
El siempre espinoso artículo sobre Vinícius
CONFUSIÓN VITAL
Uno de los versos más apretados de toda la carrera de Joaquín Sabina aparece en el tema Eva tomando el sol, canción escrita en 1988. Habla de una pareja que vivían de okupas en un piso de Moratalaz. Está claro que el problema de la vivienda viene de lejos. Pero ellos eran felices con un colchón que encontraron en la basura, una mesa con tres patas y plantando marihuana en las macetas. El problema fue que a ella le gustaba estar morena y se pasaba las tardes tomando el sol, desnuda en el balcón. Y ahí vienen los versos de los que les hablo: “ Pronto en cada ventana hubo un marido / A la hora en que montaba el show mi chica / Aunque la tele diera en diferido / El Real Madrid - Benfica”.
A pesar de lo apretado, tengo debilidad por esa rima. Me lleva a aquella época que los partidos de la Copa de Europa los emitían en diferido en Televisión Española, y tú te metías en una burbuja incomunicada durante todo el día para llegar a la hora de la emisión completamente virgen, sin saber el resultado.

Ahora cuando ambos equipos se cruzan en competición europea, me acuerdo de la canción y procuro no perdérmelo. En realidad es una excusa para recordar a Eva, a Adán o a la adolescencia en general. Además, como estoy abonado a las 17 plataformas necesarias para ver todo el futbol, ya no hace falta que lo vea en diferido.
Pero este martes me perdí la ida de los dieciseisavos de la Champions que enfrentaba al Benfica con el Madrid. Creo que durante ese rato estuve meditando, como muchos españoles de izquierdas, si lo de Rufián podía tener algún sentido. Llegué a la conclusión de que en la situación límite que vivimos, agarrarse a un clavo ardiendo no será lo peor que nos pueda pasar. Me parece heroico que el de Santa Coloma de Gramenet se meta en un fregao así.
Es asqueroso caer en el racismo para calificar la conducta de Vinícius en los campos de fútbol
Hasta el día siguiente no supe que el Madrid había ganado 0-1. Las crónicas hablaban del golazo de Vinícius al empezar la segunda parte. Un gol de auténtico crack mundial. Pero se ve que aquello desembocó en una trifulca en la que un jugador del Benfica acabó llamando mono al delantero brasileño. Sin haber visto nada más, y ante la contundencia con la que denunciaban los hechos los medios españoles, me puse inmediatamente del lado del goleador.
Al día siguiente, en diferido por cierto, me llegó un vídeo donde una cámara seguía con todo detalle lo que hizo Vinícius desde que marcó el golazo hasta que se montó el pollo. Primero lo celebra yéndose al córner y bailando ante el público local con el banderín con los colores del Benfica. El baile, para que me entiendan, se parecía más a una lambada que a un vals. Dedicó varias miradas a la grada y a sus rivales riéndose, se estiró la camiseta madridista por los hombros reivindicando su nombre, le sacaron tarjeta amarilla, se acomodó de forma poco disimulada sus partes bajas por encima del pantalón. Y fue entonces cuando el número 25 del Benfica le dijo mono, tapándose la boca con la camiseta.
Hay que ser un animal para llamarle mono a un negro. Mirad si no a Donald Trump y su meme de los Obama. Al día siguiente rectificó diciendo que él no era racista, que tenía muchos amigos negros. Respuesta a la altura del personaje. Es asqueroso caer en el racismo para calificar la conducta de Vinícius en los campos de fútbol, tantas veces brillante como reprobable. Recurramos entonces a otros versos, a otras rimas, del carnaval de Cádiz, no de Sabina: “España siempre se encuentra dividía / republicanos o de la monarquía / izquierda o derecha / ateos o creyentes / también para la tortilla los hay con cebolla o sin cebolla / pero estamos todos de acuerdo en que Vinícius es ……………”. Rellene usted la línea de puntos.
