Martí Pérez, español de 29 años en Suiza: ''Las empresas de aquí saben que tus aspiraciones salariales son menores que las de un suizo, y aunque paguen más, se aprovechan de eso''
Españoles por el mundo
Este joven de Barcelona ha cambiado la capital catalana y su intensa vida social por un entorno que le ofrece mejores condiciones laborales y poder vivir a un paso de la naturaleza

Martí Pérez consiguió hacerse un hueco en la indústria de los deportes de montaña y hace 5 años que vive en Suiza

La imagen de Suiza como el país donde se cobra cuatro veces más y se vive rodeado de lujo alpino sigue muy instalada en el imaginario colectivo de gran parte del sur de Europa. Sueldos altos, estabilidad, orden y eficiencia. Pero la realidad es más compleja, no basta con cruzar la frontera y empezar a ganar dinero. Hay industria, competencia, alquileres tensos en ciertas ciudades y un mercado laboral que, aunque abierto, no regala nada. Además, lo más complejo para muchos es sacrificar una cultura cercana y con mucho ocio por un ambiente más frío y menos hospitalario.
A Martí, catalán de 29 años, la montaña y el deporte en la naturaleza le pesaban mucho más que la vida sin parar de Barcelona. Además, su situación económica le compensa y así lo corrobora la situación media de un trabajador en Suiza: ''Los salarios son aproximadamente el doble que en España, pero el coste de vida es un 40% más alto. Aun así, la capacidad de ahorro es mucho mayor''.
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Vive en Friburgo, ciudad suiza que comparte nombre con su homónima alemana, Friburgo de Brisgovia, justo en la frontera entre la parte francófona y la germanófona del país. Ahí Martí conisguió hacerse sitio en el sector del deporte outdoor y trabaja en la sede internacional de Scott, una marca deportiva global, líder en fabricación de material de ciclismo, esquí y carrera de montaña.

Los salarios son aproximadamente el doble que en España, pero el coste de vida es un 40% más alto. Aun así, la capacidad de ahorro es mucho mayor
De unas prácticas frustradas a recalar primero en Alemania
Su salto al extranjero no fue fruto de un plan milimetrado, sino de un contratiempo. Cuando estaba en la universidad, las prácticas que tenía cerradas en Barcelona se cancelaron a última hora. ''Abrí LinkedIn y empecé a aplicar a todo lo que veía'', recuerda. Así encontró unas prácticas en GoPro en Múnich, la empresa en la que, cómo buen aficionado al deporte al aire libre, soñaba trabajar. Los seis meses previstos se convirtieron en dos años.
La pandemia truncó aquella etapa y regresó a Barcelona para estudiar un máster. Pero su mirada seguía puesta fuera. ''Mi objetivo no era Suiza como tal, era volver a la industria del deporte y hacerme un sitio en el sector'', explica. Aplicó a ofertas entre Alemania, Austria y Suiza hasta que apareció Scott. La casualidad jugó a favor: la responsable de recursos humanos era española y el proceso fue rápido. ''Los trámites para entrar en Suiza me resultaron incluso más fáciles que en países del espacio Schengen”, asegura.

Mi objetivo no era Suiza como tal, era volver a la industria del deporte y hacerme un sitio en el sector
Sueldo suizo y alquiler real
Instalado en Friburgo, ciudad de habla francesa al oeste de Suiza y con 32.000 habitantes, vive solo y paga 650 francos suizos de alquiler. ''No es lo habitual. Lo normal es pagar entre 800 y 1.000, pero incluso así, si lo comparas con Barcelona, es similar o más económico”, relata. Sin embargo explica que en ciudades como Ginebra o Zúrich son ambientes tensionados y el alquiler no suele bajar de los 1200 euros mensuales.

La diferencia principal está en el salario. ''He mirado posiciones equivalentes en España y el sueldo sería menos de la mitad'', afirma. En su caso, calcula que puede ahorrar entre un 25% y un 35% del salario cada mes. ''En España estaría más cerca del 10% y apretándome mucho en gastos'', reconoce.
Pago 680 euros de alquiler, pero gano el doble que en España, mi capacidad de ahorro es del 35%
Eso sí, también desmonta un poco los mitos salariales del país helvético. ''En la industria del deporte los salarios son bajos, lejos de farmacéuticas o consultoras, además las aspiraciones salariales de los suizos son más altas que las de los imigrantes y las empresas se aprovechan de eso en las ofertas laborales”, asegura.
Horarios y cultura laboral
Aunque Suiza no forma parte de la Unión Europea, el proceso burocrático le resultó más sencillo que en Alemania. Tiene un permiso B, vinculado al empleo, válido por cinco años. ''A partir del quinto año te dan el permiso C, que te da más libertad'', explica.
N el trabajo nota una diferencia clara respecto a España. ''Aquí si haces 40 horas, haces 40 horas y las horas extra se acumulan como días libres'', relata. En su empresa no se pagan, pero se compensan en vacaciones. Y por lo general, explica que más allá de las cinco de la tarde, las oficinas están vacías.

Aquí si haces 40 horas, haces 40 horas y las horas extra se acumulan como días libres
Naturaleza frente a vida social
El gran intercambio no es solo económico, sino que implica un choque cultural y el “sacrificio” de la vida social habitual de Barcelona. ''Pierdo vida social respecto a Barcelona, pero gano tiempo en la montaña, me encanta esquiar en invierno y ahora me he aficionado mucho a la carrera de montaña y a la bici, si te gusta la naturaleza compensa”, admite.
Su entorno es internacional: la mayoría de sus amigos trabajan en Scott, cuya plantilla en la sede central ronda las 400 personas, muchas de ellas extranjeras. Sobre los suizos, no hay clichés positivos ni negativos. “Son hospitalarios pero es complicado entrar en su círculo más íntimo, especialmente en la parte germanófona, donde son más rígidos”, relata. Por otro lado, la inmigración asegura que es necesaria y bienvenida, pero cualificada.
Ir con una mano delante y otra detrás
Ante la pregunta que se hacen muchos jóvenes —si merece la pena ir a buscarse la vida sin contrato previo— su respuesta es clara: “Yo tomaría el riesgo, ¿Qué es lo peor que puede pasar? Que pierdas unos meses y algo de ahorro, es un riesgo asimétrico, tienes mucho que ganar”, asegura. Además explica que a simple vista da la sensación de haber muchas oportunidades laborales.
De momento, su plan era volver a Barcelona antes de los 30 pero está a punto de cumplirlos y ahí sigue. “Ya llevo cinco años y siempre voy a año vista, me quedaré un año más y valoraré”, relata. En esta trayectoria el mito salarial, que existe y puede ir a favor, se contrapone a un estilo de vida que encaja perfectamente en sus aspiraciones.


