Ni maceta ni bonsái: así es el kokedama, la antigua técnica japonesa de bolas de musgo que vuelve a estar de moda en las casas
Jardinería
Pueden hacerse en casa con musgo, tierra, cordel y una buena dosis de paciencia y práctica
Álvaro Pedrera, experto en jardinería, sobre regar las plantas: “Si lo haces una vez a la semana, estás cometiendo uno de los errores que más plantas se ha cargado”

Un grupo de personas aprendiendo jardinería ornamental con la técnica japonesa Kokedama
El kokedama vuelve ha recuperar protagonismo en hogares y espacios de interiorismo. Esta técnica, cuyo nombre procede del japonés —koke significa musgo y dama, bola—, consiste en cultivar plantas ornamentales dentro de una esfera compacta de sustrato recubierta de musgo. Su origen se remonta a hace siglos en Japón, como una variante popular vinculada al arte del bonsái.
Con el tiempo, dejó de ser un recurso humilde para convertirse en un elemento decorativo con identidad propia. El concepto ya se conocía antes de viajar a Japón, pero como apunta el diario The Telegragh, los kokedamas vivieron un auge internacional durante la fiebre por las plantas de interior a mediados de la década de 2010, cuando se popularizaron con especies delicadas como helechos culantrillo o alocasias.
¿Cómo hacer un kokedama?
A diferencia del bonsái, su elaboración es accesible para aquellos sin experiencia previa. La técnica parte de extraer el cepellón de la planta de su maceta original y compactarlo firmemente con una mezcla adecuada de sustrato hasta formar una bola del tamaño aproximado de un coco.
Después se envuelve con láminas de musgo denso y se ata con cuerda, que puede dejarse visible como parte del diseño o utilizarse para colgar la pieza. La elección de la planta es clave: conviene tener en cuenta el lugar donde se colocará y la cantidad de luz disponible.

Helechos resistentes o bulbos en crecimiento suelen ser buenas opciones para principiantes. Lo importante es que la planta pueda desarrollarse en condiciones óptimas de luz y humedad dentro de la esfera de musgo.
Para quienes deseen hacer una en casa, se recomienda mezclar sustrato sin turba con compost para bonsái o arena gruesa que facilite el drenaje, hasta lograr una textura moldeable, similar al barro. Una vez formada la bola alrededor del cepellón y eliminada la humedad sobrante, se cubre con musgo y se fija con cordel cruzado.
Para ubicarlo, lo ideal es ponerlo en bases de madera o cerámica, o bien colgarse a distintas alturas para crear composiciones dinámicas.
¿Cómo se cuidan?
Para regarlas, basta con sumergir la bola en un recipiente con agua durante unos veinte minutos y dejarla escurrir el mismo tiempo antes de devolverla a su lugar. La frecuencia dependerá de la especie elegida y del ambiente, aunque un indicio práctico es el peso: cuando la esfera se nota más ligera, suele necesitar agua.
Si las hojas están secas o menos flexibles indican falta de riego y si se ablandan o amarillean, puede haber exceso. No se debe apretar la bola para drenar, sino permitir que el agua salga de forma natural.

En los meses cálidos conviene pulverizar la superficie y, si se utiliza fertilizante orgánico, añadirlo diluido en el agua de riego. Rotar la planta y retirar hojas secas ayudará a mantener el equilibrio y la salud de estas pequeñas esculturas vegetales que vuelven a reivindicar su lugar en varias casas.
