San Agustín, el primer gran pensador cristiano

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Anticipa a Descartes al sostener que la mente, al dudar, es consciente de sí misma: “Si me engaño, existo”

Agustín de Hipona, doctor de la Iglesia, en un retrato del siglo XVIII

Agustín de Hipona, doctor de la Iglesia, en un retrato como obispo del siglo XVIII.

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San Agustín de Hipona (Tagaste, Argelia, 354 - Hipona, Argelia, 430) está considerado el primer gran pensador cristiano.  Nombrado doctor de la Iglesia, fue obispo. 

Tiene la virtud de ser venerado en las Iglesias católica, ortodoxa, ortodoxas orientales, comunión anglicana y el luteranismo. Fue autor de innumerables tratados, sermones y comentarios bíblicos. Destaca sobre todo por Las confesiones, su obra más conocida.

Influyó decisivamente en filósofos y teólogos medievales. Recibió la poderosa influencia de los escritos de Platón y Cicerón, que también fueron el fundamento de su pensamiento político.

La vida de San Agustín

Aurelio Agustín nació en Tagaste de padre pagano y madre cristiana, santa Mónica. Fue educado en Tagaste y Madaura y estudió retórica en Cartago. Leyendo a Cicerón se inició en la filosofía y se cuenta que uno de sus diálogos, el Hortensius, hoy perdido, le llevaría más tarde a convertirse al cristianismo. En su juventud se sintió atraído por la fe maniquea y, más tarde, por la filosofía helenística del neoplatonismo.

Durante esta época el joven Agustín conoció a una mujer con la que mantuvo una relación estable durante más de 15 años y con la cual tuvo un hijo: Adeodato (372-388), que significa «regalo de Dios», considerado extremadamente inteligente por sus contemporáneos. No llegó a casarse. Su madre se oponía a la relación.

El joven Agustín conoció a una mujer con la que mantuvo una relación estable durante más de 15 años y con la cual tuvo un hijo

San Agustín y santa Mónica (1846), por Ary Scheffer.

San Agustín y santa Mónica (1846), por Ary Scheffer.

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Tras convertirse al cristianismo, Agustín abandonó su profesión de profesor de retórica para dedicar más tiempo a la predicación. Cuando llegó a Tagaste, Agustín vendió todos sus bienes y el producto de la venta lo repartió entre los pobres.

Se retiró con unos compañeros a vivir en una pequeña propiedad para hacer allí vida monacal. Años después, esta experiencia fue la inspiración para su famosa Regla.

Autor prolífico, dedicó gran parte de su vida a escribir sobre filosofía y teología, siendo Confesiones y La ciudad de Dios sus obras más destacadas. Mostró un gran interés por la literatura, especialmente la griega clásica, y poseía gran elocuencia.

'La conversión de San Agustín', de Fra Angelico.

'La conversión de San Agustín', de Fra Angelico.

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Convencido de que la gracia de Cristo era indispensable para la libertad humana, contribuyó a formular la doctrina del pecado original y la teoría de la guerra justa.

Cuando el Imperio romano de Occidente comenzó a desintegrarse, Agustín imaginó la Iglesia como una Ciudad de Dios espiritual, distinta de la ciudad terrenal material.

Durante los años de estudiante en Cartago sintió una irresistible atracción hacia el teatro. Mostró su genio retórico y sobresalió en concursos poéticos y certámenes públicos. Compaginó sus pasiones y su espíritu sensual con los estudios, especialmente, los de filosofía.

Doctrinas combatidas por San Agustín

Ordenado sacerdote (391) y luego obispo de Hipona (396), inició su producción literaria, como defensor y expositor de la fe cristiana, al escribir contra los maniqueos, donatistas, pelagianos, escépticos y epicúreos.

  • Maniqueismo

Contra los maniqueos : Sobre el libre arbitrio (388 y 391-395), La verdadera religión (390). Fundado por Maní, un profeta persa que se consideraba el último de una línea que incluía a Zoroastro, Buda y Jesús. El maniqueísmo fue una religión influyente que ofrecía una explicación dualista del cosmos, y el término ha trascendido para describir una forma de pensar en blanco y negro.

  • Donatismo

Contra los donatistas, cristianos puritanos que hacían depender la validez de los sacramentos de la intención del ministro: Contra Gaudencio, obispo de los donatistas. El donatismo fue un movimiento cristiano cismático del siglo IV en el norte de África, centrado en la doctrina de una iglesia de santos compuesta solo por fieles puros, donde los sacramentos (como el bautismo y la Eucaristía) solo eran válidos si los administraba un clérigo sin pecado.

San Agustín y los donatistas, Charles-André van Loo.

San Agustín y los donatistas, Charles-André van Loo.

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  • Pelagianismo

Contra los pelagianos, seguidores de Pelagio, para quien el hombre, al no tener pecado original, podía él solo, sin la gracia divina, realizar obras buenas: El espíritu y la letra, Sobre las hazañas de Pelagio.  El pelagianismo sostenía que el pecado original no manchó la naturaleza humana y que los seres humanos, por gracia divina, tienen libre albedrío para alcanzar la perfección humana.

  • Escepticismo

Su nombre deriva del griego skeptikós, que significa “el que examina” o “investiga”, enfatizando la cautela. Sus exponentes históricos incluyen a Pirrón, Hume y Russell, y se diferencia en el escepticismo antiguo (Pirronismo) y el moderno (como el metodológico de Descartes). Una doctrina filosófica que duda de la posibilidad de alcanzar la verdad objetiva, sosteniendo que no existe o que el ser humano es incapaz de conocerla, buscando la ataraxia (tranquilidad). El fin último es alcanzar la serenidad y paz mental al liberarse de dogmas y creencias fijas.

  • Epicureísmo

El epicureísmo propone que la felicidad (eudaimonia) se alcanza a través de la búsqueda del placer, entendido como la ausencia de dolor corporal (aponía) y la tranquilidad del alma (ataraxia), logrando una vida serena y plena mediante la razón y la moderación, no la excesiva búsqueda de placeres sensoriales. Su objetivo es liberar al individuo del miedo a los dioses y a la muerte, promoviendo la amistad y la vida simple, y clasificando los placeres para elegir solo los necesarios y naturales.

San Agustín de Hipona en las Crónicas de Núremberg.

San Agustín de Hipona en las Crónicas de Núremberg.

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Obras importantes de San Agustín

  • Confesiones.

  • La ciudad de Dios.

  • Contra los académicos (los escépticos).

  • La vida feliz.

  • Soliloquios.

  • Sobre el libre arbitrio.

  • El maestro.

  • La música.

  • La trinidad.

  • En Retractaciones.

Agustín opina que es a partir de la fe que todo ha de explicarse; la fe, que no requiere justificación alguna exterior a ella misma, es el fundamento natural de la razón, débil por el pecado. Por eso, proclama el lema Credo ut intelligam: creo para entender, que dominará durante la primera parte de la posterior filosofía medieval.

Agustín opina que es a partir de la fe que todo ha de explicarse; la fe, que no requiere justificación alguna exterior a ella misma

La Ciudad de Dios es la primera obra de filosofía de la historia, aunque su planteamiento sea primariamente teológico. Lo que recibió el nombre de «agustinismo político» echa raíces en la visión agustiniana de predominio de la ciudad celeste sobre la terrena, y de la Iglesia sobre el Estado.

El bautismo de Agustín de Hipona.

El bautismo de Agustín de Hipona.

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Influencia del pensamiento de San Agustín

San Agustín anticipa a Descartes al sostener que la mente, mientras que duda, es consciente de sí misma: si me engaño existo. Como la percepción del mundo exterior puede conducir al error, el camino hacia la certeza es la interioridad (in interiore homine habitat veritas), que por un proceso de iluminación se encuentra con las verdades eternas y con el mismo Dios que, según él, está en lo más íntimo de cada uno.

San Agustín y la cultura europea:

  • Sus Confesiones suponen un modelo de biografía interior para muchos autores, que van a considerar la introspección como elemento importante en la literatura.

  • Petrarca fue un gran lector del santo: su descripción de los estados amorosos enlaza con ese interés por el mundo interior que encuentra en san Agustín.

  • Descartes descubrió la autoconciencia, que señaló el inicio de la filosofía moderna, copiando su principio fundamental (cogito ergo sum/pienso luego existo), (si enim fallor, sum/si me equivoco, existo: De civ. Dei, 11, 26).

  • Puente importante entre la antigüedad clásica y la cultura cristiana. El especial aprecio que tiene por Virgilio y Platón va a marcar fuertemente los siglos posteriores.

  • Los análisis y críticas de Agustín aún son vigentes, pues filósofos contemporáneos como Hannah Arendt y Jacques Derrida se orientan, en sus reflexiones, por el autor de La ciudad de Dios.

  • La figura de Agustín inspiró diferentes comedias áureas. Una de los casos más célebres es el de Lope de Vega, autor de El divino africano, donde se representa la conversión de Agustín desde el maniqueísmo hacia la Fe cristiana.

  • Según el científico Roger Penrose, san Agustín tuvo una «intuición genial» acerca de la relación espacio-tiempo, adelantándose 1500 años a Albert Einstein y a la teoría de la relatividad.

  • Agustín, quien tuvo contacto con las ideas del evolucionismo de Anaximandro, sugirió en su obra La ciudad de Dios que Dios pudo servirse de seres inferiores para crear al hombre al infundirle el alma.
Los cuatro doctores de la Iglesia occidental, San Agustín de Hipona (354-430), Gerard Seghers.

Los cuatro doctores de la Iglesia occidental, San Agustín de Hipona (354-430), Gerard Seghers.

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Teoría del mandato divino

San Agustín ofreció una versión de la teoría del mandato divino que comenzaba por presentar la ética como la búsqueda del bien supremo, que proporciona la felicidad humana.

Sostuvo que para lograr esta felicidad, los humanos deben amar los objetos que son dignos de amor humano de la manera correcta; esto requiere que los humanos amen a Dios, lo que luego les permite amar correctamente lo que es digno de ser amado.

La ética de Agustín proponía que el acto de amar a Dios permite a los humanos orientar adecuadamente sus amores, lo que conduce a la felicidad y la plenitud humanas.

Algunas frases:

  • “El amor es una perla preciosa que, si no se posee, de nada sirven el resto de las cosas, y si se posee, sobra todo lo demás”.

  • “Ama y haz lo que quieras: si callas, calla por amor; si gritas, grita por amor; si corriges, corrige por amor; si perdonas, perdona por amor. Exista dentro de ti la raíz de la caridad; de dicha raíz no puede brotar sino el bien”.

  • “Las superfluidades de los ricos son las necesidades de los pobres. Quienes poseen superfluidades, poseen los bienes de los demás”.

Agustín de Hipona defendió asimismo el bien de la paz y procuró promoverla:

  • “Acabar con la guerra mediante la palabra y buscar o mantener la paz con la paz y no con la guerra es un título de gloria mayor que matar a los hombres con la espada”.

Sus pensamientos influyeron profundamente en la cosmovisión medieval. Muchos protestantes, especialmente los calvinistas y los luteranos, lo consideran uno de los padres teológicos de la Reforma Protestante debido a sus enseñanzas sobre la salvación y la gracia divina.

Los reformadores protestantes en general, y Martín Lutero en particular, que había sido miembro de la Orden de los Ermitaños Agustinos, consideraban a Agustín como la figura más destacada entre los primeros Padres de la Iglesia.

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