
Relevo del DAO: del jefe denunciado a la jefa ‘cuota’
Actuó con diligencia Fernando Grande-Marlaska al cesar de inmediato al jefe de la Policía, José Ángel González, en cuanto trascendió la acusación por presunto acoso y violación a una agente bajo su mando.
También acertó –aunque tarde– al reconocer la urgencia de revisar un sistema de protección frente al acoso sexual que, a la vista de los hechos, apenas merece tal nombre. Hay un dato revelador: la víctima no confió ni en los cauces internos ni en sus propios compañeros. Acudió directamente al juzgado a denunciar. Ese gesto mide con exactitud el ambiente que se respira allí: una inquietante combinación de omertá general y de impunidad de la que se benefician algunos hombres en los niveles más altos del escalafón.
Ahora bien, se equivoca el ministro si piensa que bastará con situar a una mujer al frente para sanear –de imagen y de fondo– la institución. Hará falta mucho más que un relevo simbólico. La cuestión no es quién aparezca en la foto, sino si habrá reformas estructurales.

Hace unos días, Joaquín Vera publicaba en este diario que se da por hecho que la máxima responsabilidad operativa de la Policía recaerá en una mujer. La iniciativa parte del propio Marlaska y, aunque la propuesta se eleva a Interior desde la dirección general de la Policía, el ministro tiene la última palabra.
Solo falta el nombre. En teoría, puede aspirar al puesto de DAO (director adjunto operativo) cualquier comisario principal en activo: 111 en total, de los que veintidós son mujeres. La clave está en que alguna comisaria dé un paso al frente en este momento de crisis interna y se postule como candidata a ocupar una silla en la que podría achicharrarse. Y si no sucede, ¿qué ocurrirá? ¿Se forzará el nombramiento para cumplir con un criterio de género nunca antes considerado?
Conviene entender bien este punto. Nada desearía más quien firma estas líneas que ver a más mujeres liderando empresas, organizaciones, medios de comunicación, partidos, bancos, gobiernos y ese largo etcétera que durante tanto tiempo se nos ha resistido. También, por supuesto, en la cúpula policial.
Los equilibrios forzados para colocar a una mujer al mando rara vez consolidan autoridad
Sí que las cuotas han servido para corregir desequilibrios históricos. Pero mal aplicadas pueden deslizar un paternalismo que no favorece a nadie. Se trata de elegir a la persona más idónea para el cargo, por mérito, capacidad y cualificación, sea hombre o mujer. Los equilibrios forzados rara vez consolidan autoridad.
En el caso de la jefatura de la Policía, la pregunta resulta inevitable: si el relevo recae en una comisaria, ¿será por convicción reformista o por cálculo político? Al acotar de facto la decisión a un grupo definido por su género, se corre el riesgo de que la elegida sea percibida injustamente –por la ciudadanía y por el propio cuerpo– como una “jefa cuota”, por muchos méritos que acumule. Ojalá me equivoque.



