'Mascletà' del Baskonia en la final de Copa, que deja KO al Real Madrid

Real Madrid, 89 - Baskonia, 100

Los vitorianos firman su séptimo titulo ante un rival que se confió demasiado

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El Baskonia, campeón

Kai Försterling / EFE

Valencia amanecía este domingo con calles cortadas y miles de personas, instrumentos en manom cantando y celebrando. No, no era el espíritu de la Copa, era la megadespertà matinal con la que se daba inicio a las Fallas de 2026. Al mediodía le llegó el turno a la primera ‘mascletà’, pero no fue la última. Horas más tarde, el Baskonia se sumaba a la fiesta regalando su mejor partido del curso a un Roig Arena entregado, para triturar todos los pronósticos y superar al Real Madrid, sumando la séptima Copa de su historia con una grandeza infinita.

Nadie tiene más títulos que el Madrid (29) pero en los últimos años ha entrado en bucle, dando pie a un fenómeno paranormal. Con un arsenal tremendamente superior a cualquier otro equipo español, como confirma su dominio en la Liga Endesa, el conjunto blanco ha perdido seis de las últimas ocho finales que ha jugado. Las dos últimas de manera consecutiva, hace un año en Las Palmas frente al Unicaja y ayer, ante el Baskonia en Valencia.

El Real Madrid ha perdido seis de las últimas ocho finales de Copa que ha disputado, fenómeno paranormal

Poco hacía presagiar este desenlace el inicio de la final. Todos los fantasmas se le aparecieron de golpe al Baskonia. La superioridad del Madrid, la diferencia de potencial, el favoritismo blanco.... Todos. Hezonja estrenaba el marcador en pocos segundos con una acción marca de la casa, alertando a los que quisieran darse por enterados de que seguía en estado de gracia tras sus dos mazazos al Valencia. Como si tuviera prisa, el equipo de Scariolo no dejó ni situarse al Baskonia, que cuando quiso darse cuenta ya iba 13-2 a abajo, tras tres triples casi consecutivos de su rival.

Cabía la posibilidad, quien diga lo contrario miente, de que la final durase muy poco y que pudiera quedar finiquitada mucho antes del bocinazo final. Los pronósticos transitaban por esos derroteros. Pero Galbiati pidió tiempo muerto y no demoró más la entrada de Luwawu-Cabarrot al parquet, su mejor arma, dada la ausencia de Howard, espiritual, no física, de esta Copa. La reacción vitoriana fue tan fulgurante, con 9 puntos del mago de Cannes, que en cuatro minutos ya había igualado las fuerzas. De hecho, Omoruyi le dio incluso su primera ventaja (17-19) aprovechando el despiste de un Madrid confiado. La segunda falta de un Tavares más dominante que nunca ante los escasos argumentos en la pintura del Baskonia también les echó una mano.

Un triple de Diakité estrenó el segundo cuarto y situó el 26-30, confirmando que su equipo quería ponerle las cosas difíciles al mega favorito blanco. Pero Scariolo había ordenado en su último tiempo correr y correr, y las cosas empezaron a enderezarse para su equipo. En esta tormenta nadie estuvo más cómodo que Andrés Feliz, que empezó a percutir sin piedad el aro de un Baskonia que, además, había quedado totalmente bloqueado en ataque. Len estiraba al 40-30 mientras los vascos se secaban en 4 puntos en los primeros cinco minutos de cuarto. De nuevo, Luwawu y su varita, con un pequeño empujón de Omoruyi, agarraban al Madrid y no le dejaban escaparse. El francés mandó el duelo al descanso con un 52-47 cimentado con 17 puntos que ya llevaban su firma.

Las canastas del francés le seguían aguantando el pulso al Madrid pero, como ser humano, que lo es, necesitaba descansar y cuando desapareció del parquet los blancos aceleraron de golpe al 72-64. Regreso Luwawu y, con él, el Baskonia al partido. Con las fuerzas igualadas a 85, en un último cuarto repleto de tensión, los árbitros señalaron una polémica quinta falta al de Cannes. Pero lejos de decaer, Galbiati supo galvanizar la circunstancia en positivo. Metió a Howard, para tener una amenaza en pista y el Madrid colapsó. Diakité en defensa y Forrest en ataque hicieron el resto. Ni siquiera se asustaron los vitorianos con el triple de Hezonja Esta vez no hubo milagro blanco. El milagro fue baskonista.

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