Up & Down bajo cero

Juegos Olímpicos

Milán ha desplegado su alfombra roja de hielo con desfile de famosos, máxima sofisticación y precios de locos

Ilia Malinin of the United States falls during the men's free skate program in figure skating at the 2026 Winter Olympics, in Milan, Italy, Friday, Feb. 13, 2026. (AP Photo/Natacha Pisarenko)

En viernes 13 llegó el colapso inesperado de Malinin en el concurso individual, agarrotado por la presión y la expectación levantada alrededor de su figura

Natacha Pisarenko / Ap-LaPresse

Aunque sin fiordos ni tradición alpina permanente, Milán se ha coronado como capital ilustrada del hielo en estos Juegos de invierno que han confirmado que la virtud en su versión 2026 es, ¡sorpresa!, el equilibrio. La tesis que avala que la nueva épica, al menos en este terreno, ya no consiste en volar sino en caer suave y saber mantener el pie y sobre todo la calma se inauguró con el espectacular trompazo múltiple iniciado por Corinne Stoddard que regaló la victoria a Xinran Wang en los 500 metros de pista corta. Y la rubricó, ya lo saben, el pobre Ilia Malinin.

Vimos en ese Milán de hielo al sacerdote del cuádruple Axel, favorito por aclamación estadística, colapsando (no tan inexplicablemente) en la final olímpica que el mundo entero le había asignado por adelantado. Le aplastó el sobrepeso de la expectativa, esa ovación estratosférica con que rugió el Milano Speed Skating Arena y, probablemente, que todo eso pasó en un viernes 13.

El caso es que, con un ejercicio impecable de no ser por los dos castañazos que probablemente él ya sospechaba que podían llegar para destrozarlo (“ser la gran esperanza para el oro olímpico es mucho por lo que lidiar”, declaraba todavía roto hace tres días), a Malinin le tocó ser solo octavo.

El hielo, que es un juez sin el sentimentalismo que Djokovic viralizó en la previa cuando aplaudió en riguroso directo al rubísimo americano volando hacia atrás en ese mortal tan espectacular como innecesario (se entendió que hubiera estado tanto tiempo prohibido cuando el francés Adam Siao casi se mata al aterrizar en su intento) vino a recordarnos a todos que la expectativa, como el bellísimo mortal atrás, no puntúa. Y que sin ella, sin esa presión que en uno de los días más locamente esperados de estos Juegos casi ahoga al niño prodigio del hielo y a su aura (solo equiparable a titanes del esquí como Lindsey Vonn, Mikaela Shiffrin, Marco Odermatt), los que sí puntuaron fueron el kazajo Mikhail Shaidorov (igual de asustado que Malinin, pero por motivos opuestos, acumula dos noches sin dormir y felicitaciones de Estado) y los japoneses Kagiyama y Sato, sin que el acceso al podio haya siquiera medio viralizado su nombre.

Un día te tropiezas con Djokovic alucinando con Malinin y otro con Marisa Abela, Simone Biles o George Clooney

¡Ah! Y para más sorpresas en riguroso directo, la rapidez con que el coreógrafo francés Benoit Richaud, otra sensación olímpica inesperada, se cambiaba la chaqueta de país cada vez que acompañaba a alguno de los dieciséis patinadores en su lucha olímpica entre los que se encontraban el español Tomàs Guarino, el de los Minions. Una media de catorce segundos necesitaba para ejecutar sus cambios de vestuario del que muchos ya han rebautizado como la Anna Tarrés del patinaje.

Ilia Malinin of the United States competes during the men's free skate program in figure skating at the 2026 Winter Olympics, in Milan, Italy, Friday, Feb. 13, 2026. (AP Photo/Ashley Landis)

El patinador Ilia Malinin asombró al mundo, y a Djokovic, vibrando en la grada, con un salto que llevaba décadas prohibido por su alto riesgo

Ashley Landis / Ap-LaPresse

En este Milán reconvertido en la gran alfombra roja de las estrellas del hielo (monumental también en patinaje el récord olímpico que se sacaron de la manga los japoneses Riku Miura y Ryuichi Kihara al son de Gladiator en el programa libre de parejas ), un día te tropiezas con George Clooney y al otro, o el mismo, con una Simone Biles todavía conmocionada por el (casi) robo del que durante su paseo por Via Monte Napoleone fue objeto su marido, que no es otro que el enorme (al menos, a su lado) Jonathan Owens. A quien se ha visto muchas veces por aquí es a Pau Gasol y (casi) siempre a Raynald Aeschlimann. Con más pinta de James Bond que el propio 007, es el consejero delegado de Omega y por tanto quien trae y recibe a la corte de embajadores de la firma cronometradora de estos y de todos los Juegos desde 1932.

Son los famosos que no se perdieron, solo faltaría, los momentazos de Malinin, el bueno y el malo, y que también estuvieron en el debut olímpico de Nil Llop y Daniel Milagros que hizo aflorar un par de banderas españolas (y una estelada) en la grada del imponente Milano Speed Skating Stadium. Y, por supuesto, es la corte de celebridades que ha ido acudiendo casi a diario al Milano Santagiulia Ice Hockey Arena diseñado específicamente para acoger este deporte en el que el tortazo y el cuerpo a cuerpo forman parte del reglamento.

Fue ahí donde los fans de Industry descubrieron a Marisa Abela, la Amy Winehouse del biopic, observando con fascinación casi antropológica el choque de rubios que proporcionó un desigual Suecia-Finlandia. Alucinada, se mezcló con la marea de entendidos seguidores (chillones, divertidos y decididamente cerveceros) de esta especialidad que es ahora combustible cultural parala serie Hea­ted rivalry de HBO. Gracias a ese fenómeno mediático, las broncas sobre hielo se han dramatizado y ahora todo encontronazo es susceptible de convertirse en escena de serie prémium. Capaz de eso, y más, mucho más, es el gran favorito, el equipo de Canadá, que, si no hace un Malinin, muy pronto estará besando el oro. Aunque vestidos por Lululemon, la firma con que el multimillonario Chip Wilson expresó su amor por el yoga y una visión por los negocios fuera de serie, ya han proporcionado la, de momento, escena menos yin y más peliculera del año. Corrió a cargo de otro Wilson, Tom, que se lio a puñetazo limpio con Pierre Crinon (el divo francés al que ­también hay que dar de comer aparte) en la pelea que casi termina en doble expulsión definitiva y que fue, por supuesto, tan virali­zada o más que los batacazos in­dividuales del dichoso viernes 13.

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Marcando distancia de las gélidas Dolomitas y demás sedes elevadas donde Oriol Cardona ha vibrado en oro como la estrella que es y se ha visto a Snoop Dogg de entrenador espiritual del USA Team de esquí y curling, Milán se ha ganado su particular gloria olímpica. Con sofisticación, precios desatados (todo es carísimo en las tiendas oficiales que en territorio Armani expresan un punto de moda inexplicablemente bajo) y orgullo latino. ¿Y los del ICE? Si están, no han sido vistos. Quizá permanecen eclipsados por las banderas y cabezas de águilas calvas con que sus compatriotas defienden su mayoría absoluta en las gradas ante la ola naranja de los Países Bajos. Sus colores, y el mensaje de que en el hielo todo es reversible, tiñen el panorama.

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