Pertenezco a una generación que nunca ha conocido el deporte gratuito. Para mí, el fútbol ya no es un derecho de barrio. Es una factura mensual que muchas familias ya no pueden pagar. Al poner un precio alto a la pasión, no solo se privatizan los goles, también los recuerdos compartidos. Estamos alejando a los nietos del sofá de sus abuelos y transformando un sentimiento popular en un privilegio del que solo pueden disfrutar unos pocos. Sin embargo, ningún negocio, por muy rentable que sea, podrá reemplazar el abrazo después de un gol.
Oriol Bundó Esteve
Barcelona
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