Opinión
Màrius Carol Pañella

Màrius Carol

Consejero editorial

Las mujeres perfectas

FUTUROS IMPERFECTOS

El neoconservadurismo en nuestras sociedades no solo se expresa en ­ideas políticas, sino también mediante un cierto estilo de vida. La periodista francesa Salomé Saqué ha publicado un libro, titulado Resistir (Plataforma), que intenta advertir sobre un discurso y unos valores que parecían olvidados en el baúl de nuestras abuelas y que empiezan a normalizarse en el debate público. En uno de sus capítulos, titulado “La expansión del estilo de vida reaccionario”, aborda el crecimiento del movimiento tradwives (esposas tradicionales), que, nacido en Estados Unidos, empieza a replicarse en Europa.

Nicole Kidman en 'Las mujeres perfectas' 
Nicole Kidman en 'Las mujeres perfectas' LV

Las tradwives cultivan una estética de los años cincuenta y códigos visuales al estilo de la serie Mad men, que abordaba la vida de los personajes de una compañía de publicidad de Madison Avenue, en Nueva York. Este movimiento promueve un ideal de vida en el que las mujeres no tienen más que una o muy pocas parejas a lo largo de su existencia, en el que las damas se ponen al servicio del hombre, militan contra el feminismo del colectivo #MeToo, sin olvidar nunca de cuidar su aspecto físico. El mensaje de los influencers de esta moda conservadora, que ha crecido con el trumpismo, es claro: podéis ser guais siendo de extrema derecha.

El movimiento ‘tradwives’ (esposas tradicionales) crece en Estados Unidos

En España cuenta con la creadora de contenidos RoRo Bueno, una madrileña de 23 años que ha viralizado este movimiento en Instagram. En sus vídeos, cocina, sirve a su pareja y defiende un modelo heteropatriarcal. Esta corriente promueve el regreso a papeles del pasado, priorizando el cuidado del hogar, la complacencia al marido y el rechazo al feminismo.

La derecha ultraconservadora intenta, a través de las redes sociales, hacernos creer que vuelve la mujer sumisa y abnegada como alternativa a la mujer liberal y feminista. Es lo que el historiador Patrick Boucheron califica de advenimiento chachi, con un nuevo lenguaje visual y estético. Como si hubiéramos retrocedido medio siglo, como si estuviéramos dentro de aquella película de Nicole Kidman (Las mujeres perfectas ) donde al final descubrimos que las esposas complacientes no son de carne y hueso, sino robots. Una fantasía de la fachosfera.