Las Claves
- El nuevo sistema de liga única de la UEFA ha revitalizado la Champions League frente a la amenaza de la Superliga.
- Hansi Flick busca clasificar al Barcelona entre los
Sentimientos a flor de piel. Incertidumbre hasta el último momento. Tensión en una franja horaria simultánea. Desde Lisboa hasta Pafos, el continente futbolero permanecerá expectante hoy. Anhelos y temores se entrelazan. La fecha final de la liga de la Champions League concentra todos los elementos propios de una gran película de suspense. Cerca de treinta y dos clubes deciden simultáneamente su destino en el principal torneo europeo durante 90 minutos vibrantes. Una vorágine de marcadores y opciones que termina por validar el reciente sistema de la UEFA, concebido para frenar el impulso de fundar la Superliga, iniciativa que hoy apenas sobrevive gracias al Real Madrid.
La Champions no únicamente ha evitado el peligro, sino que lo ha minado. El cambio en la etapa inicial –de ocho grupos a una liga única– ha resultado ser un éxito al mantener a cada club atento y motivado hasta el cierre. No importa si se trata de un candidato principal o de una revelación del torneo. Por ejemplo, los finalistas más recientes (PSG e Inter) aún no garantizan su lugar entre los ocho primeros, existen ocho escuadras igualadas con 13 unidades –incluyendo al Barcelona, al Atlético, al vigente monarca, el PSG, y al Chelsea– que podrían terminar festejando o en la repesca, y apenas cuatro plantillas están fuera sin objetivos pendientes, ya que el Arsenal y el Bayern, los únicos dos con el pase asegurado a octavos de final, pelean por el primer puesto.
Me fascina esta configuración. Se nos brinda una oportunidad inmejorable para ubicarnos entre los ocho principales.
La Superliga auguraba una inmensa fortuna –especialmente para sus creadores–, aunque se trataba de un torneo exclusivo, carente de épica, destinado al disfrute de una minoría. La Champions, sucesora de la Copa de Europa, siempre ha tenido ese gran prestigio, no obstante, actualmente ha incrementado su intensidad desde el arranque, lo cual aporta mayor tensión y prohíbe cualquier tipo de descuido.
Asimismo, incorpora la dificultad de una eliminatoria extra para conseguir un lugar en octavos con los ocho primeros clasificados, recompensa al desempeño constante en la etapa inicial. Dicho enfrentamiento de ida y vuelta en febrero dentro de Europa representa un tormento para los clubes que compiten por el liderato en sus torneos locales. Esto es precisamente lo que el Barça busca eludir mediante una victoria y un marcador abultado frente al Copenhague en el Spotify Camp Nou.
Noche de transistores
El PSG y el Newcastle se ven las caras, a la vez que el Chelsea y el Tottenham acuden a plazas complicadas como Nápoles y Frankfurt.
Apenas un par de entregas han sido suficientes para que el reciente modelo persuada a todo el mundo. Empezando por los protagonistas directos, tanto técnicos como jugadores. “Me fascina la reciente estructura. Contamos con una posibilidad magnífica de posicionarnos entre los ocho primeros. Y haremos todo lo posible para alcanzar el objetivo. Me gusta esta Champions”, ratificó en la jornada de ayer Hansi Flick, el preparador del Barça.
Treinta años después de los tres títulos que consiguió el dream team de Cruyff en el último momento, la radio vuelve al Camp Nou aguardando giros inesperados en este deporte tan incierto. Aunque Flick prefiere no fijarse en lo que ocurra en otros estadios, diversos encuentros podrían despejar el avance de los blaugrana hacia el top 8. Dos rivales que le superan en la tabla, el PSG y el Newcastle, se enfrentan directamente y uno —o ambos, si igualan— perderá puntos inevitablemente. Por otro lado, el Chelsea y el Tottenham juegan a domicilio en escenarios difíciles como Nápoles y Frankfurt, respectivamente.
144 millones para el PSG
El ganador y otras seis entidades consiguieron superar los 100 millones en recompensas a lo largo del ejercicio pasado.
Tres ejemplos de que el grado de competitividad ha crecido con múltiples enfrentamientos por fecha entre equipos de élite. Lo ha experimentado directamente el Barcelona, que ha encajado gol en sus siete partidos y cayó ante sus dos oponentes del bombo 1, el PSG y el Chelsea. No obstante, posteriormente el Bayern eliminó a los parisinos o el City venció al Madrid.
No solo los seguidores salen beneficiados, ya sea asistiendo a las gradas o siguiendo el encuentro por televisión con la incertidumbre del resultado final. Las instituciones deportivas han experimentado un incremento en sus ingresos en comparación con el sistema previo. Obtener una victoria supone seis millones adicionales, mientras que el pase a los octavos de final añade otros 11 millones. De hecho, un total de siete equipos, incluyendo a los semifinalistas Barça, Inter, Arsenal y PSG, rebasaron la cifra de 100 millones en recompensas el curso anterior, el debut de este formato, destacando el campeón, el PSG como el máximo perceptor con 144,4. La UEFA actuó con celeridad y tuvo éxito al plantear esta estructura inédita. En este momento, corresponde a los principales candidatos demostrar su valía sobre el césped.
