David Uclés,novelista: ‘La península de las casas vacías' y ‘La ciudad de las luces muertas’:

“Quemaría toda mi obra a cambio de dormir ocho horas seguidas”

Cumplí 36 años el 21 de enero. Nací en Úbeda (Jaén) y vivo en Madrid. Soy escritor y músico callejero de folk: arpa, acordeón, guitarra... Soltero, sin hijos. ¿ Política? Progresista e iberista. ¿ Creencias? Agnóstico. Me encanta ir al cine. Barcelona es mi segunda patria chica. (Foto: Marta Pérez / EFE)

Sus padres...

Olivareros de Jaén. Felices con poco.

¿Qué dicen de su éxito?

Hace dos años yo era un fracaso. Hoy están orgullosos.

¿Cómo era el pequeño David?

Un flequillo que soplaba, tics y bizqueo.

¿Leía?

Con once años elegía libros de la biblioteca municipal por sus títulos: La peste (Camus), Guerra y paz (Tolstói), El retrato de Dorian Gray (Wilde)...

¿Qué soñaba ser de mayor?

Pintor. Dibujaba bien y mucho.

¿Qué estudió?

Traducción. En Granada, Córdoba, Alemania: ¡salí del olivar! Tenía 18 años. Desde entonces he sido nómada.

¿Dónde vivirá este año?

Me instalo en julio en Venecia, cuatro meses. Y luego un año en Praga, yo solo.

Empezó escribiendo la Guerra Civil...

Con 19 años preguntaba a mi abuelo Luis.

¿Cómo era su abuelo Luis?

Rudo, áspero, con corazas, se burlaba de mi homosexualidad. Pero la vejez le ablandó y entonces pudimos abrazarnos.

¿La Guerra Civil les mató a alguien?

No, por suerte. Sí hubo un tumbao.

¿ Tumbao?

Mi tío Antonio volvió del frente asqueado, se postró en su cama... Y nunca se levantó.

La península... ¿es equidistante?

No. Es objetiva, pero no neutral. Y uso el humor, componente de la sensibilidad.

¿Todos perdimos la guerra?

La perdieron los de abajo. Todos los de abajo... De ambos bandos. Y la ganaron algunos... De arriba.

¡Aclarado, por fin!

Empatizo con todas las víctimas. Me han dicho “es el episodio que le quedó por escribir a Almudena Grandes”.

Y, ahora, empatiza con Barcelona.

Viví en Barcelona en el 2022 con la beca Montserrat Roig. En La ciudad de las luces muertas homenajeo la ciudad, sus escritores y artistas.

Hace que la ciudad quede a oscuras.

Nos amenaza una oscuridad, ¿la siente venir? La literatura inventa esperanza. La esperanza... Debemos inventarla.

¿Dónde encontraremos luz?

En los bares, la convivencia, la cordialidad presencial. No en las redes. Sí en tu capacidad de inventarla.

Su novela La ciudad... Es un delirio lisérgico u onírico: ¿qué se toma?

Ni me drogo ni bebo alcohol: tomo Sumial, pastilla para mi arritmia cardiaca. En octubre tengo programada operación.

¿Está contento con la novela?

Yo quería que Eduardo Mendoza la leyese. ¡Y le ha encantado! Soy feliz. ¡Y a Pere Gimferrer le ha divertido!

Mire, se acerca Montserrat Roig: ¿qué le dirá?

Eres tan lúcida... ¡Ayúdame entender este momento político!

Mire, se acerca Mercè Rodoreda: ¿qué le dirá?

Eres tan sabia... ¡Enséñame algo de lo que sabes de la vida y de la muerte!

Mire, se acerca Carmen Laforet: ¿qué le dirá?

¡Te llevo al cine! ¡Luego nos vamos por ahí, vivamos!

Mire, se acerca Espriu...

Tu Sefarad es hoy mi Iberia. Con la balsa de piedra de Saramago aprendí iberismo: unámonos para un futuro mejor.

Elija un lugar de Barcelona para pasear.

Las calles del barrio gótico o de Gràcia.

Un lugar para comer.

El restaurante 7 portes: muchos artistas comieron y dejaron firmas.

Un lugar para un aperitivo, una copa...

Un sencillo bar obrero de la Barceloneta.

Un rincón para leer.

El Turó Park.

¿Y para rezar o meditar?

La iglesia de Sant Francesc de Sales, por Arc de Triomf.

¿Y para comprarse algo?

Iré a los Encants.

Un lugar para besarse.

El cementerio de Montjuïc.

Y para hacer el amor.

Las bambalinas de un viejo teatro barce­lonés.

Su enclave favorito de Barcelona es...

La plaza del Rei, de noche. Y la Sagrada Família, ¡la obra más increíble de toda Iberia!

¿En qué barrio viviría?

En la plaza d’Osca de Hostafrancs. Todavía hay allí tiendas humildes. Ah: en mi dormitorio, ¡oscuridad y silencio!

¿O si no, no dormirá bien?

Nunca me entra sueño antes de dos horas acostado. Nunca he dormido ocho horas seguidas. ¡Por acostarme con sueño, lo daría todo! ¡Quemaría toda mi obra a cambio de dormir bien ocho horas seguidas!

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