
En los confines del nuevo “Congo boreal”
FAHRENHEIT 451
Tres frases volanderas para una semana intensita.
Uno: “El pasado no pasa; continúa vivo”.
Dos: “Estaba cansado de ver platos cuquis en Instagram”.
Y tres: “El Ártico es el nuevo Eldorado para Silicon Valley”.

Este último enunciado se lo escuchamos al reportero italiano Marzio G. Mian, veterano investigador en aquellos confines gélidos, quien disertó sobre su libro Guerra blanca . En el frente ártico del conflicto mundial (NED Ediciones) durante un desayuno en el Cidob, el centro de investigación de relaciones internacionales de Barcelona. No cabía en las mesas ni una sardinilla más. A los bomberos, el discurso del ponente se nos echó encima como hielo abrasador o un fuego helado, a la manera de aquel soneto de Quevedo, por la escalofriante magnitud de la deflagración que viene cociéndose en el polo Norte, donde confluyen los intereses de Rusia, China y Estados Unidos. El presidente de la piel naranja ya ha facilitado una concesión en Groenlandia a un cogollo de tecnoligarcas –incluidos Bill Gates y Jeff Bezos– “para que exploren un enorme yacimiento de níquel, cobre, cobalto, platino y tierras raras”, así como su extracción guiada mediante inteligencia artificial.
El Ártico y Groenlandia constituyen hoy el epicentro de un terremoto geopolítico
Mian desplegó, el miércoles, un fino arte en la construcción de analogías. Groenlandia, dijo, constituye una “tabla periódica gigante”, con un sinfín de elementos químicos raros, indispensables para el desarrollo tecnológico. Otra: la isla helada es el futuro Lejano Oeste. Aún más: el Ártico será el nuevo “Congo boreal”, una región que atesora recursos esenciales para sostener un modelo capitalista voraz. No solo por ahí transita el neocolonialismo extractivo; el cortocircuito climático ha abierto rutas marítimas en ese mundo congelado, de pureza primordial, nuevos derroteros que permiten acortar distancias y vadear los canales de Panamá y Suez, siempre con líos. A todo esto, Europa está a por uvas. Clausuró el encuentro Josep Borrell, presidente del Cidob.

Tampoco el lunes la brigada Fahrenheit 451 salió con mejor ánimo del diálogo en torno a otro conflicto: las heridas y los silencios de la Guerra Civil en el 90.º aniversario de su inicio. Lo mantuvieron los escritores Imma Monsó y Paco Cerdà en el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona al hilo de la exposición que allí se exhibe sobre el legado de Mercè Rodoreda, una charla sobre cómo la memoria de la contienda se ha instilado en sus más recientes obras, las respectivas La maestra y la Bestia (Anagrama) y Presentes (Alfaguara). Monsó, a quien como novelista le interesa “el despertar al horror”, ha emboscado en su texto el expediente del consejo de guerra al que fue sometido su padre por haber sido secretario de la CNT, circunstancia que ignoraba; Cerdà ha querido incluir en la narración la muerte de su bisabuelo, alcalde republicano, fusilado en el paredón de Paterna. También se llamaba Paco.
El pasado, en efecto, nunca pasa. Como se encargó de subrayar el escritor valenciano, parafraseando a Walter Benjamin, el pasado es una acumulación de sufrimientos de los vencidos que relampaguea en el presente, un aserto muy oportuno en estos tiempos de contramemoria, revisionismo fake y distorsiones varias. Estuvo muy pertinente el moderador del acto, el periodista Joan Burdeus, al preguntarse si aquel viejo mantra sobre la necesidad del recuerdo para evitar una repetición del pasado no se habrá hecho migajas después de lo sucedido en Gaza. Eso parece, a tenor del poco espacio que ya ocupa en las noticias el alcance de la represalia israelí.
Acerca de eso se conversó en la librería Finestres, el jueves, durante la presentación del libro Menú de Gaza (Colectivo W), de Mikel Ayestaran. Consciente de que no se permitiría el acceso de los medios a la franja y de que Israel recurriría allí “al cerco medieval del hambre y la sed”, el periodista guipuzcoano logró que el palestino Kayed Hammad y su familia le enviaran una foto y un mensaje de voz sobre lo que lograban comer cada día, un plato único muy lejos del brunch con aguacate que abunda en las redes. Arroz, arroz, arroz, alubias blancas, arroz, guisantes de lata, arroz, arroz, mientras caían las bombas. El muy humano empeño de resistir.

