El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas celebró este lunes la primera reunión de emergencia que solicitaba Somalia. El motivo era de peso: el viernes, Israel se convirtió en el primer país en reconocer la independencia de Somalilandia, una de las tres regiones de este país del Cuerno de África y, sin duda, una joya geopolítica para quien busca controlar el tráfico marítimo entre el océano Índico y el Mediterráneo por el estrecho de Bab al-Mandab.
Jóvenes somalíes sostienen una imagen de Netanyahu durante la protesta en Mogadiscio ante el anuncio de Israel de ser el primer país en reconocer la independencia de Somalilandia
La noticia, celebrada en este pequeño enclave donde el 97% de los somalilandeses votaron en un referéndum de 2001 a favor de la independencia, fue condenada a lo ancho y largo del planeta. La mayoría de las capitales árabes emitieron comunicados en los que rechazaban la decisión de Israel. Organismos regionales como la Unión Africana o la Liga Árabe denunciaron el primer caso de un Estado miembro de la ONU que reconocía la estatalidad de Somalilandia como un atentado contra la integridad nacional somalí. Turquía, que en los últimos años ha encontrado en el país africano un gran aliado, también la describió como “ilegal”.
No es desdeñable la reacción de los hutíes, que junto a Hizbulah lideraron una campaña de actores paraestatales contra Israel durante la guerra en Gaza, y que, desde sus posiciones en Yemen, operan a menos de 250 kilómetros de distancia del territorio que ahora Tel Aviv reconoce como somalilandés. El líder del grupo armado proiraní, Abdulmalik al Houthi, advirtió en un comunicado que cualquier presencia de Israel en el territorio sería considerada “objetivo militar” a partir de ahora.
Este lunes, mientras las calles de Mogadiscio —la capital somalí— seguían llenas de manifestantes, el presidente Hasan Sheij Mohamud ponía rumbo a la reunión de emergencia del Consejo de Seguridad de la ONU en Nueva York. El próximo 1 de enero, Somalia asumirá también la presidencia de turno del Consejo.
“Mira el mapa y lo entenderás todo”
La jugada ya se veía venir. Durante los últimos meses, Tel Aviv ha estado enviando a Hargeisa —principal ciudad de esta región somalí— delegaciones que incluían a agentes del Mossad, al propio ministro de Exteriores, Gideon Saar; y, casi siempre, a Tzachi Hanegbi, un exasesor de seguridad nacional que dirigió las negociaciones y consiguió la luz verde del primer ministro, Beniamin Netanyahu, el pasado mes de octubre. Según ha revelado en los últimos días el Times of Israel, Netanyahu ya había recibido en secreto en Jerusalén al presidente de Somalilandia durante el verano.
La principal preocupación del presidente somalilandés, Abderramán Mohamed Abdulahi, era que, si Israel se convertía en su aliado oficial, los hutíes lanzaran desde el norte una campaña militar contra el territorio controlado por el gobierno somalilandés. Según el diario israelí Yediot Ajronot, Tel Aviv y Hargeisa redactaron conjuntamente una declaración de amistad que solo se ha publicado cuando se ha considerado oportuno.
Parte del interés de Israel por reconocer a esta región somalí como Estado reside en que Somalilandia está a orillas de una ruta por donde pasa el 12% del comercio marítimo global. “Mirad su posición estratégica y lo entenderéis todo”, dijo este fin de semana al mismo medio un alto funcionario israelí.
Pero eso no es todo: Netanyahu también busca ejercer de contrapeso a la creciente influencia de Turquía en la región, que se canaliza a través de la cooperación económica entre Ankara y Mogadiscio y, fundamentalmente, de la Turksom, la mayor base militar del gobierno de Recep Tayyip Erdogan fuera de las fronteras turcas.
¿Servirá de precedente?
La veda abierta por Tel Aviv amenaza con llevar a otros países a reconocer la estatalidad de Somalilandia, hasta ahora una región somalí en disputa. Este fin de semana, entre las condenas de Qatar, Arabia Saudí o Kuwait por la decisión de Israel faltaba un comunicado de Emiratos Árabes Unidos. No es coincidencia: durante los últimos años, Abu Dabi también ha entablado relaciones con el territorio somalí. Aunque no ha dado indicios aún de querer reconocer formalmente a Somalilandia, la monarquía árabe opera una base militar en la ciudad portuaria de Berbera, en la costa del golfo de Adén.
En cuanto a Estados Unidos, puede que la decisión de Israel sirva de precedente para que pronto abra en Hargeisa una embajada norteamericana. Aunque Trump reaccionó a la noticia de este fin de semana quitándole importancia al territorio africano (“¿Alguien de verdad sabe qué es Somalilandia?”, le dijo a un periodista del New York Post), su aliado y senador republicano Ted Cruz lleva meses intentando que la Casa Blanca reconozca la independencia de esta región somalí. Cruz, que preside la Subcomisión de Relaciones Exteriores del Senado estadounidense para África, dijo en agosto que Somalilandia podría ser un “socio diplomático y de seguridad fundamental” para Trump. El presidente, por ahora, ha prometido al Post neoyorquino que “estudiaría el asunto”.


