Catalunya
Enric Sierra Diaz

Enric Sierra

Vicedirector

Claves para resolver el desastre de Rodalies

A pie de calle

La mayúscula crisis de movilidad que sufre Catalunya ha destapado una precariedad de las infraestructuras ferroviarias que supera todo lo que imaginábamos y que obliga a replantear los planes de inversión, supervisión y de gestión. Esto significa, entre otras cosas, que habrá que revisar en profundidad el reciente pacto del traspaso de Rodalies a la Generalitat para evitar caer en una nueva trampa similar a la cesión del servicio firmada el 2010 y que a la práctica cronificó los problemas de una red que hace aguas por todos lados.

Los últimos temporales han dejado en evidencia los múltiples agujeros de seguridad en el servicio de Rodalies que utilizan 400.000 personas cada día. Ha puesto al descubierto la incompetencia de la empresa Adif, encargada del mantenimiento de la infraestructura, porque ha sido incapaz de detectar los numerosos puntos críticos que ponen en riesgo la vida de los maquinistas y de los viajeros. Es impresentable que firmaran varios certificados consecutivos garantizando la seguridad de la red de Rodalies mientras se sucedían los desprendimientos. Por el bien de todos, quien haya firmado esos certificados debería ser cesado.

También se ha mostrado la incapacidad de Renfe que se ha visto desbordada completamente por una situación que sabían que era mucho más grave de lo que nos decían y que ha intentado tapar desoyendo incluso las instrucciones de la Generalitat de parar los trenes, como se vio este sábado. Igualmente, hemos comprobado que el papel del Govern, titular del servicio, es secundario porque depende totalmente de Renfe y Adif que tienen el control ejecutivo de la red ferroviaria.

Y finalmente, no olvidemos a los 140 maquinistas de Renfe en Catalunya que han llevado al límite su presión dejando Rodalies sin trenes para demostrar lo mal que estamos y colapsando la movilidad de centenares de miles de ciudadanos.

Accesos a los andenes cerrados en una estación de Rodalies
Accesos a los andenes cerrados en una estación de RodaliesMaria Garcia / ACN

¿Qué hacemos ante esta crisis sin precedentes? El país no se puede quedar sin trenes. El servicio debe funcionar allí donde sea seguro. No es de recibo que se aplique el todo abierto o todo cerrado. Si el funcionamiento convencional de Rodalies era pésimo, no podemos pasar a un nivel peor. Hay que activar un plan de choque que disponga de controles externos para que los sospechosos habituales hagan las obras correctamente. Ya estamos hartos de chapuzas.

Pero además de esta actuación urgente, es necesario revisar los planes previstos que han quedado obsoletos. Por ejemplo, la línea R1, la más antigua de la península ibérica, y la R2 corren peligro. El último temporal volvió a mostrar que las olas del mar socavan las vías, como ha pasado en Badalona, o impactan en los trenes que llevan camino de convertirse en una franquicia de la atracción Tutuki Splash del Port Aventura.

La crisis de la movilidad no tiene precedentes y cuestiona un modelo de gestión fracasado

Los efectos del cambio climático en el litoral son muy evidentes y empieza a ser peligroso tener una vía de tren en primera línea de mar. ¿Hay alguien pensando en una solución? La R1 será la primera línea que se traspasará a la Generalitat y si no se tiene en cuenta este relevante factor, el traspaso será un regalo envenenado.

Lo mismo sucede con el resto de líneas que transcurren por zonas boscosas o vinculadas a otras infraestructuras como las carreteras (recuerden lo sucedido en la AP-7 en Gelida o en Maçanet). Estos trazados se diseñaron en un contexto que ha cambiado y es evidente que el modelo actual de mantenimiento y planificación está obsoleto porque no lo ha previsto. Tampoco es aceptable l a propuesta anunciada ahora de parar todo el servicio de Rodalies cada vez que se anuncie un temporal.

También es importante abordar la situación de los maquinistas. No me refiero a la seguridad sino a su malestar por trabajar en Catalunya. No están a gusto aquí y no quieren depender de la Generalitat. Por no querer, ni tan solo aceptan llevar uniforme que los distinga ante el pasaje. El 80% de los maquinistas son de fuera de Catalunya y la mayoría piden el traslado antes de cumplir los tres años de servicio para acercarse a sus lugares de origen donde el coste de la vida es menor.

Políticamente no debería ser difícil llevar a cabo el plan de choque y la revisión profunda de la red ferroviaria porque los gobiernos central y catalán son del mismo color. Aunque esa afinidad ha brillado por su ausencia en la gestión de esta crisis de movilidad. La Generalitat compareció sola públicamente para dar explicaciones del desastre perpetrado por Adif y Renfe. La consellera de Territori, Sílvia Paneque, se comió el marrón en solitario, en ocasiones junto al conseller de Presidència, Albert Dalmau, sin la compañía del ministerio o de las empresas públicas responsables del desaguisado. No fue hasta el sábado que se sumó el secretario de Estado de Transportes.

La consellera de Territori, Sílvia Paneque, a Barcelona
La consellera de Territori, Sílvia Paneque, a BarcelonaRedacció / ACN

Es relevante que esta imagen de soledad se diera tan solo una semana después de la foto de Paneque con el ministro de Transportes, Óscar Puente, y el presidente de Renfe, Álvaro Fernández, en la constitución de la empresa mixta Rodalies de Catalunya, nacida con el objetivo de acabar con el suplicio eterno que sufren los usuarios. Esta empresa puede ser una encerrona porque el teórico poder que se ha adjudicado a la Generalitat no es real y está tutelado por Renfe, Adif y los maquinistas.

Esto es así porque la Generalitat, a pesar de presidir la nueva empresa, no tiene la mayoría del accionariado que está en manos de Renfe para contentar a los maquinistas que se oponen al traspaso de Rodalies. Además, el control de las infraestructuras ferroviarias sigue en poder de Adif, que cuenta con un bagaje más que discutible. Así que cualquier cosa que decida la Generalitat requiere del permiso de Renfe, la complicidad de Adif y el visto bueno de los maquinistas que siempre tienen la llave para paralizar el servicio. Sin olvidar que la nueva empresa no dispone de presupuesto y las inversiones siguen dependiendo del Gobierno central.

Catalunya necesita un nuevo plan que no pueden liderar los causantes del problema

¿Qué margen le queda a la Generalitat? Muy poco. Rodalies de Catalunya SA ha tenido un mal comienzo. Parece que el verdadero plan ha sido cambiarlo todo para que nada cambie. La crisis de estos días constata que el modelo ha fracasado y la gestión no puede seguir en manos de los causantes del problema. El traspaso debe ser íntegro. Esto significa: recibir el dinero tantas veces prometido para las inversiones necesarias, despedir a Adif y encargar los proyectos a la empresa pública Infraestructures de Catalunya, tomar el control de la red ferroviaria, tener una plantilla propia de maquinistas y romper con el viciado sistema de gestión de Renfe para colocar al viajero en el centro. Dirán que es una quimera, pero lo que tenemos ahora ya no da más de si.

Enric Sierra Diaz

Enric Sierra Diaz

Vicedirector

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Periodista nacido en Arenys de Mar. Vicedirector de Guyana Guardian. Antes trabajó para medios como El Punt, El Correo Catalán, Cadena 13, Agencia EFE, TVE, Avui o 20 Minutos

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