre, que tanto tocaba el himno de Escocia como versionaba a los Beatles, Ennio Morricone o Vangelis, Makovski encontró a su primera banda –o algo parecido- durante su paso por un internado, experiencia dura pero aligerada por la música. “Una vez conoces las reglas aprendes a saltártelas, al final me lo pasé bien porque conseguí hacer un grupo de amigos que también estaban interesados en la música”. De aquellos comienzos viene el Kradiaw, nombre del alter ego que utilizaba de pequeña para escribir historias y a la postre título de su primer disco, publicado años después. “Realmente acerté con este título porque en ese primer disco todavía me estaba buscando, buscaba mi voz, intentaba llegar a mis límites para ver quién era y eso se refleja en la música, con bastante fantasía”.
También fue entonces cuando Makovski comenzó a cantar en inglés, idioma que utilizaban habitualmente en su primera banda y que le servía para ocultar el significado de las letras. “Me venía bien soltar todo lo que tenía dentro sin que mi familia supiera exactamente lo que estaba diciendo”, explica de un idioma que ya no ha abandonado, convertido en una de las peculiaridades de su música. “Tengo muchas horas de vuelo en inglés ya, y quiero que la música siga estando a un nivel”.
El rock desgarbado de Kradiaw fue bien recibido por la crítica, aunque el gran salto se produjo con el tercer álbum, Maika Makovski, donde trabajó con John Parish, conocido por su trabajo como productor para Tracy Chapman, The Eels y sobre todo PJ Harvey. “Me cambió la vida, abrió muchísimas puertas en un momento en que tocábamos en baretos” recuerda Makovski, que a partir de entonces fue comparada una y otra vez con PJ Harvey. “Era el corta y pega de todos los periodistas, pero me lo tomaba con filosofía”, recuerda de esta ligazón con resabios machistas: “hay muchos hombres que han elegido el blues eléctrico como medio de expresión pero no me comparaban con ellos. Aunque tiene sentido porque compartimos productor”, reconoce.
En todo caso no era fácil ser mujer en el mundo del rock a comienzos de los 2000, “era muy rudo, todo lo femenino era considerado ñoño” recuerda Makovski, para quien colgarse una guitarra eléctrica supuso cruzar el Rubicón. “Sabía que lo quería hacer, no quería estar en la segunda división, quería jugar con los chicos y competir... Ilusa de mí, porque no te dejaban del todo”. Decidida a no ser una mera anécdota, Makovski evitó a quienes querían imponer su mayor experiencia o silenciarla y buscó gente con quien la relación fuera “más amable”, que encajara con su visión horizontal de las relaciones en la banda, que todo el mundo pueda hablar “aunque yo tenga la última palabra”, eso sí.
Que esta horizontalidad fue efectiva lo demuestra la presencia en el homenaje de todas las bandas que han escudado a Makovski, propensa a cambiar de formación cada vez que la música así lo exige. Además de invitados como Los Zigarros, Mikel Erentxun, Howe Gelb o Christina Rosenvinge, ahí estarán sus primeros músicos, los de Kradiaw, la banda de MKMK, la del más reciente Bunker Rococó así como las Mani-Las o el Quartet Brossa, prueba de su buena relación con todos los que han subido al escenario con la mallorquina.
Esta variedad también es el reflejo de una carrera ecléctica, donde el estilo ha sido una herramienta antes que un mandato. “Lo que quiero es expresar una idea, una emoción, es mucho más comercial una banda que repite lo que hace con asiduidad y la gente sabe a lo que va que un artista que se reinventa en cada disco”, reconoce, aunque no se arrepiente del camino que ha elegido: “No lo siento ni como un peaje, me parece algo natural con un retorno, que es poder hacer la música que quier y cuando quiero. Siento que tengo una carrera sólida, no habría podido hacer otra cosa porque me hubiera visto poco sincera, y eso acaba con la carrera de cualquiera, la gente lo nota”.


