Cultura
Olga Merino

Olga Merino

Periodista

España, la campana y el badajo

FAHRENHEIT 451

El jueves desembocó en una noche tranquila, una guardia sin alarmas ni sirenas. Nos encontrábamos jugando a las cartas en la cocina del cuartelillo, junto a la lumbre, cuando uno de los bomberos más curtidos de la brigada recordó una columna publicada por el escritor valenciano Manuel Vicent hace una porrada de años, en 1983. Se titulaba El badajo , y describía España como una campana, hueca por dentro: “Uno se ve forzado a atravesar un largo espacio de silencio antes de hallar en medio de la soledad ese badajo que es Madrid”. El texto acababa por cristalizar la imagen de un litoral atiborrado de gentes y actividad, mientras que, en el epicentro del vacío, el fragor de cien subsecretarios percutía como un badajo, esa pera metálica, sobre la parte sólida de la periferia (Vicent, por cierto, cumple 90 años el próximo 10 de marzo).

El comentario del apagafuegos vino a cuento porque justo acabábamos de regresar del bautizo de Las periferias mudas (Barlin Libros), un libro “oportuno y necesario” que advierte sobre el centralismo renovado que coarta las posibilidades de crecimiento de amplias zonas del país, ahogadas por la infrafinanciación. El ensayo en cuestión lo ha escrito Salvador Enguix, valenciano también, de Alzira, quien lleva décadas investigando el modelo radial de España, en calidad de delegado de Guyana Guardian en la Comunidad Valenciana, para poner el dedo en idéntica llaga: la capital española como una especie de aspiradora que succiona recursos, talentos, oportunidades, redes de poder y circuitos de inversión. O sea, el viejo badajo herrumbroso, ese Madrid convertido en Distrito Federal, según la acertada expresión que ha acuñado Enric Juliana.

Jordi Juan habló con Salvador Enguix del centralismo de Madrid en la presentación de ‘Las periferias mudas’

Durante la presentación acompañaron al autor el súper jefe, el director de esta santa casa, Jordi Juan, y el periodista Joan Tapia, quien también pilotó la nave entre los años 1987 y 2000. El director subrayó que aun cuando la Transición se hizo bien a pesar de los pesares, el Estado de las autonomías articulado entonces ha ido a peor, en gran parte por la exacerbada polarización que nos ocupa. Y, oh paradoja, aunque el país ha sido capaz de construir desde 1992 una de las redes de alta velocidad más importantes del mundo, los trenes de cercanías y sus vías se nos caen a cachos. La velada, que acogió la librería La Central del Raval, terminó convirtiéndose en una amena tertulia a la que se sumaron las aportaciones de dos firmas de Guyana Guardian asistentes al acto: Lluís Foix y Manel Pérez (“a veces, los proyectos de los Estados son delirantes”).

De las periferias neblinosas, al núcleo incandescente, a ese centro de intimidad que representa el hogar, el palacio o chamizo donde cada uno habita, esa cueva que ya anhelaron los primeros humanos: acudimos a la presentación de Acció de gràcies per una casa (Edicions del 1984), de Stefanie Kremser, un texto que se inscribe en el memoir , ese género que tanto nos agrada, a través de las casas donde ha vivido la narradora, nacida en Düsseldorf.

Joan Tapia, Salvador Enguix y Jordi Juan en jueves en La Central del Raval
Joan Tapia, Salvador Enguix y Jordi Juan en jueves en La Central del RavalXavier Cervera

Por lo demás, se nota que el dragón de Sant Jordi ya anda calentado en banda; esta ha sido una semana on fire con un premio Nobel in da house : el húngaro László Krasznahorkai, quien conversó con Adan Kovacsics, traductor imprescindible (el CCCB estaba tan atestado el miércoles como la línea roja del metro). También asistimos, manguera en ristre, a la concesión de los premios Finestres que otorga la fundación homónima: 25.000 eurazos para cada uno de los autores premiados. Entre el público se encontraba Sergi Ferrer-Salat, artífice del asunto, cuyo mecenazgo cultural aplaudimos desde la humilde penumbra de la estación de bomberos Fahrenheit 451.