Groenlandia, la isla ártica de 2,1 millones de km² sobredimensionada en los mapas por proyecciones cartográficas, centra la obsesión de Donald Trump, quien amenaza invadirla por la “debilidad” defensiva danesa pese a la base estadounidense de Pituffik operativa desde 1951. Europa contraataca con un despliegue europeo: Dinamarca recibe soldados de Francia, Alemania, Noruega y Suecia para maniobras disuasorias en el territorio autónomo. Pol Bargués, investigador del CIDOB y experto en OTAN, desmonta el rol de la Alianza: “La OTAN no podría hacer mucho, porque es una alianza defensiva preparada para amenazas externas, no para defenderse de un estado fundador como EE.UU. Que ataque a Dinamarca”.
“Rusia celebra: 'desintegrar la OTAN'” sería el titular perfecto para esta crisis, según el análisis de Bargués, quien ve en el pulso una fractura interna grave que deja a la Alianza “desarmada” y limitada a mediación diplomática. “No está diseñada para esto, no tiene capacidad para tomar partido por EE.UU. Ni por Dinamarca”, explica el experto, subrayando que este episodio, como otros históricos, divide a la organización surgida en la posguerra. En este contexto, Rusia mira con “entusiasmo” la división, pues “todo lo que sea desintegrar aquello que procede de la Segunda Guerra Mundial es lo que más quiere, que se desintegre”.
Trump justifica su ultimátum en amenazas reales: Rusia domina más de la mitad del Ártico y defiende su hegemonía con uñas y dientes, mientras China infiltra vía recursos, rutas marítimas por deshielo y comercio rechazado por Dinamarca bajo influencia de Washington. “Rusia será capaz de todo por su influencia, y China ha apostado fuerte por Groenlandia”, afirma Bargués, que sitúa a Dinamarca (puesto 45 mundial, 14.000 efectivos) como insuficiente ante esta dupla. La soberanía groenlandesa, “línea roja” danesa, choca con la ambición trumpista más allá de acuerdos militares o comerciales.
El experto traza un orden mundial en ruinas: el liberal pos-Segunda Guerra Mundial, consolidado en los 90, colapsa desde Ucrania y Trump hacia “un nuevo mundo con nuevas reglas” de fuerza bruta contra vecinos o aliados. “La relevancia de Naciones Unidas y el multilateralismo es mucho menor; es peligroso porque se puede desencadenar un conflicto más violento entre potencias”, advierte Bargués. Mientras Rusia celebra la debilidad de la OTAN para agredir sin respuesta colectiva, Pekín se regocija en el conflicto interno.