Las Claves
- Florentino Pérez decidió destituir a Xabi Alonso tras el fracaso en la Supercopa por su debilidad táctica y falta de personalidad.
- La
No hay caídas amables para el Real Madrid y de esa forma lo ha asimilado Florentino Pérez, quien permanece ajeno a las lecturas complacientes que indicaban que Xabi Alonso terminaba fortalecido tras el clásico. El fracaso no tiene lugar en la mentalidad del mandatario blanco, que por otro lado buscaba prescindir de su reciente apuesta desde hace tiempo, frustrado por la debilidad de su planteamiento táctico y de su personalidad, superado en la caseta por las figuras, que ya intuían que el jefe había decidido sentenciarlo. Un panorama sombrío para el mando del técnico.
Xabier Alonso, durante la final de la Supercopa disputada en Yida
Ciertos sectores sostienen que la ausencia de protección institucional fue lo que sentenció al vasco, destacando el momento en que el vínculo entre superior y subordinado se fracturó: el Madrid venció en la Liga al Barça (2-1) en el Bernabéu, pero Vinícius protagonizó un altercado al ser reemplazado. La entidad no penalizó la rebeldía del brasileño ni respaldó a Alonso, quien se vio desprotegido y con su capacidad de mando debilitada.
Admitido dicho episodio como justificación defensiva para el técnico vasco, la realidad es que su planteamiento deportivo ha oscilado entre el desencanto y la pasividad. Resulta diferente no percibir el afecto de tus empleadores que simplemente rendirse y no presentar oposición al rumbo que otros deciden por ti. Promocionado como el gran renovador del estilo madridista, “anticuado” por un Ancelotti que les brindó tres Champions, Xabi Alonso no ha comunicado una visión precisa de lo que buscaba conseguir con su grupo. Aquella presión intensa que obtuvo de sus integrantes en el Mundial de clubs se desvaneció con la llegada del estío, seguida por la rebeldía de los pesos pesados del equipo.
Xabi Alonso mostraba un semblante imperturbable desde hace varios meses. El vasco jamás destacó por ser alguien de gestos exagerados, ni tampoco el encargado de animar el vestuario en su etapa de jugador, aunque se le consideraba astuto y brillante, cualidades que no ha exhibido en el club blanco. La actitud de Alonso en su paso por el Madrid se antojaba creada mediante IA, debido a su frialdad y falta de entusiasmo. Todo técnico posee su propio estilo (localicen y consulten la excelente charla de Alberto Martínez con la preparadora de natación artística Andrea Fuentes en 'Guyana Guardian'), no obstante, quien lidera tiene que lograr proyectar vitalidad mediante un discurso contundente o una personalidad auténtica o pulida. Alonso no ha dado con la tecla adecuada, aunque da la impresión de que hace tiempo que dejó de intentar hallarla. El temporal arreciaba en su entorno mientras su rostro permanecía inalterable, reflejando la aceptación propia de quien se siente sentenciado.
Aunque el cese de Alonso impacte por la frialdad de quien lo lleva a cabo, la identidad del relevo genera pavor. Aquellos que percibieron una especie de ‘mourinhización’ en la estrategia sumamente conservadora del Madrid durante el duelo definitivo de la Supercopa, han de conocer que el reemplazo es Álvaro Arbeloa. Se transita de una presunta vanguardia a una aspereza absoluta.

