Este año seremos vergonzosamente humanos
Tendencias 2026
En el ejercicio imposible de prever el porvenir, la redacción de Magazine ha elaborado una lista con las tendencias venideras para este año en el que no podemos permitirnos ser menos humanos

La ilustradora Ana Jarén dibuja el trazo humano en todo su esplendor manifestando todas las tendencias en esta pequeña escena cotidiana

No es una provocación, es una invitación.
Una que se asemeja más a una melodía, la cual, según creemos, podremos instrumentar este 2026. Tras un año pleno de tendencias con más o menos sentido (preguntémonos por qué habrá despertado tanta fascinación un Labubu...), los medios han colapsado en un imperio industrial de la atención.
Nuestra identidad ha perdido el medio por la abundancia y entre los daños colaterales: nuestro estilo. Al no ser un problema matemático, falla nuestra relación con él. Requiere de sinapsis humana, claro. Y en tiempos en los que la IA gana espacio, forma y personalidad, esa sinapsis parece no ser popular. Es por eso que importa crear espacios o medios en los que se permitan la libre circulación de ideas, voces y referentes para la formación de la identidad y su manifestación más plena, el estilo. Por eso importa hacer buenas revistas.
Es nuestro deber este año rebelarnos ante lo homogéneo. Buscar la trascendencia en nuestros pasos, gestos y vestimentas. Enfundarnos del acto humano, asumiendo que formamos parte de algo más grande. No es un mal momento para declararnos, como lo acuñó Susan Sontag, camp. Porque ya no nos mueve la imagen perfecta, nos mueve la honesta. La que no rehúye del horror ante el viejo mundo. “Camp es la glorificación del carácter (...) Es un tipo de estética. Un modo de ver el mundo como un fenómeno estético”, decía Sontag (ya me disculparán las citas pedantes, pero permítanos jugar, ser intencionales). El término viene al caso en estos tiempos en los que ya no podemos obviar el artificio. Debemos señalarlo, reconocerlo, jugarlo y abanderarlo como parte de nuestra expresión. Contagiarlo de nuestro error, nuestro gesto humano.
Como el arte del butoh, la llamada danza de la oscuridad nacida en Japón tras el trauma de la guerra y el shifting cultural, seremos un movimiento grotesco, maximalista, descentrado, que reconocerá aquello que la IA no se permite: el error, la vergüenza. No somos comunes ni corrientes, titula el comediante japonés Kunoichi Katsura a su columna en Popeye Magazine. Y resulta ser un resumen perfecto del absurdo de nuestro ser. Tras años cancelando esa arista humana en la esfera digital, es imperativo para la supervivencia ser vergonzosamente humanos. Nunca la comedia estuvo tan cerca de la política.
Entendámonos pues como parte de un ecosistema que admita su fragilidad, sus curvas, sus grietas. Esas por las que la luz pueda subrayar lo divino y ulterior, y no hablamos solo de la mística laica post-Lux. Hablamos de un reconocimiento de nuestra capacidad de ser más. Una posibilidad que ojalá no tener que subrayar. Claro que la fatiga, esa tan propia de la sociedad del cansancio que señala el filósofo de moda Byung-Chul Han, no colabora a vernos como creadores de movimiento. Somos algo más que consumidores o víctimas del algoritmo. No queda otro modo de definirlo, he aquí mi manifiesto:
- Es una emergencia. Seamos intencionales con la luz. Naturaleza y tecnología en simbiosis. Por qué no formar parte de esa melodía, sin avergonzarse por ello. Rendirse a la posibilidad de evolucionar, de rimar. Imaginemos un futuro. Seamos parte de él -
No es una provocación, es una invitación.
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Nota a pie de scroll
agradecimientos
Agradecer como nota al pie de página a todos nuestros redactores involucrados en esta tormenta de ideas perfecta. Deseamos pueda inspirar al cambio y ofrecer nuevas formas de cohabitar y existir. Agradecer también al lector que invierta tiempo y atención a nuestras palabras.
Deseando con plenitud un año curvo, humano y honesto.





