Barcelona

Paraísos e infiernos

Quizá para imitar la película Sirât –en la tradición islámica, el camino que separa el paraíso del infierno–, La2 ha estrenado el programa Sukha , que, en sánscrito, define el estado de auténtica felicidad. En la práctica, las expectativas se ciñen a un cajón de sastre sobre actos y entrevistas culturales que, con tres presentadores (Susana Castañón, Jero Fernández y Pablo G. Batista), intenta sustituir el Culturas 2 de Tània Sàrrias. La idea de los tres presentadores quiere transmitir la energía de una diversidad que, en un dossier de proyecto, podría venderse como dinamismo. El espectador tipo de un programa así –servidora–, sin embargo, se pregunta si hace falta que todo sea dinámico. La otra intención es ampliar la etiqueta “cultural” a disciplinas híbridas, como la neurociencia, y pensar que si traes a ídolos de las redes sociales y la podscastesfera , la audiencia se disparará. Spoiler: la audiencia no se disparó.

Myha'la, siempre afilada como Harper Stern en la serie Industry 
Myha'la, siempre afilada como Harper Stern en la serie Industry HBO Max

ILLA. El retorno del presidente Salvador Illa tampoco disparó los audímetros. La entrevista que le hizo Ariadna Oltra (TV3) oficializó uno de los problemas de estas liturgias de poder: que la periodista haga su trabajo y pregunte todo lo que hay que preguntar no te asegura que el presidente responda. Cuando Oltra le planteó el problema de que las bajas por enfermedad se alarguen a causa de las largas esperas de pruebas indispensables para hacer diagnósticos solventes, el presidente dijo: “Trabajamos para acortar las listas de espera”. En La2cat, en la conversación con Jordi Basté, cuando le preguntaron “¿cómo ve Catalunya?”, el presidente puso cara de pensar “esta respuesta me la sé” y dijo que la veía bien y con esperanza. Y no era ningún gag del Polònia .

El encanto de la serie Industry: todos los personajes son adictos a una verborrea incomprensible

CAPITALISMO. La cuarta temporada de Industry (HBO) mantiene el estrés como gasolina narrativa y metáfora crítica del capitalismo y una dosis de sexo lo suficientemente explícita y acelerada para enganchar al espectador. La serie retrata la mala vida de una tribu de jóvenes financieros, vocacionalmente opacos, con varias patologías emocionales y mentales, adictos a una verborrea incomprensible y a dilemas en los que deben elegir entre ser asquerosamente monstruosos o monstruosamente asquerosos. 

La suma de perversiones de esta élite actúa sobre el espectador de sofá como un espejo que nos invita a pensar que nuestra existencia de consumidores compulsivos de series sin horizontes de vida viciosa no está tan mal.