Entró en el once, como es habitual desde su llegada, como lateral izquierdo. El portugués es un jugador de alto potencial atacante, pero excesivamente desordenado. Flick le creó un contexto perfecto. Un escenario en el que el extremo va hacia dentro con balón y cierra el pase a banda del rival cuando defiende (Raphinha) y en el que el central zurdo responde a un perfil posicional y muy atento en las transiciones defensivas (Gerard Martín). O lo que es lo mismo, pista libre en ataque y un guardaespaldas por detrás. Fue decisivo para que el equipo consiguiera el más dos en el marcador con una primera parte de generación ofensiva espectacular.
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