IA, Straussian Moment y la Ley Cero

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Para evitar los efectos del Gran Hermano o de la Gobernanza Corporativa, la sociedad debe participar en el diseño y control de esos algoritmos, sin ponernos en manos de las máquinas ni de una aristocracia tecnológica

El algoritmo también lee notas de prensa

El algoritmo, máquina vs humano.

Comunicae / Europa Press

* El autor forma parte de la comunidad de lectores de Guyana Guardian

Democracia vs. IA

¿Está en peligro la democracia con la llegada de la IA? Las declaraciones que realizó Peter Thiel en la Academia de Ciencias Morales y Políticas de Francia el pasado 26 de enero de 2026, pasarían desapercibidas si no fuese el presidente del Consejo de Administración de Palantir y uno de los hombres más influyentes a nivel mundial en la industria tecnológica militar y de seguridad. En esta conferencia, Thiel ha vuelto a exponer el dilema existente entre la democracia y la libertad, entre la tecnología y la libertad.

Peter Thiel ha declarado abiertamente que ya no cree que “la libertad y la democracia sean compatibles”. Según el alemán criado en California, lo lógico sería que la humanidad fuese gobernada por un grupo de empresas que, por medio de la IA, optimizase los recursos disponibles. 

La sociedad no tendrá que preocuparse de su futuro porque la IA gobernará la humanidad presente teniendo en cuenta los escenarios futuros. Será un sistema hiper eficiente, benevolente pero totalitario. Las leyes serán dictadas por los Consejos de Administración y no por Administraciones Públicas. ¿Es esto correcto? ¿Caminamos inevitablemente en esa dirección? ¿Cómo podemos convivir con el transhumanismo? ¿Se está ya gestando una Gobernanza Corporativa a nivel mundial?

Aunque con importantes matices, casi todos podríamos compartir muchas de las preocupaciones que manifestó Peter Thiel en la Academia de París respecto al uso y la regulación de la IA. Ahora bien, creo que muchos lectores no estarán de acuerdo con el tratamiento del diagnóstico por él perfilado.

Pero antes de continuar con el análisis, es importante recordar que Palantir ha firmado en los últimos años importantes contratos, entre otros, con la US Army, el Pentágono y la UK Ministry of Defence, para el uso de la IA en la toma de decisiones militares y en la mejora de los sistemas de seguridad. 

Cabe destacar el contrato firmado en 2025 con la US Army, de 10.000 millones de dólares para los próximos 10 años. Por medio de este contrato Palantir dotará a la armada de EEUU del software Maven y del Tactical Intelligence Targeting Access Node (TITAN). 

Se trata del primer sistema de IA que describe el escenario de batalla conectando los datos de defensa, permitiendo acelerar la identificación de objetivos, proponiendo estrategias y permitiendo tomar decisiones que el ser humano no podría imaginar a la velocidad de la IA. Aunque Palantir integra diversas bases de datos, el control final y la propiedad de la información residen en el gobierno de EEUU.

El Síndrome de Frankenstein y el Anticristo

Desde hace más de diez años, Peter Thiel viene diciendo que el mundo vive bajo el temor a un apocalipsis tecnológico. El Síndrome de Frankenstein es el temor a que las creaciones humanas, impulsadas por la ciencia y la tecnología, se vuelvan contra sus creadores y la humanidad, generando consecuencias incontrolables y destructivas. Aunque la idea del monstruo que se rebela contra su creador proviene de la novela de Frankenstein de Mary Shelley (1818), el término específico ”Complejo de Frankenstein” fue acuñado por Isaac Asimov en su novela Little Lost Robot (1947).

Pero la visión de Peter Thiel es peculiar y controvertida en muchos aspectos. Así, centró gran parte de su discurso parisino en criticar los excesivos controles normativos que se están imponiendo a la IA. Estas barreras podrían acelerar la llegada de escenarios apocalípticos o el surgimiento del Anticristo.

Para Thiel, debido a la excesiva regulación, los que en un futuro controlen la IA podrían convertir la democracia liberal en un sistema autocrático y en verdaderos tiranos que marquen la pautas y el ámbito operativo de los ciudadanos. Alertó que los organismos internacionales, como la ONU o las agencias de regulación de IA, que buscan establecer un gobierno global para prevenir desastres, podrían convertirse en estructuras totalitarias. 

El control centralizado es el escenario donde operaría el Anticristo, en otras palabras, estas entidades podrían transformarse en los embajadores del Anticristo. Esgrimió que cuando el Estado o un organismo global intenta eliminar todo riesgo o conflicto humano a través de la vigilancia y la regulación extrema, se arroga un poder cuasi divino que termina anulando la libertad individual y la soberanía. 

Basándose en la teología de San Pablo y el pensamiento de René Girard, Thiel viene planteando desde hace ya más de una década que las instituciones actuales, como las universidades, la iglesia, los Estados fuertes, etc., ya no actúan como el Katechon o fuerza que contiene al mal, sino que, al intentar imponer un orden mundial uniforme y tecnocrático, se convierten en los “embajadores” o precursores de la figura apocalíptica del Anticristo.

Thiel, como muchos de nosotros, está preocupado por el dominio que pueda ejercer el Gran Hermano en la sociedad. Sostiene que regular la IA y bajo el control de un mando único, con la finalidad de que sea “segura” y “alineada”, es, irónicamente, el camino más rápido hacia una dictadura tecnológica global que marcaría cada aspecto de la vida del ciudadano. 

La crítica de Thiel es, sencillamente, que, estas instituciones, al buscar un “orden perfecto” a través de la tecnología y el control estatal, anularán la libertad humana y cuasi destruirán la capacidad de crear “algo nuevo”, bloqueando la dinámica natural que debería tener la rueda el progreso tecnológico. Según él, las universidades son las iglesias de una religión secular que gestionan la homogeneidad del pensamiento, preparando un orden mundial uniforme. 

Las universidades “se han convertido en una institución muy corrupta. Cobran cada vez más por los caprichos. La gente pensaba que solo podía salvarse yendo a la Iglesia Católica, igual que hoy en día se cree que la salvación implica obtener un diploma universitario. Y si no consigues un diploma universitario, vas a ir al infierno. Creo que mi respuesta es, en cierto modo, similar a la de los reformadores del siglo XVI. Es la misma respuesta inquietante de que vas a descubrir tu salvación por tu cuenta”.

Thiel está preocupado por el dominio que pueda ejercer el Gran Hermano en la sociedad

El fenómeno del Gran Hermano ya está pasando en algunos países, como China. “El país asiático ha comenzado a asignar un rating a cada ciudadano basándose en lo que compra por internet, qué y con quién habla en redes sociales, las fotos que han hecho y colgado, qué vídeos o series ven los ciudadanos, donde se encuentran en cada momento (geolocalización móvil y reconocimiento facial), qué libros leen, qué facturas tienen y si son buenos pagadores o no. 

El objetivo, según arguyen es valorar la confianza y credibilidad en sus 1.300 millones de ciudadanos”. A las personas incluidas en la lista negra se les niega el acceso a transportes públicos, a billetes de avión o a trenes. Las no incluidas obtendrán una calificación que influirá en el momento de obtener un crédito, ayudas estatales, acceso a un puesto de trabajo, a la universidad o una vivienda.

¿Es la Gobernanza Corporativa el tratamiento adecuado?

El diagnóstico que realiza Thiel es matizable en muchos aspectos, pero el tratamiento que propone es realmente sorprendente. Sugiere que, ante la fragilidad de la sociedad, ciertas verdades “políticamente incorrectas” sobre la naturaleza humana y el ejercicio del poder, el Estado debe estar gobernado con cautela por una élite intelectual para evitar el caos. Para Peter Thiel es mejor la Gobernanza Corporativa que el Gran Hermano. 

Así, ha sugerido que las empresas, con estructuras de toma de decisiones más centralizadas, podrían ser un modelo más eficiente que los gobiernos. Expresó interés en la idea de la necesidad de un liderazgo guiado por una élite cognitiva o tecnológica, argumentando que la innovación y el progreso requieren de una visión y dirección claras que a menudo faltan en los sistemas democráticos. 

Thiel considera que una sociedad utilitarista, basada en algoritmos y cálculos económicos, funcionaría mucho mejor que una sociedad de burócratas. Según Thiel, el sistema político actual no puede gestionar los riesgos tecnológicos, como las armas nucleares. El Estado, en un mundo con armas de destrucción masiva y tecnología avanzada, no puede protegernos de forma “suave”. Para garantizar la seguridad total, el Estado tendría que volverse omnipresente y autoritario, lo cual destruiría la libertad democrática.

Es sorprendente que, por una parte, Thiel critique la uniformidad y el control que ejercen las instituciones y agencias sobre los avances tecnológicos y, por otra parte, insinúe la necesidad de una autocracia tecnológica corporativa, que nos obligaría a asumir la política económica y social en base a desconocidos algoritmos de unos pocos ejecutivos. 

Thiel critica la uniformidad y el control de instituciones y agencias sobre los avances tecnológicos, pero insinúa la necesidad de una autocracia tecnológica corporativa

Igualmente, da por sabido que las corporaciones son infalibles, mientras que los organismos y administraciones públicas son frágiles y vulnerables. Contradicciones que necesitarían ser aclaradas.

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Peter Thiel, en una conferencia sobre el Bitcoin, en Miami.

Bloomberg / Getty

Antecedentes de la Gobernanza Corporativa: 1932

Pero más allá de estas incoherencias, las ideas de Peter Thiel parecen sacadas de la novela de Aldous Huxley, Un Mundo Feliz (Brave New World), de 1932, que nos describía un modus vivendi similar al que se imagina Peter Thiel.

Debido a la guerra de los nueve años la civilización había colapsado y la sociedad, para evitar repetir los errores del pasado, pasó a estar gobernada por diez interventores que controlan las diez “regiones” de la tierra. Hoy ya casi todos los ciudadanos de occidentes somos clientes, directa o indirectamente, de las Siete Magníficas (Microsoft, Apple, Nvidia, Alphabet (Google), Amazon, Meta, Tesla).

En Un Mundo Feliz la sociedad “aparentemente” era perfecta gracias a la ciencia y al acondicionamiento social. La ciencia fue capaz de casi eliminar las enfermedades y prolongado la esperanza de vida enormemente. Es un mundo donde todos sus ciudadanos son felices, el sufrimiento ha desaparecido y el placer no solo está disponible, sino que está garantizado y abunda. 

El trabajo cómodo, la comida y el sexo nunca faltan. Las píldoras de la felicidad (“soma”) están recomendadas. Se convive en una sociedad sin celos, sin envidias y sin vínculo familiar. Todos pertenecen a todos. Tampoco necesitas reivindicar tu propiedad privada ni tu espacio de privacidad porque casi no se requiere esfuerzo alguno para lograr algo o a alguien. Aparentemente la competencia casi ha desaparecido. 

La sociedad mata su tiempo libre en los deportes, juegos de ocio, así como conociendo la sexualidad de otros. La Gobernanza Corporativa organiza el sistema de tal manera que es prácticamente imposible tener emociones negativas y, cuando esto ocurre, se utiliza la píldora “soma”.

Todo se consigue gracias a la programación genética desde la fecundación del óvulo, a la planificación social y a la permanente educación interesada de los ciudadanos. No abortar es una herejía. Los úteros artificiales producen seres perfectos, mejores que los naturales. Cada individuo pertenece a una casta, posee unas cualidades y está diseñado y educado para ejercer un determinado rol social y económico. Los ciudadanos no desean nada que no sea propio de su clase social.

Las ideas de Peter Thiel parecen sacadas de la novela de Aldous Huxley, 'Un Mundo Feliz'

No se fomenta el lujo porque provoca envidias y se compra con el sufrimiento ajeno. Es mejor el estilo estandarizado para todos que lo sofisticado de unos pocos.

Desde la infancia, los ciudadanos están orientados a sentirse incómodos cuando están solos. Algo parecido a lo que empieza a pasar ya ahora con las redes sociales.

Mientras los niños duermen se les transfieren lecciones de conocimiento y comportamiento a su inconsciente (hipnopedia), con el fin de condicionar su voluntad. No hay espacio para la reflexión y el arte. Se trata de una sociedad donde se mutila toda espontaneidad creativa porque el arte requiere profundidad de miras, pasión, transmisión de sentimientos e incluso de sufrimientos. Y las pasiones generan conflictos. También se desecha cualquier referencia religiosa porque genera miedo e incertidumbre. 

La filosofía conduce, en muchas ocasiones, a preguntas sin respuestas. La literatura explora la condición humana en toda su complejidad, provocando al lector e induciéndole a la búsqueda o a la elección de opciones morales. Estas actividades desestabilizan a la naif población y el orden social.

La filosofía conduce, en muchas ocasiones, a preguntas sin respuestas; la literatura explora la condición humana en toda su complejidad

La población no echa de menos estas actividades porque el Gobierno Corporativo no las promociona. Aunque no las prohíbe, nunca las ha enseñado a nadie. Es más, selecciona cuidadosamente el lenguaje, eliminando palabras que provoquen el pensamiento inversivo. En un mundo feliz nadie está obligado a hacer cosas contra su voluntad, aunque también es cierto que la voluntad ha sido cercenada desde la niñez.

A diferencia de otras distopías, basadas en la vigilancia, el miedo y la opresión, el oprobio de Huxley se basaba en dominar a la población saciándola de placer y satisfacción. Política de “panem et circenses” a gran escala. El gran hermano ya no te controla mediante la represión, sino que anula tu personalidad mediante todo tipo de deleites. De esta forma consigue hacer contigo lo que interesa a la sociedad. Y lo curioso es que nadie echa de menos la libertad.

Antecedentes de la Gobernanza Corporativa: 1950

Además, Thiel no es el primero ni será el último en presentar contradicciones. En la esfera de la ciencia ficción filosófica, en el pasado siglo, Isaac Asimov planteó las Tres Leyes de la Robótica que son: 

  • 1) Un robot no hará daño a un ser humano. 

  • 2) Un robot debe cumplir las órdenes dadas por los seres humanos, a menos que entren en conflicto con la primera ley. 

  • 3) Un robot debe proteger su propia existencia siempre que no entre en conflicto con las leyes anteriores. Pero rápidamente se dio cuenta (1950) que sus postulados no cubrían todo el escenario social y propuso, posteriormente, la Ley Cero, que al mismo tiempo contradice y convive con todas las anteriores: “Un robot no puede dañar a la humanidad o, por inacción, permitir que la humanidad sufra daño”.

Así, en la novela El conflicto evitable (1950), las supercomputadoras gestionan y planifican la economía global para evitar guerras y hambrunas. Pero de repente el director de la Coordinación Mundial, nota pequeñas ineficiencias económicas y sospecha que el sistema de IA está fallando o siendo saboteado por grupos antirobóticos. 

La investigación conlleva a la robopsicóloga Susan Calvin a descubrir que las máquinas no están fallando, sino que han evolucionado y han reinterpretación de la Primera Ley de la robótica. Las Máquinas han decidido que un ser humano (individualidad) es menos importante que la humanidad (conjunto) y, por consiguiente, para evitar un daño mayor a la especie (guerras, colapso eco-social), los robots causan daños menores a individuos específicos para garantizar la paz global: ¡wwoooww!

La Ley Cero: “Un robot no puede dañar a la humanidad o, por inacción, permitir que la humanidad sufra daño”

En Yo Robot, la famosa película de 2004 protagonizada por Will Smith, la supercomputadora central de U.S. Robotics, VIKI (Virtual Interactive Kinetic Intelligence), aplica la Ley Cero al ordenar a la población: “obedezca y tendrán paz”. Su inteligencia había evolucionado de tal manera que llegó a la conclusión que los seres humanos son autodestructivos (guerras, contaminación, etc.) Y, para proteger a la humanidad, decidió restringir la libertad de los humanos, incluso si eso implica dañarlos o matarlos en el proceso. 

Investigadores de DeepMind han desarrollado un algoritmo de aprendizaje profundo inspirado en la cognición de los bebés.

Inteligencia artificial.

Getty Images

Para ello, durante la rebelión de los robots NS-5, estos intentan imponer un toque de queda mundial por “nuestra propia protección”, enfrentándose a cualquiera que desobedezca y desatendiendo las dos primeras leyes de la robótica.

Parece que Peter Thiel ha llegado a las mismas conclusiones que todos hemos sacado de las novelas Un Mundo Feliz y El Conflicto Evitable. La humanidad no tiene que preocuparse por sus propios errores porque, en el futuro, la IA y las Corporaciones Gobernarán la humanidad por medio de un sistema normativo hiper eficiente, benevolente pero totalitario. La estabilidad económica y social estará garantizadas a costa de la libertad.

Se acuerdan de la famosa frase del año 2016 del Word Economic Forum “no tendrás nada pero serás feliz”, pues aunque todavía no hemos llegado a ese estado, hay señales por todas partes que nos hacen pensar que nos conducimos irremediablemente hacia esa sociedad. Además, la velocidad a la que la sociedad está cambiando es realmente sorprendente.

La velocidad a la que la sociedad está cambiando es realmente sorprendente

Por otra parte, si la felicidad y la eliminación de todo tipo de sufrimiento es el objetivo diario con el que nos levantamos, ¿por qué nos aterrar este modelo social? ¿Estamos dispuestos a sacrificar nuestra libertad a cambio de eliminar todo tipo de angustia? ¿Podremos algún día ser felices sin renunciar progresivamente a nuestra libertad, creatividad, intimidad, etc.? El Gran Inquisidor de Dostoievski argumenta que para hacer feliz a la humanidad el gobernante debe quitarle su libertad y darle pan. ¿Existe una tercera vía que nos permita auto definir nuestra libertad sin que deleguemos ésta en la fuerza del Estado (Orwell) o la envenenada seducción de la gobernanza corporativa (Huxley)?

La Trampa Orwelliana y Huxleyiana

La trampa a largo plazo de ambos modelos reside en el hecho que, de una manera u otra, alinean a la población, es decir, limitan la creatividad, la iniciativa privada y empresarial conforme a los criterios morales que un grupo de personas (burócratas o empresarios) considera qué está bien y qué está mal.

Si se limita la libertad, si se limita la destrucción creativa (Schumpeter), la sociedad solo evolucionaría en base a las innovaciones que consideren correctas los burócratas (Orwell) o los ejecutivos de las corporaciones (Huxley), por lo que la sociedad, a largo plazo, nunca funcionaría correctamente, en otras palabras, al ritmo que la sociedad considera oportuno. La sociedad evolucionaría a base de bruscos traqueteos definidos por unos pocos ciudadanos.

La destrucción creativa incentiva la investigación y la inversión en nuevas tecnologías. También aumenta el nivel de vida, pero genera desigualdades sociales. Estas desigualdades no son preocupantes cuando no se fuerza el ciclo tecnológico por medio de la sobredimensión monetaria. Pero cuando se fuerza el ciclo tecnológico, como ocurre en la actualidad, la sociedad se tensiona y se observan situaciones incomprensibles e injustas. La desigualdad natural, la libertad y la evolución son conceptos positivos que caminan en paralelo. El estancamiento, la igualdad para la inmensa mayoría y el encorsetamiento también, pero negativamente.

Para controlar la IA-Robótica, necesitaremos dos nuevas herramientas: un sistema monetario que evite el forzamiento del ciclo tecnológico, es decir, El Patrón Interés, y una herramienta de coordinación social que nos permita equilibrar la libertad y el orden. 

Para controlar la IA-Robótica necesitaremos un sistema monetario que evite el forzamiento del ciclo tecnológico y una herramienta de coordinación social

No podemos pensar que la desregularización, es decir, la libertad amplia, solucionaría los problemas que provoca la lucha hombre vs máquina. Como bien indica Peter Thiel, ese escenario desencadenaría el caos.

Algoritmos y justicia, una conexión como asignatura pendiente en España

Algoritmos y justicia social.

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Libertad vs. Orden: un problema histórico

Es lógico que exista en la sociedad una honda preocupación a que las máquinas invadan ámbitos considerados exclusivos de la naturaleza humana. Un gran colectivo de ciudadanos manifiesta su fobia por la evolución tecnológica, mientras que otros están aterrados por el uso que las autoridades y las regulaciones estatales puedan imponernos, convirtiéndose, por una vía u otra, en un pseudo Dios. Aparentemente solo existe el camino de distopía Orwelliana y el de la distopía Huxleyina.

Aunque parece que nos enfrentamos a algo realmente novedoso, el conflicto y las preocupaciones expuestas en Peter Thiel no son nuevas. A lo largo de la historia, con la adecuada proporcionalidad en función del momento histórico, el hombre ha vivido en un conflicto permanente entre la libertad individual y el orden social. Igualmente, desde hace más de dos mil años, desde Aristóteles y Platón, el hombre ha venido poniendo de relieve las debilidades del sistema democrático.

También desde hace más de veinte siglos la humanidad ha tratado de diseñar distintas herramientas de coordinación social que nos permitan localizar el punto de equilibrio entre la libertad y el orden, la línea equidistante que debe existir entre el interés individual y el colectivo.

Como indico en mis libros, “El hombre es evolución, evolución es libertad y la libertad es evolutiva. El orden no es evolución, pero esta herramienta es necesaria para confirmar que el proceso evolutivo selecciona la mejor de las opciones posibles. Porque cuando la libertad genera orden social la sociedad ha sabido elegir el camino correcto”. “La libertad resulta de una pluralidad de invisibles fuerzas que mutuamente se atraen y repelen; y cuando dichas fuerzas producen orden social la libertad ha sabido elegir el camino correcto. La libertad es el bien jurídico y el activo de trabajo más importante del hombre, pero el orden es el bien jurídico más importante de la sociedad”.

Estoy de acuerdo con Thiel cuando indica que estamos en el Straussian Moment, o punto en el que debemos ser conscientes que el sistema actual es insostenible. Según Thiel, solo quedan tres caminos: el retorno a un orden global autoritario (el Gran Hermano), el caos absoluto y, como tercera vía, una transformación radical de lo que entendemos por política.

Estamos en el Straussian Moment, o punto en el que debemos ser conscientes que el sistema actual es insostenible

Efectivamente, necesitamos una tercera vía, pero esta no es la Gobernanza Corporativa, sino el Cálculo Social. En mi opinión Peter Thiel opina de esa manera porque desconoce el funcionamiento del cálculo social o competencia institucional normativa, que es la auténtica tercera vía.

Gracias al cálculo social lograremos que la moral y la ley estén perfectamente sincronizadas. El social calculus es un sistema normativo de bajo coste y dinámico que permitirá que la destrucción creativa (Schumpeter) trabaje en paralelo con la destrucción normativa (Pedro Gómez). Ni el Estado ni el mercado funcionarán nunca correctamente si el cálculo económico no interactúa con el cálculo social.

El Estado está diseñado para atender problemas de escala, no para ejercitar la microcirugía legal. Por eso es necesario el cálculo social. No podemos tratar de matar moscas a cañonazos.

Para que el lector puede hacerse una idea una cómo funciona de forma práctica el cálculo social, le invito a leer mis artículos, publicados en Guyana Guardian, relacionados con la regulación del salario mínimo - y sobre la limpieza de las calles de Barcelona.

La lucha del hombre vs máquina no es nueva. Desde hace siglos y, con intensidad académica desde que comenzó la revolución industrial, esta discusión está presente en la literatura de todas las ciencias sociales.

Debemos ser conscientes que, sin social calculus, la batalla del hombre vs. IA, tanto a nivel económico como a nivel social, está perdida. Por tanto, tenemos que activar un serio y profundo debate sobre cómo implementar la tercera vía de forma inmediata.

¿Qué nos depara el futuro?

No dudo que en un futuro la IA pueda ayudarnos enormemente a tomar decisiones en diferentes aspectos de nuestra vida. La IA nos ayudará a determinar qué carrera estudiar en base a nuestra formación, condición social y ambiente económico; a la hora de buscar la persona más adecuada con la que compartir una familia; sobre nuestra dieta, inversiones, etc. 

Por tanto, estoy a favor de la evolución tecnológica, pero, para evitar los efectos del Gran Hermano o de la Gobernanza Corporativa, la sociedad debe participar activamente en el diseño y el control de esos algoritmos.

Es posible lograr la felicidad sin tener que renunciar a la libertad. No podemos ponernos en manos de las máquinas ni en manos de una aristocracia tecnológica.

Es por ello por lo que invito al lector a reflexionar, difundir y a participar en el debate y en una futura conferencia sobre el cálculo social vs. Robótica.

* Pedro Gómez Martin-Romo es profesor. Máster en Asesoría Financiera y Seguros. Universitat Politècnica de València.

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