En el minuto, 65 el canario volvió. Un hecho que es una gran noticia para el equipo por dos motivos. El primero, que sube el nivel cualitativo del fútbol y, luego, que es el único perfil de la plantilla que puede hacer a la perfección todas las tareas que la posición de ocho solicita en el Barça de Flick: ser un jugador que ayude en la construcción, que organice, que arriesgue en el último tercio pero que no pierda balones y que, además, gestione los tempos. Sus 26 minutos fueron una pequeña demostración de lo que este jugador cambia el juego colectivo. Y es que durante su presencia el Barça dio 191 pases y solo acumuló once balones perdidos.
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