Un mes utilizando la tablet con Windows más resistente y más rápida del mundo
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Hay entornos de trabajo en los que no nos podemos permitir que nuestro dispositivo se rompa, pero comprar una tablet u ordenador robustos no tienen por qué ir reñido con la potencia y la velocidad
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La tablet Getac F120.

No es secreto para nadie que los dispositivos electrónicos tienen tendencia a romperse con facilidad… Pero hay entornos en los que eso no puede permitirse. Getac es una marca de ordenadores y tablets “rugerizadas” —del término inglés rugged, áspero, duro—, pensadas para resistir incluso las condiciones de uso y clima más adversas. En su sitio web vemos algunos de sus casos de uso más llamativos: desde usos industriales, sector automovilístico y construcción, hasta aplicaciones militares, en medio del campo de batalla.
En concreto, el modelo F120 es un caso particular: se caracteriza por ser la primera tablet totalmente rugerizada que, además de funcionar con Windows, está habilitada como PC Copilot+. Una clasificación impulsada por la propia Microsoft que implica, claro, compatibilidad total con la IA de Windows, pero que también viene aparejada a unos requisitos técnicos y de potencia muy elevados. Es un auténtico PC enfundado en un cuerpo de tablet.
Para ser clasificado como un PC Copilot+, un dispositivo requiere de compatibilidad total con la Inteligencia Artificial de Windows, además de ser muy, muy veloces en su capacidad de procesamiento de datos. Como mínimo, tienen que tener una Unidad de Procesamiento Neuronal (NPU) de al menos 40 TOPS. Palabrería técnica a parte: básicamente, lo que significa es que, en su ámbito, no hay dispositivo más rápido que esta F120.
Al usuario medio, no obstante, el mero hecho de tenerla entre las manos le resultaría peculiar. Frente a la tendencia de diseño habitual de las tablets —pantallas grandes pero cuerpos estrechos, ligeros—, la Getac F120 se siente sólida y, la verdad, bastante grande en nuestras manos, con unos 22 mm de grosor y unos 30 cm de anchura. Alberga una pantalla de 12,2 pulgadas (que además viene con protector incorporado) y también varios botones y accesos directos que podemos programar a nuestro gusto.

Pero, sobre todo, lo que destaca desde el primer uso es que todas y cada una de sus partes están protegidas para evitar golpes, rayones y defectos en el funcionamiento. El puerto de carga y sus múltiples entradas USB-A y C no quedan nunca completamente expuestos porque están ocultos tras pestañas que tendremos que levantar, haciendo un poco de presión, para acceder a ellos. Esto hace prácticamente imposible dañarlos de manera accidental en el transporte; un aspecto muy importante en unos aparatos pensados para usarse en constante movimiento y construcciones adversas.
La parte más inteligente, no obstante, es que las áreas más inevitablemente expuestas o sensibles, como la carcasa o las baterías, están colocadas de manera que pueden ser reemplazadas si es necesario. Extraerlas, si no sabemos lo que estamos haciendo, no es nada sencillo —de hecho, he intentado de manera bastante intensa hacerlo a la fuerza, y me ha resultado imposible—, pero, teniendo en cuenta que el dispositivo está pensado para utilizarse en condiciones extremas, la perspectiva de poder reemplazar piezas cuando sea conveniente parece una buena idea.
De compilar código a procesar vídeo o modelos en 3D, la 'performance' es muy notable

Lo que más llama la atención en una primera aproximación es la robustez, aunque el funcionamiento de la propia tablet me ha sorprendido muchísimo. A efectos prácticos, opera como un PC de sobremesa en prácticamente todo, tanto por la velocidad con la que podemos movernos entre aplicaciones como por la fluidez con la que funcionan algunas de las más exigentes. De compilar código a procesar vídeo o modelos en 3D, la performance es muy notable. Incluso he aprovechado, de cuando en cuando y aunque no sea el uso para el que está pensada, para echar alguna que otra partida a algún videojuego. No he tenido ningún problema en hacerlos funcionar ni en la compatibilidad con mis periféricos, pero, eso sí: la estructura puede llegar a calentarse un poco cuando la enfrascamos en tareas que piden más de la gráfica.
En cualquier caso, y como la Getac F120 está especialmente pensada para su uso en interiores, hay dos aspectos que me parecen fundamentales: la pantalla y la batería. En cuanto a la pantalla, no puede plantearse absolutamente ninguna queja. Es responsiva en sus funcionalidades táctiles, amplia, nítida y, sobre todo, brillante. Con 1.200 nits y la tecnología LumiBond, que ha sido desarrollada por la propia empresa para estos dispositivos, no tenemos problemas de legibilidad en básicamente ninguna condición de luz. Pero, además de eso, el acabado mate del panel le aporta algo de contraste extra y, sobre todo, evita los molestos reflejos que tan habituales son en teléfonos u ordenadores portátiles.
La batería también es bastante amplia. Podemos obtener alrededor de 10 o 12 horas de uso ligero y unas sólidas 6 de uso intensivo en casi todos los casos, incluso cuando hemos puesto a prueba las aplicaciones con Inteligencia Artificial integrada. El único aspecto en esta pega, en mi opinión, es que la carga puede resultar un poco lenta. No será un problema si se planea utilizar constantemente enchufada, o si se dispone de espacios de tiempo amplios para recargarla. Las dos baterías de 4.070 miliamperios que están colocadas en la parte trasera de la carcasa pueden cambiarse en caliente sin necesidad de desmontar la totalidad del dispositivo, permitiendo la posibilidad de almacenar unidades extra para las ocasiones en las que se necesite una vida más amplia.
Esto y un tiempo de arranque quizás también un poco más dilatado que el de otros dispositivos son las únicas pegas que, a priori, podrían ponérsele a un dispositivo que sin duda no es para todos los públicos, pero que ofrece una calidad excelente dentro de su nicho específico.


