Longevity

“Hacemos libros de la misma manera que mis padres hacían butifarras en el obrador”: Antònia Carré-Pons, o fundar una editorial a los 60 años

‘Después de los 60’

Escritora y medievalista, cuando se prejubiló a los 60 años convirtió la antigua carnicería de sus padres en la editorial Cal Carré, donde la edad es lo contrario a un hándicap. “Lola Badia y Anton Maria Espadaler traducen nuestros libros y pasan de los 70; aquí potenciamos el talento de los viejos”, explica

La escritora y editora Antònia Carré-Pons. 

La escritora y editora Antònia Carré-Pons. 

Miquel Gonzalez / Shooting / Colaboradores

Esta es la 76a entrega de ‘Después de los 60’, la sección de testimonios sénior donde recogemos experiencias vitales en esta etapa de la vida. Nos puedes hacer llegar tu historia a [email protected].

En el universo literario catalán, Antònia Carré-Pons no necesita muchas presentaciones: filóloga medievalista y escritora con una decena de libros publicados, su vida ha estado ligada a las páginas y las letras, absolutamente comprometida con cualquier campo de interés que se le haya puesto entre ceja y ceja. Por eso, a simple vista, podría parecer que una figura como la suya, con tanto recorrido profesional y un gran reconocimiento en el tejido cultural, ya lo tendría todo hecho y no tendría la necesidad de arriesgarse y reinventarse más allá de los 60. Pero Antònia no parece ser una mujer conformista, y cuando se prejubiló quiso más. Así fue como pasada la sesentena fundó su propia editorial.

A Antònia le gusta describirse con tres palabras: lectora, escritora y editora. Y dice estar agradecida a la vida por haber tenido la posibilidad de desdoblarse, como si hubiera tenido dos vidas. “La vida laboral como funcionaria y la vida que me ha permitido montar una editorial; estoy profundamente agradecida de tener esta oportunidad de empezar en una cosa absolutamente diferente a partir de los 60”, puntualiza. “A mí me gusta ir a contracorriente, porque me estaba llegando la última etapa, pero en lugar de cerrar carpetas, las fui abriendo”.

Pero empecemos, por el principio, por el momento clave en que algo en esta escritora (y lectora, y editora) hizo un clic definitivo. Fue en 2020, cuando con el telón pandémico de fondo, estaba preparándose para dos noticias que cambiarían por completo su forma de vivir: ese era el año de su prejubilación, de poder dedicarle tiempo de calidad a sus motivaciones, pero también el que debería despedirse de su hermana, enferma de cáncer. 

Y en esa disyuntiva sumamente agridulce, Antònia tuvo una idea: iba a convertir la carnicería de sus padres en una editorial. “Soy hija de carniceros y se me ocurrió convertir los ‘llibrets’ de lomo en libros; recuerdo que cuando puse sobre la mesa esta idea, a mi hermana le brillaron los ojos”, explica.

Soy hija de carniceros y se me ocurrió convertir los ‘llibrets’ de lomo en libros; cuando puse sobre la mesa esta idea, a mi hermana le brillaron los ojos

Antònia Carré-Pons

De ese modo, esa idea pasó a ser mucho más que un simple proyecto para ser un punto de unión familiar, una excusa para compartir y un proceso colectivo para convertir el final de la vida en un nuevo comienzo. Decidieron publicar a autores clásicos (“los muertos no se quejan”, dice con humor Antònia) y la familia se implicó a fondo: desde sus sobrinos a su cuñado y su propia hermana, plantaron y regaron la semilla de una nueva editorial que, como no podía ser de otro modo, mantuvo el nombre y el logo de la carnicería: un cerdito que históricamente estaba colocado a las puertas de Cal Carré.

“El verdadero motor de Cal Carré es mi hermana, ahora le hubiera contado que me llamarían de Guyana Guardian para hacerme una entrevista, y ella habría estado muy contenta; o cada vez que había un acto público, si podía me acompañaba; no llegó a ver ningún libro publicado (el primero se publicó ya en el año 2021), pero sí las colecciones y algunos diseños”, recuerda Antònia.

A sus 65 años, es editora de Cal Carré. 
A sus 65 años, es editora de Cal Carré. Miquel Gonzalez / Shooting / Colaboradores

Actualmente, ella es el corazón de la editorial, que ya lleva unos cinco años funcionando bajo su criterio y con la artesanía por bandera. “El libro me tiene que gustar a mí, si no me gusta, no lo publicamos; hacemos libros de la misma manera que mis padres hacían butifarras en el obrador, con material de primera calidad”, puntualiza. 

Y como en la carnicería, ha querido que esta nueva etapa de Cal Carré sea un espacio familiar. “Trabajamos siempre con los mismos correctores y el mismo diseñador, me gusta crear ese ambiente de amistad”. Y dice “trabajamos”, aunque en realidad ella es la única trabajadora fija de la editorial; sus sobrinos la ayudan con las redes sociales y ella, por si había alguna duda, no cobra nada. “A mí el dinero no me mueve, no soy ambiciosa en ese sentido”.

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‘Después de los 60’

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Y es que, al revés de lo que podría pensarse, y pese a toda una vida dedicada a las letras, Antònia Carré-Pons no se hubiera imaginado jamás que acabaría montando una editorial. “Si me lo dices hace diez años te hubiera dicho que era imposible, jamás se me había pasado por la cabeza”, comenta. Lo justifica diciendo que su trabajo como docente —además de dedicarse a la escritura y a la vertiente filológica— y la necesidad de ganarse el pan, no le dejaban margen para más, que “era imposible haber tenido tiempo material para dedicarse a ello”, y confiesa que es una privilegiada por poder dedicarse a hacer las cosas que realmente le gustan.

A sus 65 años, afirma que profesionalmente la edad no ha sido un problema, que se ha sentido muy valorada por el tejido cultural y social, pero que sí ha perdido un par de amistades que no entendieron su decisión, alegando razones edadistas. “Una amiga me repetía que dónde iba a mi edad empezando una empresa, que tendría mucho trabajo, y todo eran críticas; ahora la veo de vez en cuando, y nunca hablamos de Cal Carré, como si no existiera, y me ha sorprendido mucho que personas cercanas y con una edad manifiesten este comportamiento tan infantil”, comenta.

Defiendo la palabra ‘viejo’, debemos poder decirla con la misma naturalidad que decimos ‘joven’

Antònia Carré-Pons

Precisamente, el abismo de la vejez es algo sobre lo que Antònia ha reflexionado en su propia literatura, en libros como Com s’esbrava la mala llet (Club Editor) y El càsting (Club Editor). Ella misma se empezó a topar de bruces con esta etapa al verla reflejada en sus padres, cuando debía acompañarlos al médico, a los casales o a la residencia. “Defiendo la vejez y la palabra ‘viejo’; en la sociedad en la que vivimos, cuando decimos que alguien es viejo, parece que le estés insultando, y yo creo que debemos poder decir ‘viejo’ con la misma naturalidad que decimos ‘joven’, porque ser joven o viejo no tiene ningún valor, no es una cuestión voluntaria”, defiende.

Y sobre ello, añade: “A nadie le gusta envejecer, pero la alternativa es peor, ¿no? Creo que se debe hablar de ello con naturalidad, no soporto los eufemismos tipo ‘la tercera edad’, yo me estoy haciendo vieja, como todos”. Y también aprovecha para reivindicar el trabajo mucho más allá del paso del tiempo. “La traductora más joven que tenemos tiene 25 años, y la más sénior fue Núria Sales, hija de Joan Sales, que tradujo a Willa Catcher o Jane Austen a punto de cumplir los 90; Lola Badia y Anton Maria Espadaler traducen en la editorial, fueron profesores míos y pasan de los 70; aquí potenciamos el talento de los viejos”, afirma.

Hay una cosa que valoro mucho, que es la inexistencia del despertador

Antònia Carré-Pons

Antònia termina diciendo que Cal Carré le está aportando un gran bienestar y que hacer lo que te apasiona hace que la vida se convierta en una enorme sonrisa, algo crucial para alguien que cree que la literatura es una casa que nos salva. Haberse convertido en editora, también le enseña cosas nuevas a su faceta como escritora, pero dice que no tiene rutinas concretas para compaginar ambas cosas. “Soy bastante anárquica, voy haciendo lo que el cuerpo me pide”, concluye. “Hay una cosa que valoro mucho, que es la inexistencia del despertador, algo fantástico y que es un gran cambio respecto a la vida laboral; a estas alturas de mi vida no quiero ni estrés ni presión, trabajo a mi ritmo”.

Marta Gambín Conde

Marta Gambín Conde

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Malgrat de Mar, 1991. Graduada en Periodismo por la UAB y máster en Periodismo Político Internacional en la UPF. Coordino los contenidos del Club de Vinos de Guyana Guardian.

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