Relatos

José Luis, conductor de autobús en Alemania: “Ahorro, tengo trabajo y estabilidad, pero no tengo vida social; echo de menos la cotidianidad en España”

Vivir en el extranjero

“Emigrar me ha cambiado la vida, te abre la mente y dejas atrás muchos estereotipos”, cuenta José Luis en una entrevista para Guyana Guardian

A los 32 años, sin acceso al paro, José Luis decidió aprovechar la oferta laboral que le había salido en Alemania. 

A los 32 años, sin acceso al paro, José Luis decidió aprovechar la oferta laboral que le había salido en Alemania. 

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Quedarte sin trabajo y sin paro es uno de los peores miedos de los trabajadores. Así le pasó a José Luis en plena pandemia, que a los 32 años decidió dar un giro a su vida y aceptar la única oferta que le había salido: emigrar a Alemania como conductor de autobús, por carreteras que llama “la Toscana alemana”, con la idea de ahorrar durante un año y volver a casa. Lo que iba a ser un corto período, a día de hoy lleva seis años viviendo en Schönau, una zona preciosa en medio de la tranquilidad rural.

En tres años consiguió sus objetivos: ahorrar, comprarse una casa y un coche. Sin embargo, tras cumplirlos, la soledad empezó a pesar y actualmente echa de menos esos pequeños detalles de la cotidianidad. Mientras que en Barcelona tenía amigos, familia y vida social, Alemania le ofrece estabilidad y un futuro laboral sólido. En una entrevista para Guyana Guardian, José Luis relata la experiencia del emigrante y cómo su corazón se encuentra dividido entre dos lugares, intentando quedarse con lo mejor de ambos. 

Con tan solo tres años, José Luis ha podido pagar la entrada de su vivienda en Schönau, Alemania.
Con tan solo tres años, José Luis ha podido pagar la entrada de su vivienda en Schönau, Alemania.Cedida

Nació y creció en el Carmel. ¿Qué recuerdos cotidianos de ese barrio son los que más echa de menos desde que vives en Alemania?

Echo de menos la niñez, el colegio, mi barrio y mi calle. Recuerdo haber pasado muy buenos momentos con mis hermanos y amigos. Teníamos el Park Güell al lado y el Tibidabo de fondo. Recuerdo que jugábamos a los bandoleros y nos tirábamos piedras, lo típico que se hace cuando eres un niño. Esa infancia ahora ya no la ves tanto. Los tiempos han cambiado mucho. Echo también de menos a mi abuela.

En 2020 te marchaste en plena pandemia. ¿Cómo fue tomar esa decisión en un contexto de confinamiento e incertidumbre global?

Era carnicero y me saqué el carnet de conducir para trabajar en Barcelona, pero vino la pandemia y estuve tres meses sin trabajar. Me denegaron el paro y me quedé a cero. La única oferta que recibí fue en Alemania, así que no dudé en lanzarme a la aventura. Hice unas pruebas, me aceptaron y en 15 días ya estaba instalado. Al principio, mi idea era quedarme un año y medio para ahorrar y volver a España, pero Alemania me ha dado una seguridad y una tranquilidad que no he encontrado en un sitio.

En tres años he ahorrado para la entrada de una casa y un coche

José Luis

Schönau, Alemania

Lo que iba a ser un año o año y medio se ha convertido en casi seis. ¿Se ha replanteado alguna vez volver?

Fui solamente para ahorrar, aprovechando la única oportunidad que se me presentó. Los tres primeros años fueron trabajar, ahorrar, comprarme un coche y dar la entrada de una vivienda. Cuando cumplí esas metas, me di cuenta de que el tiempo había pasado. Ahora que ya no tengo esos objetivos en la cabeza, es cuando echo de menos a los amigos y la familia. Alemania es mi casa y Barcelona también, y he aprendido a valorar lo que dejo en cada sitio. Es una lucha mental constante cuando me cuestiono dónde dar el siguiente paso.

¿Qué argumentos pesan más hoy en cada lado de la balanza?

Alemania me da tranquilidad y seguridad laboral. Sé que si dejo mi empresa, al día siguiente tengo trabajo en otra. En general, hay mucha oferta laboral. He construido una vida. He cumplido el sueño de comprar una casa de 50 metros con 600 metros de jardín y me costó 100.000 euros. He plantado cerezos y manzanos. Es una zona rural muy tranquila. En Barcelona sería impensable y no bajaría de los 200.000 euros, además de necesitar reformas. Lo que he conseguido en tres años aquí no lo he conseguido en ningún sitio. Si no me hubiera ido, seguiría estancado en Barcelona. 

Sin embargo, echo de menos la parte emocional: tener a un amigo con quien puedes contar en el día a día, quedar para un café espontáneo, no perderme nacimientos o momentos pequeños. El dilema está en que, cuando estoy aquí, echo de menos Barcelona, pero cuando estoy allí, echo de menos Alemania. 

De hecho, muchos mediterráneos no aguantan y se van al poco tiempo. Es normal. Por ejemplo, aquí  raramente verás la típica abuela sentada en un banco hablando con sus amigas. La gente hace vida en sus casas. Tampoco es muy común entablar una conversación con el cajero del supermercado o con el carnicero. Entonces a veces haces el balance y te preguntas: “Tengo dinero y seguridad, pero no tengo vida social porque solo trabajo”.

A las seis de la tarde es más probable que te encuentres a un jabalí que a una persona

José Luis

38 años

¿Cómo ha cambiado su ritmo de vida al pasar de Barcelona a un entorno tan bucólico?

Aquí la vida empieza antes y acaba antes. Vivo en una zona rural, muy tranquila. Hay días que, cuando llega la noche, pienso que no he hablado con nadie más allá de cobrar tickets o indicar una línea. A las seis de la tarde es más probable que te encuentres a un jabalí que a una persona. Aquí la vida es trabajar, comprar e irte a casa. Y, si no buscas un entretenimiento, se te va la vida solo trabajando.

Dice que emigrar le cambia. ¿En qué aspectos siente que ya no es el mismo que en 2020?

Emigrar te abre mucho la mente y te tumba tópicos. Te encuentras en situaciones complejas y encuentras la manera para seguir hacia adelante. Yo nunca imaginé salir de mi barrio, de mis cuatro calles... Ahora sé que tengo la valentía suficiente para empezar de cero en cualquier otro país.

Vistas desde el asiento de José Luis durante su jornada laboral. 
Vistas desde el asiento de José Luis durante su jornada laboral. Cedida

¿Qué estereotipos sobre Alemania tenía antes de irte?

Al inicio pensaba que los alemanes eran fríos y que, si no sabías el idioma, no te ayudaban. Eso es completamente mentira. Solo una vez me encontré a alguien que no quiso ayudarme, pero eso no se trata de la nacionalidad, sino de los valores. Cuando te mudas, te das cuenta de que los tópicos que tienes sobre un país se desvanecen.

¿Qué consejo le daría a alguien que está pensando en emigrar a Alemania, pero aún no se atreve?

Les recomendaría la experiencia de vivir fuera con los ojos cerrados. No deben tener miedo, porque de todo se sale. También les recomendaría que cuiden sus amistades y sus sentimientos. Para mí, emigrar es de lo mejor que me ha pasado en la vida y he conseguido cumplir sueños que en Barcelona aún estaría persiguiendo. También me ha hecho mejor persona; emigrar te abre la mente y te  quita muchos prejuicios.

Nabila Bourass El Haddaji

Nabila Bourass

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Graduada en Humanidades y Periodismo por la Universidad Pompeu Fabra, con trayectoria en SEO y administración de redes sociales como gestora de comunidades. En la actualidad, ejerzo como redactora de audiencias en Guyana Guardian.

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