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¿Cuándo es buena idea cambiar de veterinario o pedir una segunda opinión? Guía práctica y empática para tutores

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Olga García, veterinaria, detalla en qué casos es recomendable buscar una segunda opinión y cómo preparar la consulta

La veterinaria Olga García explica que la elección del profesional y la toma de decisiones sobre la salud de una mascota deben convertirse en un aspecto fundamental. 

La veterinaria Olga García explica que la elección del profesional y la toma de decisiones sobre la salud de una mascota deben convertirse en un aspecto fundamental. 

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Pregunta: ¿Cuándo es buena idea cambiar de veterinario o pedir una segunda opinión?

La veterinaria Olga García explica que la elección del profesional y la toma de decisiones sobre la salud de una mascota deben convertirse en un aspecto fundamental para los propietarios. “No siempre es sencillo saber cuándo es el momento adecuado para cambiar de veterinario o solicitar una segunda opinión. Las dudas pueden surgir ante diagnósticos poco claros, tratamientos que no ofrecen resultados o, simplemente, cuando la comunicación con el profesional no es la adecuada”, señala. Por ello, aconseja tener en cuenta diversos factores que, en su opinión, legitiman y hacen responsable la búsqueda de una segunda opinión veterinaria.

Un perro junto a un gato mirando por la ventana. 
Un perro junto a un gato mirando por la ventana. IStock / Zivica Kerekz

Entre las situaciones en las que puede ser recomendable buscar una segunda opinión, García destaca la falta de mejoría tras un tratamiento prolongado, especialmente cuando la mascota no muestra avances o incluso empeora a pesar de seguir correctamente las indicaciones médicas. También aconseja valorar esta opción cuando se proponen tratamientos muy agresivos o invasivos —como cirugías, quimioterapia u otros procedimientos complejos— que, en muchos casos, requieren la confirmación de otro experto.

La incomodidad con el trato recibido es otra señal a tener en cuenta. “Si sientes que no eres escuchado, que tus dudas no se resuelven, o que el trato hacia tu mascota no es el adecuado”, apunta. Asimismo, ante diagnósticos graves —como tumores, epilepsia o patologías neurológicas y autoinmunes— resulta prudente contrastar opiniones para tomar decisiones con mayor seguridad. También puede ser necesario cuando el tratamiento planteado no se adapta a la situación económica, logística o emocional de la familia y se buscan alternativas más viables.

“Estas señales no implican necesariamente una falta de competencia del veterinario, sino que reflejan la complejidad de la medicina animal y la importancia de tomar decisiones informadas y consensuadas”. Solicitar una segunda opinión es un derecho legítimo y éticamente aceptado. De hecho, la mayoría de los profesionales comprenden “que el objetivo es garantizar el mejor cuidado posible para la mascota, y mayoritariamente será tu veterinario quien te derive a un especialista o a otro centro con otros medios técnicos si así lo considera”. 

El papel del veterinario y la importancia de la comunicación

Olga subraya que, hoy en día, la medicina veterinaria se entiende desde un enfoque multidisciplinar, del mismo modo que ocurre en la medicina humana. Las enfermedades crónicas y los diagnósticos complejos requieren una visión integral y coordinada, en la que la colaboración entre veterinarios generalistas y especialistas resulta clave para lograr un diagnóstico preciso y un manejo eficaz de la enfermedad. En este sentido, “cambiar de clínica o solicitar una segunda opinión no implica necesariamente romper la relación con el veterinario habitual”, apunta. Es posible mantener ambos contactos y decidir, en función del caso, a quién acudir en cada momento. Para ello, es fundamental solicitar el historial clínico del animal y asegurarse de que toda la información relevante esté disponible para el nuevo profesional.

Con el objetivo de recibir una atención personalizada y evitar retrasos en el diagnóstico o en el inicio del tratamiento, García recomienda acudir a la consulta de segunda opinión con la documentación necesaria. Entre ella, destaca la cartilla de vacunación o pasaporte veterinario, el historial clínico completo —que incluya informes médicos, resultados de pruebas, tratamientos previos y cirugías— y una lista actualizada de los medicamentos que esté tomando el animal, con nombres, dosis y frecuencia, especialmente en casos de enfermedades crónicas.

“Si no dispones de algún documento, solicita una copia a tu veterinario anterior; estamos obligados a proporcionártela en un plazo razonable y conservar la información por un plazo de 5 años”

La importancia de una comunicación clara

La claridad en la comunicación es fundamental para que el nuevo veterinario comprenda correctamente el caso y pueda tomar decisiones acertadas. La veterinaria aconseja preparar un resumen cronológico con el inicio y la evolución de los síntomas, así como los tratamientos que se han probado hasta el momento. Describir los síntomas con el mayor detalle posible —e incluso aportar fotografías, por ejemplo en casos de lesiones cutáneas— puede resultar de gran ayuda. 

También es importante mencionar antecedentes relevantes, como enfermedades previas, alergias, cirugías, hospitalizaciones o cambios recientes en el entorno del animal. En algunos casos, llevar registros escritos o digitales sobre parámetros como el peso, el consumo de agua, la frecuencia de micción o la aparición de crisis epilépticas puede facilitar notablemente el diagnóstico y evitar la repetición de pruebas innecesarias.

Para esta respuesta se ha consultado con profesionales veterinarios y especialistas de la red de Pets & Vets. La información proporcionada se basa en criterios generales y recomendaciones orientativas. En ningún caso sustituye una consulta veterinaria personalizada, necesaria para valorar cada caso de forma individual, integral y clínica.

Por último, Olga García recomienda aprovechar la visita para resolver todas las dudas y asegurarse de que se comprende tanto el protocolo diagnóstico como el plan de tratamiento, sin dudar en pedir aclaraciones adicionales si algún término o procedimiento no resulta claro.

Pedir una segunda opinión o cambiar de veterinario, concluye, no es un acto de desconfianza, sino una muestra de responsabilidad y de compromiso con el bienestar del animal. “En la medicina veterinaria, como en la humana, la complejidad de los casos, la diversidad de enfoques y la evolución constante de los conocimientos hacen que contrastar opiniones sea una práctica ética y recomendable. Y ante todo, como con cualquier profesional, debes encontrar aquel donde te sientas cómodo, te sientas escuchado, cumpla con tus expectativas y en el que puedas confiar”.