Vonn, Klaebo y un ángel caído sobre el hielo

Olimpismo | Juegos de invierno

Kirsty Coventry llora al vetar a Heraskevich, el ucraniano que quiso lucir el casco por las víctimas de la guerra

Performers participate in the closing ceremony of the 2026 Winter Olympics, in Verona, Italy, Sunday, Feb. 22, 2026. (AP Photo/Natacha Pisarenko)

El tributo a la ópera, anoche en el Arena de Verona, durante el cierre de estos Juegos de invierno 

Natacha Pisarenko / Ap-LaPresse

El deporte construye, también calma

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Hace casi un año, Kirsty Coventry (42) tomaba el mando del olimpismo. Lo hizo en el Peloponeso griego, en Costa Navarino: al sol del Mediterráneo, entre pinos y olivos milenarios, la nueva presidenta del Comité Olímpico Internacional (COI) se aupaba al fin al escenario para atender a la prensa. Entonces le preguntamos:

–Muy pronto, usted tendrá que negociar con Trump por Los Ángeles 2028. ¿Cómo ve ese reto?

Una ceremonia de 2h30m en Verona, tributo a la ópera, cerraba esta edición y anticipaba la próxima, en los Alpes

–A lo largo de mi carrera ya he negociado con hombres difíciles...

(...)

En su primera gran comparecencia en el teatro olímpico, en estos días en Milano-Cortina d’Ampezzo, Kirsty Coventry rompió a llorar. Lo hizo el 12 de febrero, bajo la nieve, cuando tuvo que retirarle la acreditación a Vladislav Heraskevich, el piloto ucraniano que pretendía disputar el skeleton luciendo un casco en memoria de sus amigos y víctimas de la guerra:

–Nadie, nadie, y menos yo, está en desacuerdo con su mensaje. Es un mensaje de memoria –se lamentaba Coventry–. Pero no se trata del mensaje. Se trata de las reglas y del reglamento. Debemos ser capaces de mantener un entorno seguro para todos. Y ahí no caben mensajes políticos.

Malinin fue ídolo y mito en desgracia, pero sus proezas le han hecho universal: suma 1,3 millones de seguidores

Igual que lloraba Coventry, también lloraba Lindsey Vonn (41).

Retorcida sobre la nieve, el lamento de la leyenda estadounidense –había decidido competir pese a la rotura del cruzado anterior y el menisco que sufría desde diez días antes– se tendía sobre las laderas de Cortina d’Ampezzo, helándole la sangre a la parroquia. Toda la actividad del descenso se detuvo durante veinte minutos, el tiempo que tardaron los médicos en entablillarla y el helicóptero, en evacuarla.

Banderas de las delegaciones olímpicas ondean a las puertas del Verona Olympic Arena, este domingo

Banderas de las delegaciones olímpicas ondean a las puertas del Verona Olympic Arena, este domingo

Joosep Martinson / Getty Images

Horas más tarde, Vonn ingresaba en el hospital de Treviso. Diagnosticada con múltiples y graves fracturas en la tibia izquierda, se sometió a dos cirugías en 24 horas y a otras dos un par de días más tarde. Mientras se sumergía en la rehabilitación en Estados Unidos, su arriesgada apuesta ocuparía durante días el interés de la opinión pública. Nos preguntamos:

–Cuando decidió competir en esas condiciones, ¿cometió una heroicidad o una temeridad?

Nos inclinemos de un lado o del otro, entre los sabios hay unanimidad en otra línea de pensamiento: aquí acaba la carrera de Vonn. Son los mismos sabios que se rinden ante Johannes Klaebo (29), dios del esquí de fondo: el presente y el futuro del olimpismo son suyos, no hay discusión.

Lindsey Vonn ya ha superado cuatro cirugías, aunque los sabios lo tienen claro: no volverá a competir

Seis pruebas ha disputado en Tesero. Ha ganado las seis. Klaebo ha ganado en todas las distancias y modalidades, en carreras cortas y largas, en solitario y por equipos, y su proeza ha elevado a once su cifra de oros, más que nadie en el olimpismo de invierno y solo por detrás del inabordable Michael Phelps (23 oros).

Las maravillas de Klaebo (igual que las maravillas de la Clausura olímpica, este domingo en el Olympic Arena de Verona, un espectáculo de 2h30m que rendía tributo a la ópera), han fascinado a la opinión pública y le han puesto rostro al festival noruego, catarata de 41 podios para un país de 5,6 millones de habitantes, una anomalía que no lo es tanto si se analiza su elaborado sistema de captación de talentos.

Igual de fascinante es la actuación de Países Bajos, otro país relativamente pequeño, apenas 18 millones, que ha capturado veinte podios, tercero del medallero, todos ellos en las pruebas de patinaje de velocidad y short track, pese a convocar a 38 deportistas; ¿Y España? Mejor que nunca: ha recogido tres podios en esquí de fondo, impulsada por Oriol Cardona y Ana Alonso.

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Entre tanta fascinación, esperábamos a Ilia Malinin (21), el mito perfecto del patinaje artístico, invicto durante dos años. La feligresía se frotaba los ojos al verle ejecutar el mortal hacia atrás en el ejercicio por equipos (oro) y se frotaba las manos esperando su concurso individual.

Klaebo le ha puesto rostro al festival noruego: 41 podios para un país de 5,6 millones de habitantes

Y entonces, el mito se hizo humano. Aterrizó sobre el hielo en dos ocasiones y, entre lágrimas e imprecaciones, vio cómo los jueces le condenaban: octavo.

“La presión infinita te supera, por mucho que intentes mantener la cordura. Todo se acumula, desembocando en un colapso inevitable. La mía es esa versión de la historia”, escribió en Instagram, su nuevo teatro. Al abrirse los Juegos, sumaba 100.000 seguidores. Ya va por 1,3 millones.

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