La ‘quedada’ de los ‘therian’ en el Arc de Triomf de Barcelona defrauda las expectativas
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Muchos curiosos y pocos ‘animales humanos’ en un delirante acto de exaltación del friquismo

Algunos de los asistentes que se dejaban fotografiar encantados con sus máscaras

¿Tribu urbana? ¿movimiento? ¿subcultura? ¿trastorno de personalidad? ¿reencarnación? ¿aburrimiento? ¿fenómeno en instagram? Son la comunidad Therian, que integran jóvenes que se identifican psicológica y espiritualmente como animales concretos (en su mayoría perros, zorros o lobos, aunque también hay caballos, gatos y hasta focas). Cada vez son más frecuentes las “quedadas” que organizan en espacios públicos de distintas ciudades del mundo. Y la primera que hoy acogía Barcelona, en el Arc de Triomf, ha decepcionado a una multitud a la caza y captura de personajes que no acababan de saber si eran auténticos Therian o amigos que se acababan de comprar una máscara en el chino más cercano.

No hubo nadie caminando a cuatro patas ni se oyeron ladridos o aullidos humanos, pero sí gritos que indicaban que había que correr hacia un lado o hacia otro, con el móvil a lo alto, en busca de carnaza para el directo de Instagram. Nadie reivindicando el animal interior con el que conectan, pero sí una muchedumbre asalvajada perdida por el paseo Lluís Companys.
La cita, que había circulado por las redes con un cartel muy similar al de otras ciudades del país, era a las 18,30h, pero mucho antes la zona estaba abarrotada, primero por jóvenes que disputaban sucesivos pulsos en una mesa para ese fin y luego en busca de los “animales humanos”.

Ha habido quien ha lanzado al aire pienso para perros y gatos para provocar a unos Therian auténticos que, si han estado por la zona, no se has mostrado. Tal vez lo era una chica con orejas de conejo que empezó a agobiarse al quedar completamente rodeada de cámaras y se escabulló afirmando con voz temblorosa “yo no soy Therian”.

¿Lo era un niño pequeño vestido de plátano gigante del que asomaba un caniche de peluche? A juzgar por la atención, si no lo era estaba encantado de acaparar la atención, al igual que cuatro amigos con el pecho descubierto e idénticas máscaras perrunas. Si hubo Therian, la muchedumbre y las expectativas los asustaron más que a un chucho un petardo en una noche de verbena. “Hay futuro”, suspiraba una chica que se temía una jauría humana

