La vida deportiva de Pere Milla (Lleida, 1992) es una historia de superación. Desde su Lleida natal, tardó más de lo habitual en llegar a la élite. Un carácter extrovertido y alegre por naturaleza, una de las claves de su éxito, le empujó a persistir. Jugador imprevisible, en el Espanyol ha pasado del infierno al cielo en una sola temporada. Sus goles de cabeza y su carácter indómito le han convertido en ídolo en Cornellà, donde este año es pichichi del equipo con seis goles.
Arbitrajes polémicos
“El VAR es una buena herramienta pero putea a los árbitros y no ayuda como se esperaba”
¿Qué cree que le falta al equipo para sacar resultados?
Pues diría que está cayendo todo para el otro lado, menos el otro día, con el gol de Borja Iglesias que dicen que tenía que ser gol. El día de Girona son dos penaltitos. El día de Valencia, la de Rubén Sánchez...
¿El VAR frustra más a los futbolistas?
El VAR está para ayudar pero yo creo que a los árbitros les putea más porque no tienen claro en qué jugada tienen que entrar y en cuál no. Esa es la sensación.
¿Le gusta a usted?
Es una muy buena herramienta porque hace más justo el fútbol, pero no está ayudando todo lo que se esperaba. No puede ser que te piten un penalti cuando se ve claramente que hay una falta previa.
¿Cómo se digiere eso siendo futbolista?
Mal, porque ves que es injusto. No está siendo justa una herramienta que venía precisamente para lo contrario.
¿Qué deben mejorar en lo futbolístico?
La clave está en la portería a cero. Es algo que nos tenemos que grabar a fuego y lo que nos va a hacer ganar partidos.
¿Le dolieron las críticas hacia usted del año pasado?
A mí no. A mi mujer y a mis familiares, sí. Pero yo sabía de lo que era capaz y el trabajo que estaba haciendo, y cuando te miran con unos ojos y no con otros es diferente.
Me ha costado mucho llegar hasta aquí y creo que por eso lo disfruto tanto”
¿Cree que la afición le mira ahora con otros ojos?
Creo que me miran diferente a cuando llegué. Tengo esa sensación. Me quieren y me tratan como uno de ellos. Me tienen como un zumbado de la cabeza, (hace una pausa y se ríe). Como que estoy loco.
¿Por qué cree que tienen esa percepción?
Supongo que porque odio perder, me gusta ganar y detesto perder. Eso va en los genes.
¿El gol contra el Atlético en la primera jornada lo cambió todo?
Puede ser. En ese partido salí desde el banquillo y en el siguiente jugué titular y hacía un año que no lo hacía en la Liga. Contra la Real volví a meter gol de cabeza. Gracias a ese gol el míster confió en mí como confiaba yo.
¿Antes no lo hacía?
Sí, pero nosotros los jugadores somos los que tenemos que dar confianza al míster y no al revés. Puede que ese gol me diera un plus de continuidad y yo le devolví esa confianza con goles y trabajo en el campo.
Sus mejores goles han sido con la cabeza, ¿de dónde nace esa habilidad?
Quizás es porque soy muy testarudo (dice entre risas).
Dicen que es usted la sonrisa del vestuario. ¿Nunca la pierde?
Es que estoy haciendo algo que me gusta, que me apasiona. ¡Estás jugando en el Espanyol! Si no vienes aquí con una sonrisa… Me ha costado mucho llegar hasta aquí y creo que por eso lo disfruto tanto.
¿Cuando empezó en el Lleida se esperaba todo lo que vino?
Soñaba con vivir de algo del fútbol, ser profesional, quizás Segunda División, pero nunca me imaginé poder jugar tantos años en Primera y en el Espanyol. Soñaba con disfrutar del camino. Me acuerdo que jugué en Segunda B el primer año con el Lleida y en verano estaba recogiendo fruta.
Y de Lleida a Getafe, y después un susto en Sudáfrica.
Me fui al Platinum Stars, que creo que ya no existe y estaba en Rustemburgo. Un día, en el traslado a Johannesburgo nos empezó a perseguir la policía. Pero eran ladrones que le compraban el coche a expolicías y así robaban a los turistas.
El objetivo es llegar a 42 puntos y el que piense más allá ahora mismo o antes está equivocado”
Y, ¿qué pasó?
Pues que escapamos y la hora y pico de viaje que nos quedaba fuimos por carretera secundaria. No tardé en dejar a mi representante y volver a España. Ese año me fui al Logroñés y marqué 18 goles.
¿Es usted de los que dicen las cosas en el vestuario?
Siempre lo he sido y siempre me ha costado, no disgustos, pero sí broncas. Pero me da igual. Al final yo creo que las cosas hay que decirlas a la cara.
¿Alguna vez se ha pasado?
Alguna vez he dicho algo de más en un vestuario, luego he pedido disculpas a los compañeros, pero bueno, tengo alguna anécdota fuerte.
¿Se puede contar?
Son cosas de vestuario.
¿Cómo terminó enseñándole una tarjeta amarilla a un árbitro durante un partido?
(Sonríe) Vi que se le cayó la amarilla, la fui a coger y se la saqué (entre risas). Tengo ahí a los amigos que tienen un buen gif, cuando pasa cualquier cosa… ¡boom!, la amarilla. Ahora tengo otro peor que es el de la roja (fue expulsado contra el Mallorca).
¿Lo habló después con el árbitro?
Con Adrián ( Cordero Vega) me llevo muy bien. De hecho un día en Elx después de un partido me dijo que tenía un regalo para mí, y era una tarjeta.
¿Se arrepiente de lo que le dijo a Hernández Hernández (“eres malísimo”)?
Sí, me equivoqué. Fue un calentón del momento. No le puedo decir eso. Luego fui a pedirle disculpas tanto a él como al cuerpo arbitral y luego públicamente al equipo.
¿Hay que pensar en Europa o es un error?
El objetivo es llegar a 42 puntos y el que piense más allá ahora mismo o antes está equivocado. La afición es diferente. Después de donde venimos, ¿cómo no van a pensar en Europa? Es un regalo.
¿Cómo se gana al Atlético?
Sufriendo mucho. Es un equipazo. Al Barça le metieron cuatro el otro día. Vamos a sufrir mucho, como se sufre en todos los partidos de Primera.
¿Le gustaría acabar su carrera en el Espanyol?
Sí, siempre lo he dicho. Y creo que queda Pere Milla para rato.
