“Si pides una videollamada, usan programas de deepfake”: así funciona la ingeniería emocional con IA detrás de las estafas románticas
La estafa del amor
Bruno Pérez Juncà y Patricia Hernández explican qué herramientas tecnológicas utilizan los estafadores y cuáles son las señales objetivas para detectar el fraude antes de que el daño sea irreversible
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Las estafas emocionales se han multiplicado con la llegada de la IA.

Hace años que se habla de los estafadores del amor, había unos cuantos lobos solitarios en este escenario delictivo y la policía los tenía más o menos controlados. Sin embargo, con la llegada de la inteligencia artificial, la situación ha dado un vuelco, se ha masificado y el love bombing se ha convertido en un asunto mayor que puede afectar a cualquier persona en situación de vulnerabilidad emocional.
Las estafas emocionales online se han sofisticado y han magnificado un esquema que ya conocemos: generar un vínculo afectivo falso para obtener dinero o datos. En un reciente webinar organizado por la UOC, el perito forense informático Bruno Pérez Juncà describió el fenómeno desde la práctica profesional, con la moderación y aportaciones de la profesora de criminología de la UOC y directora del máster universitario de Ciberdelincuencia, Patricia Hernández, e intervenciones de otras personas con relación directa o indirecta con los mencionados delitos, como Blanca Frías, presidenta de la asociación ANCEME, de víctimas de estafas emocionales. Ahora el foco va más allá del engaño sentimental y nos adentramos a debatir cómo la inteligencia artificial multiplica su alcance y dificulta su detección.
Estas estafas, por definición, consisten en la creación de un perfil ficticio en redes sociales o aplicaciones de citas para establecer una relación romántica y, una vez consolidado el vínculo, explotar emocional y económicamente a la víctima. La novedad es que la IA actúa como herramienta de escalado.
Una industria organizada, con sus manuales y sus protocolos
Pérez Juncà se expresa siempre de forma diáfana: “Esto no es un juego, es una industria”. En su intervención explica que detrás de muchos casos existen estructuras organizadas que operan con procedimientos definidos. “Tienen manuales de ingeniería social que son auténticas obras de arte del engaño. No improvisan, tienen un guion de cine donde tú, la víctima, eres el coprotagonista, pero no sabes que el final ya está escrito”.
La primera fase es la de inteligencia. “Si yo quiero entrar en tu vida, tengo que saber qué puertas tienes abiertas”, afirma. Aquí entra en juego la inteligencia de fuentes abiertas (OSINT, por sus siglas en inglés). Publicaciones en redes sociales, estados emocionales compartidos, fotografías o comentarios ofrecen información estratégica. “El estafador no busca a una persona cualquiera, busca a alguien vulnerable en un momento concreto”.

La IA acelera este proceso. Permite analizar perfiles, generar relatos personalizados, crear conversaciones coherentes en distintos idiomas y adaptar el discurso a la información recopilada. Patricia Hernández explica que estas herramientas “catalizan y expanden” el alcance de las organizaciones criminales, porque reducen el tiempo necesario para construir perfiles creíbles y mantener múltiples conversaciones en paralelo.
Love bombing y dependencia emocional
Una vez iniciado el contacto, se activa la fase de vinculación. Pérez Juncà describe el llamado love bombing: “Son mensajes constantes. Es un goteo de dopamina: Buenos días, buenas noches, promesas de futuro compartido, etcétera”. La comunicación se intensifica hasta crear una rutina emocional.
Hernández detalla el mecanismo psicológico: “la intermitencia en la atención genera dependencia. Periodos de contacto intenso seguidos de silencios estratégicos activan respuestas bioquímicas asociadas a la expectativa y la recompensa”. El resultado es un vínculo que la víctima percibe como real.
La intermitencia en la atención genera dependencia
La IA contribuye en esta etapa generando textos afectivos, respuestas inmediatas y coherencia narrativa. Aunque, según Pérez Juncà, en la mayoría de los casos actuales sigue habiendo humanos detrás de las conversaciones, la tecnología facilita la creación de guiones personalizados y el mantenimiento simultáneo de múltiples víctimas. Todavía no son chatbots estafadores, “pero todo llegará”, asegura. La IA agéntica está para servir tanto a los buenos como a los malos.
Documentos falsos y deepfakes
Cuando la confianza está consolidada, llega la fase económica. “Cuando ya se habla de boda, de vivir juntos, aparece la tragedia”, explica el experto. Accidente de un hijo, enfermedad de un familiar, paquetes retenidos en aduanas... En muchos casos se presentan páginas web falsas que simulan empresas de transporte o plataformas de inversión.
Aquí la IA ha incrementado la verosimilitud del engaño. Pérez Juncà señala que ahora se generan documentos falsificados con un nivel de calidad que complica su detección. “Ha habido documentos que ni los notarios han sabido identificar como falsos”, apunta Blanca Frías, presidenta de ANCEME.
También se han incorporado herramientas de manipulación audiovisual. “Si pides una videollamada, usan programas de deepfake”, advierte Pérez Juncà. Imágenes pixeladas, audio con interferencias o rostros superpuestos bastan para reforzar la percepción de autenticidad. Hernández añade que el entorno digital exige un principio de “confianza cero”: cualquier contenido puede estar manipulado.
Mulas financieras y blanqueo
En la fase de pago, rara vez el dinero viaja directamente al país de origen del estafador. “Usan mulas”, explica el perito. Se trata de cuentas bancarias de terceros, víctimas previas o personas captadas para reenviar fondos mediante criptomonedas u otros sistemas. El rastro se fragmenta en minutos.
Las criptomonedas han introducido una variante adicional. Según Frías, en casos con mayor capacidad económica se utilizan falsas plataformas de inversión con pequeñas ganancias iniciales que generan credibilidad antes de solicitar transferencias más elevadas.

Uno de los mitos recurrentes es que las víctimas carecen de formación. Frías desmiente esa percepción: en su asociación, solo un 2 % de los casos corresponden a personas sin estudios básicos. Hernández subraya que no existe un perfil único. “Es una vulnerabilidad emocional universal”, sostiene. El objetivo no es la inteligencia de la víctima, sino sus circunstancias personales.
Cómo prevenirse de las estafas emocionales
Pérez Juncà resume la defensa en términos prácticos: “Si te enamoras de una foto de un catálogo, sospecha”. El especialista recomienda realizar búsquedas inversas de imágenes, analizar incoherencias lingüísticas y desconfiar de cualquier solicitud económica sin encuentro presencial previo. “Si te pide dinero sin haber tomado un café cara a cara contigo, es una estafa. No hay excepciones”.
Hernández insiste en la prevención temprana: trasladar la interacción al mundo real en entornos públicos, verificar identidades y asumir que en el ciberespacio cualquier elemento puede ser ficticio. “Todo lo que venga de internet, a priori, debe ser verificado”, resume.
Si te pide dinero sin haber tomado un café cara a cara contigo, es una estafa. No hay excepciones
La tecnología no ha creado las estafas emocionales, pero ha aumentado su capacidad de penetración y su verosimilitud. Ahora son mucho más realistas que hace unos años. La IA permite generar identidades creíbles, automatizar interacciones y producir pruebas falsas con un coste mínimo. Frente a ello, la única estrategia eficaz combina alfabetización digital, análisis crítico y denuncia formal cuando se detecta el engaño.
El componente afectivo seguirá siendo el núcleo de estas estafas. La diferencia es que ahora cuenta con herramientas capaces de generar relatos coherentes y sostener múltiples vínculos simultáneamente. Un mismo estafador puede estar conquistando a múltiples víctimas a la vez. La dimensión tecnológica no sustituye al manipulador humano, pero amplía su alcance. Y entender ese engranaje es el primer paso para neutralizarlo.


