
El emérito y el problema real
La desclasificación de los papeles del 23-F han supuesto una buena noticia para el rey Juan Carlos porque se confirma de forma clara que tuvo un papel decisivo en evitar el golpe de Estado. Ciertamente, en la mayoría de los análisis que se han hecho estos últimos años sobre el reinado de Juan Carlos I siempre se ha elogiado su papel tractor en la transición para recuperar la democracia y su actuación durante el 23-F. Esto está más que descontado.

Los problemas de la figura de Juan Carlos I en España nunca fueron motivados por su papel en el golpe, sino por sus actividades económicas y los escándalos relacionados con sus amoríos. Por eso, acabó abdicando en su hijo en junio del 2014 y, seis años después, la Casa del Rey le retiró los recursos que tenía asignados en su presupuesto. Desde entonces, el rey emérito vive exiliado en Abu Dabi y hace contadas expediciones a España.
En este contexto, la propuesta de Alberto Núñez Feijóo de solicitar su regreso a España tras conocerse la desclasificación del 23-F ha acabado siendo un bumerán contra el propio Juan Carlos. La Casa del Rey se vio obligada ayer a hacer un comunicado para recordar que si el padre de Felipe VI regresa a España debe recuperar la residencia fiscal en nuestro país “para salvaguardar su imagen y su reputación” y también “la de la Corona”. El rey emérito es contribuyente en los Emiratos Árabes Unidos y sus problemas con el fisco fueron unos de los motivos de su exilio.
El entusiasmo que han despertado las divulgaciones en torno al papel del rey emérito en el 23-F chocan con la compleja realidad de su situación financiera. Como cuenta hoy Mariángel Alcázar en Guyana Guardian , parece que el padre del Rey tiene interés en pasar más tiempo en España sin dejar su condición de residente fiscal en Abu Dabi, algo que no agrada en la Zarzuela, que quiere mantener una imagen de la Corona exenta de polémicas. La propuesta del retorno no ha sido, pues, una buena idea, puesto que la Casa del Rey ha tenido que volver a hacer pública la delicada situación en la que se encuentra el rey emérito. Y es que hay veces que ideas bienintencionadas acaban causando el efecto contrario al que perseguían.
