Más allá de Gaudí: una ruta por diez edificios de Barcelona que no debes perderte

La ciudad de los arquitectos

De la Torre de les Glòries al Pabellón Mies van der Rohe, en la capital catalana y su entorno conviven figuras, estilos y construcciones de todo tipo

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El Pabellón Mies van der Rohe, proyectado por Ludwig Mies van der Rohe y Lilly Reich para la Exposición internacional de 1929

Àlex Garcia

Barcelona es y ha sido siempre un laboratorio de ideas arquitectónicas. Más allá de la genialidad de Gaudí, en la capital catalana y su entorno conviven figuras, estilos y construcciones de todo tipo. Con motivo de la capitalidad de la arquitectura 2026, repasamos algunos edificios imprescindibles que reflejan su singularidad arquitectónica.

La tríada gaudiniana

El novelista y guionista Richard Price, cabeza de cartel del último BCNegra, comentaba en un corrillo que sus hijas le habían afeado que les hubiera enviado fotos de algunos edificios gaudinianos bajo el argumento de su falta de originalidad –“¡Todo el mundo los conoce!”. Cierto, ¿pero cómo obviarlo? Nunca han faltado incentivos para (re)visitar su obra, pero la celebración del Año Gaudí –en el 2026 se cumple el centenario de su muerte– insufla una capa ceremoniosa a la labor. Entre un mar de posibilidades existen dos focos imprescindibles: la basílica de la Sagrada Familia, con la incógnita de si finalmente se coronará la torre más alta, dedicada a Jesucristo, y la Pedrera, vivienda de inspiración naturalista que fue objeto de burlas en su momento y por la que hoy hacen cola un millón de personas cada año. Objeto de menos procesiones, pero dueña de una personalidad única al combinar la influencia del arte orientalista y el mudéjar, la casa Vicens es un fastuoso gigantesco huevo de Fabergé por dentro y por fuera, que habría asombrado incluso a las descendientes del señor Price.

Torre Glòries

Si un edificio convoca a la imaginación popular para bautizarlo extraoficialmente es señal de que ha calado ahí donde se alce. Desde el año 2005, Barcelona tiene en esta torre, a la que sigue llamando Agbar, su particular “supositorio” o “pirulí”, 144 metros de altura dispuestos en 38 plantas que ejerce simbólicamente de vigía o atalayero a las puertas del distrito 22@. El arquitecto Jean Nouvel declaró haberse sentido inspirado por Gaudí y las montañas de Montserrat a la hora de concebir un rascacielos que deja muchas bocas abiertas; por el día, desde su mirador de 360 grados, y por las noches, al iluminarse su fachada con un efecto moiré.

La Torre Glòries

La Torre Glòries, del arquitecto Jean Nouvel, que se habría inspirado en Gaudí

Nacho Vera Galbarro

Col·legi d’Arquitectes de Catalunya

Una institución que aspira a “defender el valor social de la arquitectura y el urbanismo ante la sociedad en representación de los arquitectos” no podía tener como sede un lugar cualquiera y el edificio concebido por Xavier Busquets i Sindreu en 1958 –combinación de trapecio de hormigón en la base y torre metálica– provoca sin duda la curiosidad de las hordas de turistas que se encaminan hacia la catedral y el Barri Gòtic. El motivo principal, no nos engañemos, son las serigrafías con reproducciones de dibujos de Picasso en la fachada, pero el centro tiene un motivo de orgullo a la par, si bien mucho menos conocido: acoger la segunda biblioteca con mayor número de volúmenes sobre la especialidad de toda Europa.

Pabellón Mies van der Rohe

Con su geometría de líneas simples, espíritu funcional y apuesta por los materiales industriales (vidrio, acero, hormigón), el ideario del estilo racionalista (1925-1965), del que Mies van der Rohe fue una de sus cabezas visibles, resultó a un tiempo muy moderno y muy comprometido con algo tan imperecedero como el bienestar de la gente. Ambas voluntades siguen intactas al recorrer el pabellón de Alemania para la Exposición Internacional de 1929, realizado en colaboración con Lilly Reich, un remanso de paz, minimalista, inmarcesible y orgánicamente fusionado con el entorno.

Biblioteca Gabriel García Márquez

Perspectiva del interior de la Biblioteca Gabriel García Márquez.

Perspectiva del interior de la Biblioteca Gabriel García Márquez.

Diego Pastor

En el 2022 aterrizaba en Sant Martí un platillo volante, al menos en términos de estética y por cuanto de marcianada suponía para el barrio un edificio llamado a ser la comidilla de la comunidad arquitectónica y del diseño, atesorar premios –entre ellos, el de mejor biblioteca pública del mundo en el 2023– y convertirse en uno de los ejes culturales y literarios de la ciudad. La biblio­teca a más gloria del autor de Cien años de soledad , obra de la firma SUMA, consta de 4.000 m², repartidos en seis plantas, y una luminosidad y calidez excepcionales.

La Ricarda (El Prat)

Los planespotters (aficionados a observar, identificar y fotografiar aviones) que se apostan en las inmediaciones del aeropuerto de El Prat quizá no sepan que a pocos metros anida, protegida por un bosque de pinos, una vivienda rodeada de jardines que es una de las joyas del racionalismo catalán. La también conocida como casa Gomis, por la familia que encargó el proyecto al arquitecto Antonio Bonet Castellana, dispone de una cubierta abovedada de nueve metros y de su propia torre de agua que hace las veces de estudio, entre múltiples atractivos. Alerta a la próxima vez que abra al público este bien cultural de interés nacional desde el 2021.

Las Tres Xemeneies (Sant Adrià)

Hasta hace poco, pasear por delante de esta central termoeléctrica de Endesa en Sant Adrià de Besòs conjuraba imágenes de películas posapocalípticas, un monstruo en (semi) ruinas ideal para la filmación de un thriller posindustrial en el que no desentonarían préstamos a Terminator o Mad Max . Hoy, la imponente estructura junto a la desembocadura del río –con sus torres de 200 metros de altura y en cuyos cimientos submarinos hierve un ecosistema asombroso de especies marinas– tan pronto se recicló en punto artístico con la celebración de la última edición de la bienal de arte Manifiesta como está a la espera de devenir en el centro neurálgico de la industria audiovisual de Catalunya.

Vertical

El Hotel Melià Barcelona Sky, incrustado en un rascacielos de 120 metros de altura y 29 plantas

Àlex Garcia / Propias

Hotel Melià Barcelona Sky

Entre la ingente oferta de hoteles de la capital catalana, son pocos los que vienen a imprimir su huella en el skyline , y menos con la osadía conceptual de este, incrustado en un rascacielos de 120 metros de altura y 29 plantas, donde también se cuentan viviendas y oficinas. El segundo en su género de mayor altura en la urbe –por detrás del Hotel Arts–, buena parte de sus habitaciones quedan en voladizo, dando la impresión desde el exterior de encontrarnos frente a una vertiginosa y lujosísima caja de cerillas a medio abrir. Su responsable, Dominique Perrault, sin duda sabe cómo impresionar al personal.

Fabra i Coats

Si hubiera un dispositivo capaz de medir en tiempo real las ondas cerebrales en modo creativo de una comunidad, cada día los valores máximos emitidos desde esta antigua fábrica de hilos y tejidos a buen seguro romperían el dial. Laboratorio de ideas, residencia de artistas multidisciplinares –84 proyectos cocinándose simultáneamente en estos momentos–, centro de exposiciones, impulsor de proyectos educativos, sede de eventos culturales ( GRAF, Festival 42)..., su doble condición fabril/febril (en el mejor sentido de ambas palabras) también continúa viva al pasear por el exterior y contemplar su conjunto de naves industriales, patios, torres, chimeneas, porches...

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Walden 7 (Sant Just d’Esvern)

¿Qué edificio puede presumir de haber sido inspirado por una novela de ciencia ficción utópica, incorporado a asesores de los campos de la filosofía y la psicología, acoger viviendas autogestionadas y bautizar sus callejones y pasadizos con nombres como Chaplin, Kafka o Einstein? El buque insignia de Ricardo Bofill –no exento de sus polémicas económicas y sus baldosas rebeldes–, la joya de la arquitectura modular, el coloso de tonalidad arcilla, la mole que Juan Marsé describió como “maltrecha fortaleza de formas cambiantes, roja, misteriosa y sideral como un crustáceo gigantesco” conserva intacto su magnetismo y leyenda medio siglo después.

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El Dipòsit de les Aigües, concebido por Josep Fontserè

Marti Gelabert

Dipòsit de les Aigües

Si la electricidad dio paso al arte en las Tres Xemeneies y los telares fueron sustituidos por mesas de creación en la Fabra i Coats, las aguas que en su día regaban los jardines del parque de la Ciutadella y regulaban el caudal de su cascada han dado paso a los miles de volúmenes que conforman la Biblioteca General de la UPF. El antiguo depósito, concebido por Josep Fontserè, en el que hoy se hincan los codos y se consultan fondos bibliográficos de gran valor, también acogió en el pasado un hospicio, un asilo municipal, un almacén del cuerpo de bomberos y un parque móvil de la Guardia Urbana. Y puesto que un prácticamente imberbe Antoni Gaudí hizo “el cálculo estático del conjunto del depósito y de los elementos de apoyo”, hemos vuelto al principio del artículo, por lo que ya podemos revelar que su diseño era circular.

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