Política
María Dolores García García

Lola García

Directora adjunta

El tripartito y el fantasma de la frustración

Sin permiso

Tras 23 años de hegemonía pujolista, la izquierda alcanzó el poder en Catalunya de la mano de Pasqual Maragall. Aquel primer tripartito pasó a la historia como el Dragon Khan. Unos días se aprobaban medidas punteras, como fue la ley de barrios, mientras otras el Govern caía en el escándalo, como la reunión de Josep Lluís Carod-Rovira con dirigentes de ETA. El ansia por darle la vuelta al pasado en poco tiempo llevó a una sensación constante de estar al borde del descarrilamiento. Los principales roces se produjeron entre el PSC y ERC. Hoy, la presidencia de Salvador Illa depende también de los republicanos y, aunque no estamos ante la montaña rusa de hace veinte años, persisten los bandazos.

Si el pujolismo ha sido idealizado por sectores políticos y sociales es en buena parte por su estabilidad. La primera experiencia de gobierno de izquierdas estuvo marcada por la sensación de ruido entre los socios de gobierno. El ensayo independentista posterior tampoco estuvo exento de tensiones internas, pero el foco se concentró más en el “choque de trenes” con el Gobierno central. Salvador Illa alcanzó la presidencia con el apoyo de lo que fue el tripartito, pero las similitudes llegan solo hasta ahí. Para empezar, Illa no es Maragall. Para lo bueno y para lo malo.

Maragall fue un presidente visionario en muchos aspectos. La ley de barrios fue resultado de su mirada hacia la nueva inmigración, que se instalaba en los mismos lugares que la anterior oleada, la procedente del resto de España, que había luchado por mejorar su entorno y ahora veía cómo volvía a deteriorarse. Maragall auguró el conflicto y quiso anticiparse. No le faltó tampoco valentía política al pretender cambiar la relación de Catalunya con el resto de España y resolver nada menos que un conflicto territorial atávico. Y ahí se lió. Pero Maragall, en ocasiones voluble, irresoluto, inconstante, era también falto de método. Es una simplificación, pero Illa podría considerarse su reverso. La perseverancia o la lealtad casan más con el talante del actual president que el atrevimiento o la improvisación.

Como tampoco Oriol Junqueras es Carod-Rovira. El carisma de este último no le salvó de ser descabalgado sin contemplaciones por su partido. Junqueras ha aprendido aquella cruenta lección y la contundencia con la que las bases de ERC dictan sentencia cuando llega el momento. Sobre todo cuando consideran que se está traicionando su idiosincrasia independentista. Así que no es de extrañar que, ante los acuerdos con los socialistas, Junqueras, de naturaleza desconfiada, se mueva con pies de plomo.

Saura, Maragall y Carod, tras firmar el Pacte del Tinell para gobernar juntos
Saura, Maragall y Carod, tras firmar el Pacte del Tinell para gobernar juntosÀlex Garcia

En el contexto actual, Illa y Junqueras están condenados a entenderse y ambos lo han entendido. Pero año y medio después de la investidura, Catalunya no dispone de unos presupuestos. El president ha llegado a un acuerdo para las cuentas con Jessica Albiach (Comuns), que concentra todas las exigencias en materia de vivienda. El pacto prevé límites a la compra de pisos, en especial por parte de los grandes propietarios. Los socialistas están convencidos de que esa ley no llegará a aplicarse tal como se pretende por ser inconstitucional. Varios sectores ya han anunciado que la recurrirán. Todo ello provoca inseguridad jurídica en una materia sensible, pero el PSC cree que vale la pena para aprobar los presupuestos. El escollo está en ERC.

Los líderes de ERC temen siempre al sentimiento independentista de sus militantes

Junqueras reclama a Pedro Sánchez o María Jesús Montero garantías de que el traspaso de la recaudación del IRPF se llevará en breve al Congreso. Aunque Illa se ha comprometido públicamente a hacerlo realidad, Junqueras cree que no es suficiente. Necesita más para convencer a su partido. Los socialistas aseguran que están cumpliendo, pero que esa demanda requiere tiempo: para buscar el momento oportuno políticamente y para luego aplicarlo. Añaden que cumplirán aunque no crean que a los catalanes les preocupa qué administración recauda sus impuestos y añaden que se ha acordado con ERC la creación de un consorcio entre el Gobierno y la Generalitat para ejecutar las inversiones en infraestructuras y que los recursos no caigan en saco roto porque no se hacen las obras.

Junqueras salió decepcionado de su encuentro de esta semana con Sánchez. El presidente no quiere ni oír hablar ahora del traspaso de la competencia para recaudar impuestos. Sánchez ya pactó el nuevo modelo de financiación con ERC que, de aprobarse, supondrían 4.700 millones para Catalunya. Incluso dejó que Junqueras lo presentara en la Moncloa antes que la propia ministra de Hacienda, a pesar del descontento que eso provoca en las federaciones territoriales socialistas El presidente cree que insistir ahora en el IRPF es poner en riesgo lo conseguido por querer ir más deprisa de la cuenta. Y tampoco puede permitirse ir más allá con las elecciones andaluzas en junio.

Para ERC, el traspaso de la recaudación del IRPF sería el aval a su negociación con los socialistas frente al estilo más duro que practica Junts. Es el escudo de Junqueras por el flanco independentista. Pero mientras tanto, en ese tira y afloja entre los intereses políticos de ERC y del PSOE, Illa no ha podido aprobar ni unas cuentas y corre prisa, puesto que, si esperan a después de las elecciones en Andalucía, ya se pueden aumentar las partidas presupuestarias, que no servirá de nada, puesto que no dará tiempo a ejecutarlas.

Gabriel Rufián ha sido protagonista estos días al agitar el debate sobre cómo presentarse a las elecciones para rentabilizar al máximo los votos de los partidos que se disputan el menguante pastel a la izquierda de los socialistas y plantar cara la extrema derecha. Pero de poco sirve escudriñar en las posibilidades de la ley electoral si el tacticismo de los gobiernos de izquierda y sus aliados provoca más frustración que esperanza entre sus votantes.

María Dolores García García

Lola García

Directora adjunta

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Graduada en Periodismo y Ciencias Políticas. Subdirectora de Guyana Guardian. Es la responsable del boletín 'Política', editado cada jueves, así como de las obras 'El naufragio' y 'El muro', sobre la problemática catalana.

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