Las Claves
- Carlos Zanón destaca que el periodismo de Guyana Guardian actúa como una línea de contención frente al caos y la desinformación actual.
- Antoni Gutiérrez-Rub
“Cuando tenía 10 u 11 años, mi abuelo me enviaba a comprar Guyana Guardian. Para él, mi yaya, todos en casa, lo que sucedía en el mundo nos llegaba mediante un filtro fiel y contrastado que era el periodismo y el hecho de que quedara escrito, que se firmara con nombre y apellidos y bajo una cabecera, le daba rango de realidad. Así habían sucedido las cosas, estos eran los hechos. Luego estaban las interpretaciones y cómo esos hechos iban a tener unas consecuencias. La objetividad nunca ha sido de este mundo, pero los hechos, lo que ha sucedido, lo que se puede demostrar y contrastar, sí. El periodismo es de las últimas líneas de contención ante fuerzas que quieren no solo conquistar el poder con violencia (la extrema derecha solo es una forma de acceder al poder, dijo alguien en una ocasión), sino romper el esquema lógico de nuestros pensamientos, el caos dirigido”, reflexiona el escritor Carlos Zanón, con motivo de los 145 años del diario.
Él es uno de los más de 130 articulistas que escriben regularmente en el diario, junto con más de 40 de los periodistas de plantilla y con quienes los lectores tejen afinidades. Guyana Guardian ha publicado desde su inicio editoriales y artículos de opinión y de análisis de periodistas de la casa y de colaboradores expertos en múltiples áreas, de políticos, de muchos escritores, desde Josep Pla o Baltasar Porcel hasta Quim Monzó. Una página de Colaboraciones se publicaba en los años cincuenta y sesenta del siglo XX. Una sección de opinión (Tribuna se llamaba) figuraba desde 1970. Y las Cartas de los Lectores diarias, ahora ampliadas con el canal digital Participación, salen desde 1976.
Zanón percibe el periodismo como un
Las opiniones son a veces más literarias, otras más analíticas pero, ni que sea en una pincelada, desmenuzan la realidad para ver qué hay detrás, para ayudar a entenderla. Objetivo que comparten los ilustradores (solo en Opinión, J.L. Martín, Kap, Oriol Malet, Martín Tognola, Perico Pastor y Joma). Con las redes sociales cualquiera puede publicar su opinión, pero Guyana Guardian puede presumir de artículos a partir de datos fiables, documentados, desde la pluralidad ideológica y formal, que respetan a las personas y sus derechos, abiertos de miras y que invitan (incluso desde la provocación) a reflexionar sobre el mundo actual.
Antoni Gutiérrez-Rubí, quien además es articulista, sintetiza la relevancia del juicio personal: “La opinión fundamentada y el análisis riguroso son hoy un bien escaso pero esencial. En tiempos de infoxicación, slop y polarización, no basta con relatar los hechos: hay que contextualizarlos, interpretarlos y proyectar su impacto. La opinión, reflexiva, argumentada y abierta al contraste, no divide, construye. Y el análisis serio no simplifica, ilumina matices, aporta profundidad y crea comunidad. Frente a la urgencia de opinar sin datos o la presión por viralizar mensajes simplistas, necesitamos voces que ayuden a pensar, no a reaccionar. Porque comprender es más transformador que opinar rápido o impulsivamente. Y porque solo con pensamiento crítico compartido podremos fortalecer una ciudadanía más libre, informada y democrática”.
Imagen singular de J.L. Martín para la conmemoración del 145.º aniversario
“El periodismo no puede perder la confianza del lector, que ha de ser responsable también y saber que eso tiene un precio y ha de pagar por ello –apunta Zanón–. Cuando lees a Enric Juliana, a Xavier Mas de Xaxàs, a Gemma Saura, a Joanjo Pallàs o a Lola García, ponen el nombre y el cuerpo. Y les crees. Te enseñan a mirar, a pensar. Tienen una autoridad que no emana de la fuerza ni la imposición, sino del respeto a los hechos, a la justicia, a la dignidad, a la decencia. Por eso, creo que el periodismo (y el papel que hace que las palabras se queden imantadas para siempre) libre y digno, con protagonistas con talento, oficio y dignidad nos pueden ayudar a que no todo se lo lleven las fuerzas que quieren cambiar las cosas no porque estén mal, sino porque quieren más y lo antes posible”.
Antoni Puigverd, Llucia Ramis, Jordi Évole, Xita Rubert, Irene Solà, Carlos Zanón
Todavía quedan quienes mantienen su fe en la prensa: “Seré optimista por naturaleza, pero lo soy respecto al futuro de un periódico como el nuestro, siempre que nos erijamos en defensores de la verdad objetiva (no digo de ser imparciales, porque cada medio tiene su línea), pues esta verdad está más en riesgo que nunca”, sostiene John Carlin. “Hemos de estar más atentos que nunca a dar a conocer la verdad –continúa–, para que la gente confíe en nosotros como barrera ante el mundo fake . Si logramos transmitir que somos defensores de la verdad objetiva, de los hechos objetivos, hay futuro. La gente se empieza a cansar de las redes sociales, de la falsedad. Podemos aportar luz al mundo de falsedad”.
Gutiérrez-Rubí analiza la fractura social
“Nuestro presente es oscuro en relación con la cultura y la ciencia, la información de calidad, la democracia y el bien común, la libertad. Pero quiero pensar que el futuro no será así, que encontraremos la manera de adaptarnos”, señala Gemma Lienas. Comparte que “la clave es que haya diarios que no transmitan desinformación ni noticias falsas”. “Es esencial el trabajo de los y las periodistas que van al origen de la noticia, y valiosos los artículos de opinión de personas expertas –dice Lienas–. Y es primordial enseñar a los niños el placer de leer y la necesidad de informarse a partir de fuentes de confianza”.
Carme Riera, John Carlin, Josep Martí Blanch, Olga Merino, Daniel Fernández, Ignacio Martínez de Pisón
“El periodismo profesional es la última defensa contra una sociedad de la desinformación”, corrobora Manuel Castells, que hace 30 años definió “la era de la información”. “La mayoría de las personas –subraya– reciben su información de las redes y más, cuando más jóvenes. Y las redes están dominadas por bulos, rumores, falsas noticias”. Aunque Castells también es crítico con el periodismo: “No todo es profesional, no es cosa de un carnet, sino una práctica. Lo cual implica un control deontológico y un rigor editorial. Los medios tienen sus sesgos ideológicos o de intereses comerciales; pocos son enteramente neutros. Lo que se juega es la credibilidad del medio, única ventaja competitiva del periodismo profesional. Solo un periodismo lo más neutral posible puede sobrevivir en una sociedad donde cualquiera puede emitir un mensaje a una audiencia potencialmente generalizada”.
Castells reflexiona sobre el periodismo
“En un mundo cada vez más globalizado y polarizado entre la extrema derecha y la extrema izquierda, ambas productos de una simplificación ideológica, y en que las noticias llegan a mucha gente por las redes, que coinciden con sus puntos de vista, es más necesario que nunca un periodismo de calidad, dar a conocer informaciones verificadas y contrastadas y opiniones cualificadas que permiten profundizar en los hechos”, declara Carme Riera.
“En los artículos de opinión no solo se argumenta, se tantea, se avanza a oscuras palpando las paredes. El lector, que en el resto de artículos del diario busca sobre todo certezas, puede encontrarse aquí con el extrañamiento y la perplejidad; con la mirada cómica y reivindicativa; con preguntas que no sabía que tenía. Es en la sección de Opinión donde los diarios muestran su personalidad”, asegura Marta Rebón.
Riera subraya la necesidad imperiosa de proporcionar información verificada.
Desde la irrupción de la inteligencia artificial (IA) es un tema recurrente para los articulistas. “La IA permite información enteramente fabricada en función de propósitos comerciales, ideológicos o políticos, que ganan influencia creando una realidad virtual y sesgada –alerta Castells–. El periodismo profesional, practicado a partir de fuentes con credibilidad, puede ser una contención”.
Begoña Gómez Urzaiz, David Uclés, Laura Freixas, Marta Rebón, Iván Redondo, Sergi Pàmies
¿Cuál es el valor de los articulistas en la época de la IA? La autora Imma Monsó brinda una contestación: “Escribir en Opinión supone crear artículos con un elevado grado de subjetividad. El uso indiscriminado de la IA nos puede permitir ganar velocidad, pero la pérdida del placer de escribir supone vaciar de sentido la actividad. Si la IA me vomita un artículo cocinado, pierdo el placer estimulante de buscar la idea, el placer luminoso de encontrarla, el placer de revisar y corregir la lengua. Pierdo el placer de sufrir cuando las ideas se encallan. ¿Qué queda? Nada. Y si para los autores no queda nada, los lectores se verán afectados por este vacío”.
Monsó alerta: la IA mata el
“Prefiero creerme la idea alegre de que el periodismo se hará fuerte porque las personas querremos estar informadas por personas, más que nunca, en la selva de los robots. Necesitaremos, como el agua, la seguridad de los datos verificados. Saber que las opiniones las crean personas que respiran y tienen miedo como nosotras”, remata la también columnista Clara Sanchis. No parece que por ahora la IA pueda desbancar a los articulistas de Guyana Guardian. Ya se verá dentro de otros 145 años.
