Opinión

Gaudí viral (y en disputa)

El patio digital

Estamos en el año Gaudí y la culminación de la Torre de Jesús de la Sagrada Família ha funcionado últimamente para evocar al arquitecto de Reus —¿o quizás de Riudoms? Un volumen de reciente edición retoma la incesante controversia sobre la cuna del genio— en los medios sociales. La realidad es que la basílica ha obtenido mayor difusión, al transformarse en el santuario cristiano de mayor elevación del planeta, que la figura del artista, lo que evidencia que Gaudí actuó con destreza al no finalizar su trabajo más vasto, asegurándose de este modo perpetuar su renombre in saecula saeculorum.

Como no se cansaba de repetir Juan José Lahuerta, el ex director de la Cátedra Gaudí, ningún arquitecto moderno puede presumir de un predicamento popular tan exagerado. Ni Otto Wagner, ni Lloyd Wright, ni Van der Rohe, ni Le Corbusier... Gaudí es otra cosa. Es el objeto de deseo de millones de turistas que cada año visitan sus edificios más imaginativos, como bien sufrimos los barceloneses a diario. Es un fenómeno difícil de explicar que va más allá icluso de su valor artístico. Hay algo en él, algunos diran que una mística especial, otros que márketing, que lo hace único y accesible a todo el mundo. Y ya no digamos en su tierra, donde quizás nuestra escasez de mitos universales nos hace venerarlo al mismo tiempo que mirarlo con desconfianza. Porque nunca, nunca en Catalunya, puede haber, por muy genial que sea, un personaje que genere consenso absoluto.

La culminación de la Sagrada Fam

Todo esto se observa a escala digital al dar un simple garbeo por las reacciones. De entrada, se confirma la absoluta universalidad del personaje. Como no podía ser de otro modo, la noticia de la Sagrada Família dio la vuelta al mundo y, en X, miles de cuentas de todas partes no solo se hicieron eco de ella, sino que la celebraron entusiastamente. Quizás sea cierto complejo, pero aunque conocemos bien la fama de Gaudí, uno aún queda admirado de esa reputación planetaria al leer -es un decir- tuits en polaco, rumano, eslovaco, griego, turco, japonés o un perfecto tamil.

Incluso sorprende que los chistes sobre la eterna provisionalidad del templo, que tan barceloneses nos parecen, sean de dominio global. Un usuario británico, por ejemplo, aprovechaba el tirón para colgar una viñeta antigua sobre un  exministro conservador. En la misma, un barbudo Gaudí le pregunta al político si “terminará esto alguna vez”, señalando una Sagrada Família en obras que simboliza asuntos como la sanidad, la educación o el transporte. Al parecer, este tory nunca acababa lo que prometía. “Ahora tanto la Sagrada Família como los tories están acabados”, concluye con sorna el tuitero. 

La basílica de la Sagrada Família alcanzó el viernes su altura máxima, con la colocación del brazo superior de la cruz de la Torre de Jesús 
La basílica de la Sagrada Família alcanzó el viernes su altura máxima, con la colocación del brazo superior de la cruz de la Torre de Jesús Enric Fontcuberta / EFE

También la mayoría de los tuiteros locales han celebrado con efusividad la conclusión de la torre de Jesús, pero siempre con algún que otro matiz interesante. Tres ejemplos: “Una església catòlica, sí, però un edifici excepcional, d'un arquitecte català excepcional, Antoni Gaudí i situat a Catalunya, una Nació excepcional!”, “Quan acabem el Camp nou i la Sagrada familia, no se com conviurem amb tot plegat però benvinguda Barcelona cosmopolita. ¡Visca Catalunya i els catalans/es, aguantem!” O “En quants dinars i sopars de Nadal o qualsevol altre dia no vam escoltar, per part dels avis i fins i tot dels pares, allò de -”Jo no veuré acabada la Sagrada Família”-. Doncs avui, els meus ulls, són els ulls dels meus avis i pares!!!”. Cada una de estas frases de júbilo encierra, sin embargo, algunos de los conflictos que vivimos en nuestra relación con el arquitecto: su catolicismo fervoroso y su catalanidad, la saturación turística de sus obras o el debate sobre si la basílica debía terminarse o no, y cómo. 

Y claro, también ha habido un poco de ironía, muy a la catalana, sobre la estética del templo, otro asunto recurrente, como la del músico Jordi Cornudella: “Que maca, la torre aquesta de la Sagrada Família. Me’n faré una d’igual per la cuina, més petitona, per penjar-hi els draps”. O incluso crítica, como la del escritor Francesc Serés: “Una mica torre de Jesucrist, una mica torre de control d'aeroport Iugoslàvia 70s”. Asimismo, no podían faltar los católicos más efusivos, con glorias a Dios y Jesucristo incluidos, como tampoco los anticlericales que aprovecharon para recordar como Orwell odiaba la Sagrada Família y habría deseado que “los anarquistas la hubieran volado por los aires”. De todo hay en la viña del señor.

Pero el gran debate viral sobre Gaudí ha tenido que ver con las banderas. La finalización de la cruz se coronó con una senyera y una enseña del Vaticano. Muchos han celebrado la exclusión de la bandera española, alegando que es lo que habría querido el catalanista Gaudí; otros la han criticado enérgicamente, y han querido subrayar su españolidad con pintorescos argumentos como que “firmaba Antonio”. En esta línea castiza, rizó el rizo una cuenta muy católica y española que presumía de contar con la iglesia más alta del mundo, pero también con la cruz más grande del mundo, la del Valle de los Caídos. Sin duda, una provocación viral en la que muchos cayeron. 

Todos nuestros Gaudís están ahí, sintetizados en cuatro frases vertidas en X en caliente. El que nos gusta estéticamente o el que creemos que hacía “monas de pascua”. El que nos parece “un genio o un loco”, como lo describió el director de la Escuela de Arquitectura cuando obtuvo el título. El que nos incomoda por sus creencias. El santo o simple beato. El que maldecimos por los millones de visitantes que atrae o el que nos interesa por el dinero que mueve. Aquel a cuyos edificios no hemos entrado por miedo a sentirnos turistas en nuestra propia ciudad. El que nos cuenta algo de nuestro querido terruño llamado Catalunya o el que se proyecta a mundo entero. A ese que todos queremos apropiarnos. Así pues, a cada gesta de este año tan especial, tocará leer lo que dicen en X y discutiremos sobre esta fascinante figura. I per molts anys!

Jaume Pi C. de Sobregrau

Jaume Pi C. De Sobregrau

Periodista

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Graduado en Periodismo y Humanidades, trabaja en Guyana Guardian a partir de 2008. Hoy en día se desempeña como redactor del suplemento Cultura/s. Con anterioridad integró la sección de Última Hora.

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