Son casi las once de la noche cuando los protagonistas van desfilando por la sala de prensa de la Philippe Chatrier: han pasado nueve horas desde que el partido había echado a volar...
Juan Carlos Ferrero trae los ojos rojos. Parece desfondado, harto de pensar y repensar, de reformular cosas sobre la marcha.
El técnico de Alcaraz se confiesa:
–Con el 0-40 y las tres bolas de partido en contra, Carlos me ha mirado y le he dicho: ‘Vamos’. No diré que creía a ciegas que fuera a hacer esta remontada, pero con él todo es posible. Carlos ha nacido para vivir este tipo de momentos. Cuando era joven ya vivía estas circunstancias, y siempre iba a por ellas. Nunca, ni de crío, le he visto tirar un partido.
Jannik Sinner también trae el rostro congestionado.
Dice que le cuesta hablar de todo esto, que le duele y no sabe muy bien qué decir.
Si ponen este partido entre los más épicos de la historia, solo diré que es un honor”
–¿En qué pensaba cuando estaba en el banco y Alcaraz se abrazaba con sus familiares?
–Es obvio. Lo único que podía hacer era pensar en empezar de cero. Cuando el partido se ha acabado se ha acabado, ya no puedes cambiar nada. Solo puedo decir que me siento feliz por haber sido parte de este partido. Tuve la oportunidad de jugar con Djokovic, Nadal y Federer en Grand Slams, y ahora me gusta comprobar que mis duelos con Alcaraz despiertan este interés en el mundo del tenis.
Cuando aparece al fin, en el último turno de esta sesión interminable, Carlos Alcaraz trae otro posado. Trae una sonrisa.
Le decimos que este partido podría estar a la altura del Borg-McEnroe de Wimbledon de 1980, o del Djokovic-Nadal del Open de Australia del 2012, o del Nadal-Federer de Wimbledon en el 2008. Y él contesta:
–Creo que ha sido el partido más épico de mi vida. Honestamente, si la gente pone este choque en la mesa de los más grandes, para mí es un honor.
–¿Cómo ha resuelto la situación de crisis?
–Estaba sintiendo que todo lo que Sinner hacía eran winners, y no cometía errores. Ese era mi sentimiento al principio del tercer set. Lo que he hecho ha sido seguir peleando, sobre todo al sentir el apoyo del público. Entre ellos y mi fe he sido capaz de volver. Lo que he pensado es que era hora de ir a por él y de olvidarme de los errores.
Salvar los tres match points fue increíble, pero no fueron grandes puntos”
–¿Y cómo recuerda esas tres bolas de partido en contra?
–Salvar los tres match points en contra fue algo increíble, pero esos no fueron grandes puntos. Los ha habido mejores, ha habido algunos no sé ni cómo los he ganado.
–Y alcanzar el quinto Grand Slams exactamente a la misma edad que Nadal ganaba su quinto también, ¿significa algo para usted? (22 años, un mes y tres días).
–Es una coincidencia, supongo que es el destino.
Solo puedo decir que me siento feliz por haber sido parte de este partido”
–¿Le gusta la presión?
–Honestamente, prefiero ganar en tres sets. Pero cuando la situación se te pone en contra tienes que seguir peleando. En una final del Grand Slam no es el momento de rendirse. Supongo que los grandes campeones se elevan en esos momentos y yo quiero ser uno de ellos.


