Internacional

Los tecno-oligarcas también lloran

visión periférica

Sábado 7 de febrero, barrio de Pacific Heights, zona residencial de lujo de San Francisco (California) conocida en todo el mundo por el estilo victoriano de sus casas. Una treintena de personas se manifiesta con rudimentarios carteles en defensa de los multimillonarios, amenazados por la propuesta de un nuevo impuesto estatal. Frente a ellos, una docena de contramanifestantes disfrazados de ricachones de época se burlan de ellos, dando al conjunto un aire de charlotada.

Detrás de la Marcha por los millonarios está un joven emprendedor, Derik Kauffman, de 26 años, creador de una startup de inteligencia artificial (RunRL), que no es multimillonario pero sin duda aspira a serlo. Para Kauffman, la fiscalidad especial que podría aprobar el estado de California es un atentado contra Silicon Valley.

En California, como en EE.UU., los más ricos solo pagan de renta el 24%, por debajo de la media del 30%

El objeto de debate es una proposición de ley impulsada por el sindicato de trabajadores de la salud SEIU-UHW que propone un impuesto de emergencia –aplicable una sola vez– del 5% sobre el patrimonio de aquellos contribuyentes cuya riqueza supere los 1.000 millones de dólares. Los ingresos, calculados en unos 100 millones, deberían servir para salvar al sistema sanitario de los recortes federales impuestos por la Administración Trump. Para que la propuesta siga adelante y sea votada el próximo otoño, sus impulsores deben recabar 874.000 firmas antes del 24 de junio. Cuentan en su favor con el apoyo del senador demócrata Bernie Sanders, pero chocan con la oposición del gobernador, el también demócrata Gavin Newsom.

La idea se inspira en la llamada tasa Zucman –por el nombre del economista que la propuso, el francés Gabriel Zucman–, que plantea imponer un impuesto mundial del 2% sobre el patrimonio neto a todos aquellos contribuyentes cuya riqueza supere los 100 millones de dólares. Lo que reportaría a las arcas públicas globales unos ingresos adicionales de 500.000 millones de dólares al año.

Bernie Sanders abandona el escenario tras un mitin, el miércoles, a favor del impuesto sobre los ricos
Bernie Sanders abandona el escenario tras un mitin, el miércoles, a favor del impuesto sobre los ricosPATRICK T. FALLON / AFP

La iniciativa californiana ha soliviantado ya a los grandes oligarcas tecnológicos y algunos se han apresurado a cambiar su residencia fiscal o trasladar total o parcialmente sus activos. Así lo han hecho los fundadores de Google, Sergey Brin y Larry Page, y el gurú del libertarismo anarcocapitalista Peter Thiel (Clarium Capital, cofundador de Paypal y Palantir). El estado de Florida, marcadamente conservador, se está erigiendo en el nuevo Eldorado de los multimillonarios de la tech . Además de los ya citados, han adquirido asimismo propiedades en la zona de Miami Mark Zuckerberg (Meta) y Jeff Bezos (Amazon), mientras que Elon Musk (Tesla, Space X) ha preferido exiliarse en Hawai. Solo un alto directivo tecnológico, Jensen Huang, CEO de Nvidia, ha manifestado su intención de seguir en California y pagar los impuestos que le toquen.

Si entre expertos y políticos hay disparidad sobre los efectos de un impuesto especial sobre los multimillonarios –justamente por el riesgo de fuga fiscal–, lo que sí despierta una opinión unánime es que los ultrarricos no tributan lo que deberían. Según un informe de las universidades californianas de Berkeley y Davis y la de Misuri, citado por Los Angeles Times , los 200 milmillonarios de California –con una riqueza de 2,2 billones de dólares– sólo pagan el 24% de impuestos sobre sus ingresos reales, frente a un promedio del 30% del conjunto de los contribuyentes. Y lo mismo sucede en todo EE.UU.

Los activistas contra una fiscalidad especial para las grandes fortunas alegan que los multimillonarios crean riqueza. Desde luego, la suya propia no ha parado de crecer. Según el Informe Mundial sobre la Desigualdad de 2026 elaborado por el World Inequality Lab (WIL) –dirigido, entre otros, por el economista Thomas Piketty–, el 10% más rico de la población mundial posee tres cuartas partes de la riqueza total, mientras que la mitad más pobre solo posee el 2%. Y el 0,001% de los más ricos entre los ricos –cerca de 60.000 multimillonarios–, controla hoy tres veces más riqueza que la mitad de la humanidad en su conjunto, cuando hace treinta años, en 1995, solo era el doble.

“Esta concentración –alerta el informe– no solo es persistente, sino que se está acelerando”. Desde la década de 1990, la riqueza de los multimillonarios ha crecido un 8% anual, casi el doble que la de la mitad más pobre de la población. Sin que ello se traduzca en una mayor contribución fiscal: “Las tasas efectivas del impuesto sobre la renta aumentan de forma constante para la mayoría de la población, pero caen drásticamente para los multimillonarios”. “Este patrón regresivo –añade– priva a los estados de recursos para inversiones esenciales en educación, sanidad y acción climática, y socava la equidad y la cohesión social”.

Lejos de sentirse interpelados, los nuevos tecno-oligarcas utilizan todo su poder económico y su influencia política no solo para combatir toda iniciativa tendente a subirles los impuestos, sino para cuestionar de raíz el papel redistribuidor del Estado, que querrían ver reducido a la mínima expresión, y alentar un estado de opinión cercano a la insumisión fiscal. Peter Thiel, el ideólogo que colocó a J.D. Vance en la vicepresidencia de EE.UU., prefiere gastarse el dinero en millonarias campañas anti impuestos que en pagar a Hacienda. Las redes sociales promueven a miles de influencers que, refugiados en paraísos fiscales (niñatos que se beneficiaron del Estado del bienestar y ahora no quieren contribuir), se dedican a fomentar activamente esta idea, retomada a su vez por los partidos ultraconservadores y de extrema derecha de todo el mundo en nombre de la libertad . La paradoja es que van camino de convencer a las clases populares y medias empobrecidas, que después serán las que acabarán pagando el pato de los recortes. Los argentinos saben algo de eso.

Subdirector de Guyana Guardian, especializado en política internacional. Excorresponsal en París (2005-14), ha dirigido las secciones de Internacional, Política y Vivir. Autor de "Por qué amamos a los franceses (pese a todo)" (Diëresis, 2024)