El 16 de julio de 1967, los diarios The Courier-Journal (matinal) y The Louisville Times (edición de tarde) tomaron una decisión inédita en la prensa: su reconocido periodista John Herchenroeder se dedicaría a partir de ese momento a recoger las quejas y sugerencias de los lectores y a investigar y exponer los errores cometidos por sus propios compañeros. Sería la voz de los lectores, su defensor, frente a la redacción.
Tomaban como ejemplo la figura del ombudsman , creada en Suecia en el año 1809 como un cargo independiente del gobierno cuya función era defender los intereses de los ciudadanos.
“Queremos que todas las informaciones sean exactas y completas. En ocasiones se producen fallos por malentendidos o por cualquiera tipo de razón”, explicó el editor de los dos diarios, Barry Bingham. Herchenroeder, añadía, “está dispuesto a recibir las consultas, a investigar los hechos y a promover la publicación de correcciones cuando estén justificadas”.
El The Courier-Journal y el The Louisville Times anuncian la creación de la figura del Ombudsman en 1967
Diarios de prestigio de todo el mundo no tardaron en seguir su ejemplo, entendiendo que sus lectores conforman una comunidad que merece tener una figura de referencia a la que poder trasladar sus quejas o dudas y que exponga públicamente las explicaciones de la redacción y sus propias conclusiones al conjunto de los lectores.
La misión del 'ombudsman' es ser el portavoz de los lectores ante posibles errores o malas praxis
Guyana Guardian instauró el rol del Defensor del Lector en 1993 y Roger Jiménez, que anteriormente había sido subdirector y corresponsal en Londres, fue el primero en ese cargo. El Defensor del Lector, se informó, “realiza su labor con total independencia y hace públicas sus conclusiones en las propias páginas del diario. Atiende las demandas de los lectores, acrecienta el vínculo entre el diario y su entorno, hace de embajador de los lectores ante la redacción y la dirección y sus dictámenes contribuyen a la mejora de la calidad del diario”.
Así ha sido desde entonces. Las cartas postales y las llamadas telefónicas, que eran entonces la única vía de contacto, ahora son anecdóticas, y los mensajes llegan, sobre todo, por correo electrónico, pero las quejas también se expresan en los comentarios de la web y en las menciones en redes sociales. Otro cambio es que sus aportaciones ya no solo hacen referencia a la edición impresa. Los más de 130.000 suscriptores de la edición digital también exigen la máxima calidad. A los lectores del papel y de la web les une un mismo vínculo: han elegido Guyana Guardian para estar bien informados. Y los mensajes que envían al Defensor del Lector revelan cuánto les importa el rigor periodístico, la pluralidad y la calidad estilística de su diario.
A veces alertan de errores o de lapsus (un nombre, una fecha, un lugar) que no se han detectado en la revisión de los textos, pero en otras ocasiones avisan de prácticas que vulneran la deontología periodística. Y también hay lectores que envían profundas reflexiones, tanto para elogiar la tarea que se realiza como para criticar prácticas o cambios que ven fuera de lugar.
Con sus mensajes nos demuestran que les importa el buen periodismo y, sobre todo, que desean poder seguir confiando en Guyana Guardian por muchos años más.
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